El que es foodie, es foodie y ya está. Nosotros lo somos y no queríamos irnos de Nueva York sin probar un dulce nacido en la ciudad que se hizo mundialmente famoso en 2013: El Cronut, una fusión de croissant y donut creada por el reconocido Chef Dominique Ansel en su tienda del SoHo.
Habíamos oído que sólo se hace 200 unidades al día, por lo que en las primeras horas de la mañana ya cuelgan el cartel de “Sold Out”. Además, sólo se pueden comprar 2 unidades por persona así que para asegurarnos las nuestras, fuimos andado bien temprano a la tienda por la que ya habñiamos pasado en nuestra visita al SoHo y comprobado que efectivamente añas 12:00 ya no quedaban. Este día era distinto. Llegamos sobre las 8:30 y ya había una cola que nos obligó a esperar 20 minutos para acceder y finalmente desayunamos los nuestros con un té chai en el interior.
No son baratos, ya que 3 con el café nos costaron 24,07$. Estaban deliciosos, eso sí, pero tampoco como para haber tenido tanto impacto. Cada mes los hacen sólo de un saber y éste, con las navidades a la vuelta de la esquina, tocó de papermint.
Volvimos caminando al hotel y aprovechamos para preparar las maletas y dejarlas en recepción antes de marcharnos, donde nos las guardarían durante todo el día. Con todo listo, fuimos en metro dirección al Upper West Side, desde donde comenzaríamos un paseo por Central Park.
Paramos justo al lado del edificio Dakota, donde fue asesinado John Lennon aunque no pudimos hacer una buena foto de la fachada por encontrarse en obras. Lo que sí disfrutamos fue Strawberry Fields, siempre abarrotado de gente pero con algún músico callejero amenizando la visita con canciones de The Beatles. Aquel día sí que hacía frío de lo lindo. Ibamos muy abrigados, hasta con mayas térmicas por priemra vez y aún así tenía las piernas heladas.
Pasamos por Bow Bridge, el puente más bonito del parque a mi parecer desde el que se tienen unas vistas preciosas.
De ahí subimos hacia Belvedere Castle, que nos brindó unas imágenes otoño-invernales de cuadro.
Bajamos andado de nuevo hasta Bethesda Fountain con la desilusión de que estaba vacía, pero allí nos esperaba para compensarnos una experiencia aún mejor. Bajo el techo de Bethesda Terrace había un coro de voces espectaculares que estaba cantando a capella los villancicos más famosos.
Nos quedamos unos minutos escuchándolos y yo particularmente cumplí otro sueño habiendo escuchado a un grupo cantar villancicos en EEUU.
Aunque aún era pronto para nuestras costumbres, ya se hizo la hora de comer. Teníamos pensado ir a otro de los restaurantes que aseguran tener la mejor hamburguesa de Nueva York: Burger Joint. Llegamos sobre las 13:15 y estaba abarrotadísimo, pero por suerte sólo tuvimos que esperar dentro poco menos de media hora para tener mesa… A los que llegaron 14 min más tarde ya les marcaban 45 minutos mínimo de espera.
Como el resto de las que probamos en la ciudad, la variedad de ingredientes no era mucha así que yo pedí una clásica cheeseburger y mi novio le añadió bacon a la suya. Nos sirvieron el agua gratis y esperamos por nuestra comida. Nos gustó mucho que pusieran la cebolla y el pepinillo aparte para echártelo a tu gusto, como el kétchup y la mostaza.
Tenemos que decir que quitando la explosiva, es la mejor que probamos en la ciudad. La calidad de la carne era muy buena, respetaban el punto que pedías y el pan era tipo brioche. El total fue de 25$ con la propina, demasiado para el tamaño y para no incluir patatas, pero merece la pena…. A nosotros no nos importó porque, ya puestos en materia, aquel día íbamos a comer dos veces.
Aprovechando que estábamos cerca, fuimos hasta 2nd Av. con 60th st para coger el teleférico que te lleva a Roosvelt Island y desde el que se tienen magníficas vistas de esa parte de la ciudad.
Entra dentro de la Metrocard como si de un metro o del Ferry de Staten Island se tratara así que no tuvimos que pagar nada y es algo que merece la pena hacer cuando se esté por la zona. El trayecto no fue de más de 5 minutos y cogimos justo el que nos traía de vuelta para regresar a Manhattan.
Después fuimos a mi zona favorita de la ciudad para despedirnos como es debido. No podíamos marcharnos sin dar otra vuelta por Times Square. Conseguimos sentarnos y estuvimos un buen rato viendo el ajetreo constante que es ese cruce de caminos. Nos encanta.
Antes os dije que teníamos pensado comer de nuevo y además teníamos pensada una buena merienda de despedida ya que probablemente no cenáramos aquel día hasta ya estar en el avión. Bien, pues nos pasamos el local que la cadena de hamburguesas FIVE GUYS tiene cerca de Times Square. No podíamos irnos sin probar la favorita de Obama aunque ese día hubiera que repetir menú. Eso sí, esta vez compartimos una cheeseburger de bacon pequeña y patatas pequeñas. Todo nos costó 12,06$
Las patatas estaban espectaculares y eran muy abundantes y la calidad de la hamburguesa también estaba muy bien. Nos gustó mucho también que pudieras añadir de forma gratuita todos los toppings que quisieras, suerte que hayan abierto uno en Madrid… ¡Repetiremos en casa!
Terminada la segunda comida, dimos una vuelta por los alrededores y compramos alguna cosilla más en las tiendas y supermercados de la zona, nos encanta comprar todo tipo de artículos de los que no tenemos en España.
Nuestra siguiente parada era el mercadillo Navideño de Union Square, que estaba bastante animado a esas horas. Dimos una vuelta por los puestos y ahora sí, fuimos a por la merienda.
El sitio elegido era Max Brenner, el cielo para los amantes del chocolate. Lamentamos no haber tenido más tiempo para poder haber incluso comido allí otro día, pero al menos tendríamos una merienda de categoría. El lugar estaba a rebosar, nada que ver con mi anterior visita, y tuvimos que esperar más de media hora para tener sitio que finalmente fue en la barra.
Pedimos una fondue especial que llevaba frutas, gofre, nubes, perlas de chocolate… y un té chai de chocolate blanco. El cielo.
Estaba todo espectacular y lamento no haber tenido tiempo ni estómago para poder pedir más cosas. Bueno, tiempo, estómago y dinero… porque la merienda nos costó 38$ con la propina… En fin, disfrutamos muchísimo con ella y continuaré yendo a Max Brenner cada vez que vaya a Nueva York…. Aunque me acordaré de reservar primero.
A la salida, el Empire State nos dijo adíos con una con una iluminación navideña.
Como ya eran cerca de las 8 de la tarde pusimos rumbo al hotel no sin antes toparnos con el muro improvisado contra Trump en las paredes del metro de Union Square. Cientos de personas han plasmado su opinión al respecto en post-it de colores.
Desde ahí, regresamos al hotel y recogimos nuestras maletas. Estábamos muy contentos con la estancia… estuvimos cómodos y bien comunicados a un precio muy bueno dentro de Manhattan
Nuestro vuelo salía a las 23:40 desde JFK, una hora buenísima para aprovechar todo el día en la ciudad sin pagar noche de hotel extra. Aunque intentamos coger un metro Express, no tuvimos suerte e hicimos todo el recorrido de la línea J, aunque esta vez no se demoró demasiado…. Los que casi nos retrasamos fuimos nosotros. Sabemos que en vuelos internacionales hay que estar 2-3 horas antes y nosotros estaríamos alrededor de 2 o una y media… no creíamos que hubiera problema pero ya llegando en el Air Train, que esta vez si pagamos (5$), me dio por comprobar el billete y ponía que la última hora para facturar eran las 22:10. Catástrofe. Eran las 21:50 y estábamos en la estación de la Terminal 1. Por suerte este tren es rapidísimo y la distancia entre terminales, mínima. A las 22:57 estábamos en la nuestra, la 5 y dimos un sprint final con las maletas… Llegamos al mostrador, que era el último a las 22:04 y no había nadie en la cola. La azafata nos puso un poco nerviosos porque llamó a la compañera y estuvieron cuchicheando un rato antes de darnos las tarjetas de embarque pero finalmente no hubo problema… es más, nos dieron los mejores asientos, en la fila 1 de “turista” porque eran los únicos que quedaban libres. Al menos viajaríamos estirados.
Por curiosidad le pregunté si la última hora para el check in era a a las 22:10 y me dijo que no, que eran las 22:30, menos mal.
Pasamos todos los controles muy rápidos y embarcamos los últimos …. Los últimos serán los primeros. A la hora prevista, nos elevamos sobre la ciudad de Nueva York, que aparte de brindarnos unos días mágicos y que habían sido muy esperados por los dos desde hacía mucho tiempo, puso el broche de oro a nuestro gran año viajero.
Ojalá 2017 y todos los siguientes puedan estar a la altura de éste.
Habíamos oído que sólo se hace 200 unidades al día, por lo que en las primeras horas de la mañana ya cuelgan el cartel de “Sold Out”. Además, sólo se pueden comprar 2 unidades por persona así que para asegurarnos las nuestras, fuimos andado bien temprano a la tienda por la que ya habñiamos pasado en nuestra visita al SoHo y comprobado que efectivamente añas 12:00 ya no quedaban. Este día era distinto. Llegamos sobre las 8:30 y ya había una cola que nos obligó a esperar 20 minutos para acceder y finalmente desayunamos los nuestros con un té chai en el interior.

No son baratos, ya que 3 con el café nos costaron 24,07$. Estaban deliciosos, eso sí, pero tampoco como para haber tenido tanto impacto. Cada mes los hacen sólo de un saber y éste, con las navidades a la vuelta de la esquina, tocó de papermint.
Volvimos caminando al hotel y aprovechamos para preparar las maletas y dejarlas en recepción antes de marcharnos, donde nos las guardarían durante todo el día. Con todo listo, fuimos en metro dirección al Upper West Side, desde donde comenzaríamos un paseo por Central Park.
Paramos justo al lado del edificio Dakota, donde fue asesinado John Lennon aunque no pudimos hacer una buena foto de la fachada por encontrarse en obras. Lo que sí disfrutamos fue Strawberry Fields, siempre abarrotado de gente pero con algún músico callejero amenizando la visita con canciones de The Beatles. Aquel día sí que hacía frío de lo lindo. Ibamos muy abrigados, hasta con mayas térmicas por priemra vez y aún así tenía las piernas heladas.
Pasamos por Bow Bridge, el puente más bonito del parque a mi parecer desde el que se tienen unas vistas preciosas.

De ahí subimos hacia Belvedere Castle, que nos brindó unas imágenes otoño-invernales de cuadro.

Bajamos andado de nuevo hasta Bethesda Fountain con la desilusión de que estaba vacía, pero allí nos esperaba para compensarnos una experiencia aún mejor. Bajo el techo de Bethesda Terrace había un coro de voces espectaculares que estaba cantando a capella los villancicos más famosos.
Nos quedamos unos minutos escuchándolos y yo particularmente cumplí otro sueño habiendo escuchado a un grupo cantar villancicos en EEUU.
Aunque aún era pronto para nuestras costumbres, ya se hizo la hora de comer. Teníamos pensado ir a otro de los restaurantes que aseguran tener la mejor hamburguesa de Nueva York: Burger Joint. Llegamos sobre las 13:15 y estaba abarrotadísimo, pero por suerte sólo tuvimos que esperar dentro poco menos de media hora para tener mesa… A los que llegaron 14 min más tarde ya les marcaban 45 minutos mínimo de espera.
Como el resto de las que probamos en la ciudad, la variedad de ingredientes no era mucha así que yo pedí una clásica cheeseburger y mi novio le añadió bacon a la suya. Nos sirvieron el agua gratis y esperamos por nuestra comida. Nos gustó mucho que pusieran la cebolla y el pepinillo aparte para echártelo a tu gusto, como el kétchup y la mostaza.

Tenemos que decir que quitando la explosiva, es la mejor que probamos en la ciudad. La calidad de la carne era muy buena, respetaban el punto que pedías y el pan era tipo brioche. El total fue de 25$ con la propina, demasiado para el tamaño y para no incluir patatas, pero merece la pena…. A nosotros no nos importó porque, ya puestos en materia, aquel día íbamos a comer dos veces.
Aprovechando que estábamos cerca, fuimos hasta 2nd Av. con 60th st para coger el teleférico que te lleva a Roosvelt Island y desde el que se tienen magníficas vistas de esa parte de la ciudad.

Entra dentro de la Metrocard como si de un metro o del Ferry de Staten Island se tratara así que no tuvimos que pagar nada y es algo que merece la pena hacer cuando se esté por la zona. El trayecto no fue de más de 5 minutos y cogimos justo el que nos traía de vuelta para regresar a Manhattan.
Después fuimos a mi zona favorita de la ciudad para despedirnos como es debido. No podíamos marcharnos sin dar otra vuelta por Times Square. Conseguimos sentarnos y estuvimos un buen rato viendo el ajetreo constante que es ese cruce de caminos. Nos encanta.

Antes os dije que teníamos pensado comer de nuevo y además teníamos pensada una buena merienda de despedida ya que probablemente no cenáramos aquel día hasta ya estar en el avión. Bien, pues nos pasamos el local que la cadena de hamburguesas FIVE GUYS tiene cerca de Times Square. No podíamos irnos sin probar la favorita de Obama aunque ese día hubiera que repetir menú. Eso sí, esta vez compartimos una cheeseburger de bacon pequeña y patatas pequeñas. Todo nos costó 12,06$

Las patatas estaban espectaculares y eran muy abundantes y la calidad de la hamburguesa también estaba muy bien. Nos gustó mucho también que pudieras añadir de forma gratuita todos los toppings que quisieras, suerte que hayan abierto uno en Madrid… ¡Repetiremos en casa!
Terminada la segunda comida, dimos una vuelta por los alrededores y compramos alguna cosilla más en las tiendas y supermercados de la zona, nos encanta comprar todo tipo de artículos de los que no tenemos en España.
Nuestra siguiente parada era el mercadillo Navideño de Union Square, que estaba bastante animado a esas horas. Dimos una vuelta por los puestos y ahora sí, fuimos a por la merienda.
El sitio elegido era Max Brenner, el cielo para los amantes del chocolate. Lamentamos no haber tenido más tiempo para poder haber incluso comido allí otro día, pero al menos tendríamos una merienda de categoría. El lugar estaba a rebosar, nada que ver con mi anterior visita, y tuvimos que esperar más de media hora para tener sitio que finalmente fue en la barra.
Pedimos una fondue especial que llevaba frutas, gofre, nubes, perlas de chocolate… y un té chai de chocolate blanco. El cielo.

Estaba todo espectacular y lamento no haber tenido tiempo ni estómago para poder pedir más cosas. Bueno, tiempo, estómago y dinero… porque la merienda nos costó 38$ con la propina… En fin, disfrutamos muchísimo con ella y continuaré yendo a Max Brenner cada vez que vaya a Nueva York…. Aunque me acordaré de reservar primero.
A la salida, el Empire State nos dijo adíos con una con una iluminación navideña.

Como ya eran cerca de las 8 de la tarde pusimos rumbo al hotel no sin antes toparnos con el muro improvisado contra Trump en las paredes del metro de Union Square. Cientos de personas han plasmado su opinión al respecto en post-it de colores.

Desde ahí, regresamos al hotel y recogimos nuestras maletas. Estábamos muy contentos con la estancia… estuvimos cómodos y bien comunicados a un precio muy bueno dentro de Manhattan
Nuestro vuelo salía a las 23:40 desde JFK, una hora buenísima para aprovechar todo el día en la ciudad sin pagar noche de hotel extra. Aunque intentamos coger un metro Express, no tuvimos suerte e hicimos todo el recorrido de la línea J, aunque esta vez no se demoró demasiado…. Los que casi nos retrasamos fuimos nosotros. Sabemos que en vuelos internacionales hay que estar 2-3 horas antes y nosotros estaríamos alrededor de 2 o una y media… no creíamos que hubiera problema pero ya llegando en el Air Train, que esta vez si pagamos (5$), me dio por comprobar el billete y ponía que la última hora para facturar eran las 22:10. Catástrofe. Eran las 21:50 y estábamos en la estación de la Terminal 1. Por suerte este tren es rapidísimo y la distancia entre terminales, mínima. A las 22:57 estábamos en la nuestra, la 5 y dimos un sprint final con las maletas… Llegamos al mostrador, que era el último a las 22:04 y no había nadie en la cola. La azafata nos puso un poco nerviosos porque llamó a la compañera y estuvieron cuchicheando un rato antes de darnos las tarjetas de embarque pero finalmente no hubo problema… es más, nos dieron los mejores asientos, en la fila 1 de “turista” porque eran los únicos que quedaban libres. Al menos viajaríamos estirados.
Por curiosidad le pregunté si la última hora para el check in era a a las 22:10 y me dijo que no, que eran las 22:30, menos mal.
Pasamos todos los controles muy rápidos y embarcamos los últimos …. Los últimos serán los primeros. A la hora prevista, nos elevamos sobre la ciudad de Nueva York, que aparte de brindarnos unos días mágicos y que habían sido muy esperados por los dos desde hacía mucho tiempo, puso el broche de oro a nuestro gran año viajero.
Ojalá 2017 y todos los siguientes puedan estar a la altura de éste.
GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
• Desayuno: 24,07$
• Comida: 25$
• Merienda salada: 12,06$
• Merienda dulce: 38$
• Air Train a JFK: 10$

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