Día 7: 6 de julio. Día en el hotel Grand Sirenis.
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Amanecer
Nuestro primer día entero en el hotel lo teníamos que pasar situándonos en él, porque al principio, cuesta trabajo localizar cada cosa y eso que te dan un planito muy bueno y que yo ya casi me sabía.
Desayuno buffet: buena selección de zumos, pan y bollería. Buen salami y choricito para los bocadillos, pero eché de menos el salmón y los bollitos con pipas de calabaza del Grand Oasis ¡la perfección no existe!
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Barra de zumos, de panadería y bollería
Estuvimos un ratazo en la piscina, hasta las 11 o así. Me pedí mi primera bebida: Daiquiri de fresa con alcohol (los hacen sin y con). Primera sorpresa: emplean vasos de plástico grueso, reutilizables, es decir, que después los friegan y se reciclan de nuevo. Al principio no me pareció mal, el día 14, dudaba ya de la higiene del sistema, después de haber estado viendo y usando los vasos en todas las playas, piscinas y bares del hotel (también en el buffet de mediodía). Prefiero los de usar y tirar.
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Una de las piscinas
De ahí a la playa. Bueno, a las playas. En realidad el hotel tiene 3-4 calas. No hay demasiada extensión para andar, pero sí un surtido de playitas muy aceptables que te dan la opción de elegir a tu gusto, la más mogollón, la más tranquila, etc.
Nosotros nos íbamos a la cala donde se aposentaban las motos de agua, el pequeño catamarán y los kayacs. La ventaja de estas playas en general, es que están muy protegidas, y aunque haya olas en el horizonte, siempre te puedes meter (aspecto fundamental para mí, que no me meto como haya oleaje).
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Segunda cala, y al fondo, la primera.
Por las circunstancias griposas, sobraban las hamacas y sobraban las sombrillas (punto a favor de este hotel, porque me muero si voy a una playa donde no haya sombrillas o lugares de sombra). Eso sí, la primera fila se solía llenar pronto, pero vamos, que siempre había sitio a tope.
Tiene 2 bares de playa, uno a la derecha, junto a la cala más grande y el centro de buceo; y otro un poco más centrado. Los que íbamos a la cala más lejana, teníamos que andar un poquito para llegar al bareto, pero bueno... Nosotros siempre nos llevábamos botellines de agua de la habitación para poder subsistir sin tantos viajes.
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Vista de mi hermano y las sombrillas, desde el mar
Esta cala no tiene piedras al entrar (en todo caso, son corales muertos, no piedras) y sí algunos trozos con algas a modo de césped que no me resultan agradables de pisar, así que me metía por el hueco arenoso. El agua, como las de los demás hoteles imagino, muy limpia, transparente y bonita. Y lo mejor: peces, cuando el mar te llegaba a las rodillas apenas. Temperatura del agua: estupenda, unos 29 grados, ¡qué alegría!
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Peces en la orilla
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Rodeada de peces haciendo snorkel allí mismo
Estos días (también en Cancún), no sé si por coincidencia, o porque es así el clima por allí, hemos tenido una buenísima temperatura, de manera que a la sombra o por la noche al ir a cenar, estabas estupendamente, sin el agobio de calor, por ejemplo, que sentí en la Rep. Dominicana.
Pese a todo esto, el sol quema bastante y a nada que te despistes sin bronceador, te encuentras después con la piel más roja que un salmonete. A mí se me ha pegado un poco, pero en ningún momento me he quemado, y es porque he usado bastante protección (según días 40 ó 25) y pasaba literalmente casi todo el tiempo a la sombra.
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Mi playa favorita con la cuarta y última, a la izquierda.
Esa noche no teníamos cena reservada, así que al buffet, un poco antes de la ocho:
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Dulcecitos del buffet.