Ver amanecer en Angkor Wat es algo que todo viajero tiene en su lista de cosas por hacer en Camboya. Nosotros, además de en esa lista, lo teníamos en la de “Cosas por hacer en la vida” y ahí íbamos.
Bunrat nos estaba esperando en la puerta del hotel a poco más de las 4 de la mañana y fuimos directamente a comprar las entradas acompañados de decenas de tuk tuks. Adquirimos las de 3 días aunque sólo fueramos a estar 2. El precio era el mismo, pero más práctico tener una para todo.
Minutos después, aparcábamos justo enfrente del lago y cruzamos la pasarela que da acceso al complejo principal ya con las primeras luces.

Nos situamos frente al pequeño estanque junto a los muchos turistas que ya habían colocado sus trípodes y comenzamos a disfrutar del espectáculo. No pudimos ver una gran gama de colores, pero el momento fue alucinante.

Otra experiencia más en el bolsillo. Caminamos hacia Angkor Wat y comenzamos a recorrer el templo siempre buscando los lugares menos transitados.
Disfrutamos muchísimo de sus grabados, sus formas y dimensiones preguntándonos una y otra vez como fue posible su construcción con los medios de antaño.

Más adelante, pudimos subir por unas empinadas escaleras a lo alto de sus grandes estupas y disfrutar del paisaje que rodea a esta maravilla. A esta parte del templo es necesario llevar cubiertos hombros y rodillas, nosotros íbamos preparados pero hubo gente que se quedó abajo.

A la salida del templo, nos encontramos con una simpática familia de monos.

Reunidos ya con Bunrat, nos dirigimos al templo de Banteay Srei o “The Lady’s Temple”, pero antes, hicimos una parada en Pre Rup al ver que estaba casi vacío. Una gozada poder gozar de un entorno así en solitario.

Y de nuevo en el tuk tuk, desayunamos nuestros peculiares artículos del día anterior y disfrutamos del trayecto. Eran más de 25 km, pero no nos importaba si mientras podíamos observar los campos de arroz y la vida cotidiana de los camboyanos. Nos tenía maravillados, era algo totalmente nuevo para nosotros.
Llegamos a Banteay Srei, un templo construido íntegramente por mujeres. Es de los más pequeños pero cuenta con los grabados y esculturas más espectaculares que se pueden ver en Camboya.

Los detalles de los grabados eran sencillamente increíbles, muy minuciosos.

Además, pudimos ver el templo con poquísima gente, cosa que enriqueció mucho la visita y nos marchamos justo cuando llegaba una gran marabunta de turistas chinos.
Antes de marcharnos observamos algún que otro campesino y nos topamos con varios niños. Son una monada, vais a querer ayudarlos a todos… pero no se puede. De hecho, en el reverso de las entradas te advierten de no comprarles nada porque si los padres ven que pueden ganar dinero con ellos, no los llevan al colegio. Resulta bastante violento rechazarles, pero hay que ser firme cuando se ponen insistentes y te miran con esas caritas. Es lo correcto.
Bunrat nos esperaba en el tuk tuk echándose una siestecita y a la vuelta nos preguntó si queríamos probar algo típico. Nos paró al lado de una mujer que junto a la carretera estaba preparando dulce de palma de azúcar. Nos dio a probar y nos encantó, así que compramos para regalar y un bote para nosotros, todo por 2$.
La siguiente parada fue el templo de Banteay Kdei. Esta visita nos encantó porque fue el primer lugar donde pudimos ver aquellos enormes árboles con sus raíces engullendo buena parte de los templos y pudimos hacerlo sin apenas turistas aldederor.

Y siguiendo con árboles, después nos tocaba Ta Phrom, famoso por aparecer en la película de Tomb Raider. Y si aparece en alguna película es sinónimo de hordas de turistas y así fue.

Es un templo magnífico, pero no disfrutamos tanto como en el anterior por ese motivo.
La siguiente parada fue Ta Keo. Subir y bajar su empinada escalera de estrechos peldaños debería ser considerado deporte de riesgo, pero es precisamente esto lo que lo hizo especial. A pesar de la dificultad, había bastantes turistas en la cima y todos nos esforzábamos por encontrar un pedacito de sombra que nos dejara recuperarnos lejos del sol, que pegaba fuerte.

Más tarde, visitamos brevemente Chau Say Theboda y Thommanon y nos dirigimos a otro plato fuerte: Angkor Thom.
Paramos en la entrada, flanqueada por dos balustradas en forma de Naga, la famosa serpiente de 5 cabezas que tantas veces vimos representada y que nos fascinaba, y atravesamos la puerta de la Victoria.

Comenzamos el recorrido por Bayon, el templo de las caras. Lo habíamos visto miles de veces en fotos pero jamás nos imaginamos sus dimensiones.

Lo recorrimos lentamente, recreándonos en todos los grabados aprovechando que el sol daba una tregua para pasar después a Baphuon, un templo de 5 plantas nada menos al que accedimos por su larga pasarela.

Recorrimos todas ellas y ya en la cima comenzó a llover. Era una lluvia ligera que incluso se agradecía aún sin tener donde refugiarse. Aproveché el momento para disfrutar del silencio sólo interrumpido por el choque de las gotas. Era algo que me encantaba hacer, sentirme en un templo milenario en medio de la jungla envuelta en el sonido de la naturaleza. Es mágico.

Viendo que la intensidad de la lluvia aumentaba ligeramente, nos pusimos los chubasqueros para recorrer la Terraza de los Elefantes, que se utilizaba de escenario real para celebrar las victorias.

El cansancio y el hambre hacían ya mella. Bunrat nos esperaba por la zona y nos recomendó un restaurante justo enfrente de la Terraza de los Elefantes. Ya eran más de las 15:30 y le dijimos que si quería comer con nosotros pero lo declinó de nuevo.
Pedimos piña frita con gambas y Lok Lak, un plato típico camboyano a base de ternera y verduras que nos gustó mucho.

Con bebidas, el total fue de 13.50$. Bunrat nos tenía preparada la visita a Phnom Bakheng para ver el atarceder pero entre el cansancio y la lluvia, que aunque no era muy intensa no cesaba, decidimos retirarnos. Habían sido más de 12 horas andando con sol, humedad y lluvia y necesitábamos reponernos, que al final resultó ser lo más adecuado porque las nubes no se fueron en toda la tarde aunque la lluvia fue suave. No hubiesemos podido disfrutar del atardecer.
La siesta nos sentó de maravilla. Ya de noche, nos acercamos andando a Pub Street, hicimos unas últimas compras en el night market y fuimos a cenar en un sitio que nos dio muy buena impresión: Khmer Cuisine, al lado del Pura Vida.
Cenamos estupendamente. Nos decidimos por un menú familiar para 2 compuesto de una selección de 4 deliciosos amok, rollitos y de postre, calabaza estofada en hoja de plátano ¡Sorprendentemente rica! Con bebidas, 23$.

Quisimos terminar de reponernos de la paliza de aquel día con un masaje de pies y fuimos al local de al lado, ya era tarde y muchos estaban cerrando. Nos sentamos en los sofás y las dos chicas que nos atendieron borraron en media hora los vestigios de las caminatas de aquel día. Fueron 4$ cada uno y les dimos además 2$ de propina por el buen servicio a pesar de la hora que era.
Volvimos caminando al hotel y paramos a comprar el desayuno del día siguiente por 3$ en el 24 horas. Otro día increíble más para guardar en el recuerdo.
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
Entradas 3 días para Angkor: 80$
Comida: 13,50$
Dulce de palma: 2$
Cena en Khmer Cuisine: 23 $
Masajes de pies + propin: 10$
Desayuno para día siguiente: 3$
TOTAL: 131,15$
(Souvenirs Aparte)