A las 7 estaba ya despierto tras una noche malísima. Poco después Kokong, que se ha puesto hacer el desayuno. La ropa seguía toda mojada, mientras desayunaba albergaba la esperanza de que se secara pero que va, hay tanta humedad que todo está saturado de agua y no se seca nada.
Después de desayunar los tres, el guía me ha dicho de pegarnos un baño en el río , de primeras me ha dado un poco de mal rollo. El río es bastante grande y baja con fuerza. Había una poza bien maja y la verdad que una vez que he visto que no pasa nada y con los pegajoso que estaba de la humedad al final me he dado el baño. Desmontado el chiringuito, la ruta hoy ha sido bordeando el río. Andar por la selva no es hacer kilómetros, es ir poco a poco atento a los ruidos para ver algún pájaro o algún mono. Cuando el guía aceleraba o me paraba a echar una foto ya tenía la frase aprendida, "plan, plan, kawan!" que significa "poco a poco, amigo!".

Tras vadear el río hemos ascendido a un área donde los árboles son mucho más altos que en la anterior. Al ser más altos es mucho mas difícil ver orangutanes, monos o pájaros porque las copas están como a veinte metros. Hemos visto varios nidos de orangutanes pero hoy no ha habido suerte. En cambio de insectos y mariposas no hay fin, junto con los sonidos de los monos a los que se han sumado un sonido de mono nuevo que Ewang dice que son gibones.

La última cuesta se me ha hecho pesadica, la vegetación es tan densa que no ves más de 5 metros y andas entre lianas, raíces y ojarascas. Encima como Ewang es un retaco me voy comiendo todas las telarañas. Finalmente se ha empezado a oler a humo y nos hemos topado con Kokong haciendo un fuego.

Han sido solo 4 kilómetros, en los que he echado toda la mañana llegando al campamento a las 14. Realmente, aunque vas muy poco a poco, se hacen fastidiados por el calor, el sudor y el estar constantemente mojado con los pies metidos en los calcetines antisanguijuelas que son como una bolsa.
El campamente está situado en un claro rodeado de árboles altísimos que no dejan que se vea el cielo, prácticamente el cielo solo lo he visto en la zona del río desde ayer. Desde el campamento mirando a las copas se ven monos saltando fugazmente y gritando, así como los hornbill.
Después de comer, los indonesios se han tumbado mientras se comenzaban a escuchar truenos. Los tíos tan tranquilos, ha hecho falta escuchar el trueno al lado para que se decidieran a montar los plásticos. En diez minutos ha caído una tromba de agua importante y después de eso he pasado el momento de crisis.
Entre que los tíos me decían que mejor no quitarse los calcetines antisanguijuelas para andar por el campamento, toda la ropa mojada, la peste a mono que llevo, los pies pasados por agua que me pican mientras los siento agrietarse y todo lleno de bichos me he visto jodido. Me he metido debajo de la tienda que han montado mientras hacían más comida y he intentado secarme en la medida de lo posible sin éxito alguno, aunque al menos descansando de los malditos calcetines .

Con la lluvia que caía y los píes como los llevaba cuando el guía me ha dicho de dar una vuelta no lo he visto nada claro y he preferido quedarme descansando en el campamento pasando la tarde leyendo.
Al rato hemos cenado y ya de noche los sonidos cambian totalmente. El campamentos de hoy es más auténtico que el de ayer, no hay ruido de río que amortigüe los sonidos. Es toda una sinfonía de monos, pájaros, grillos, chicharras... De lo cansado que estoy no puedo ni leer. Con los sonidos de la selva me puedo dormir tranquilo.