Día 8: 7 de julio. Tulúm, Playa Pescadores.
Ya habíamos cumplido nuestra primera semana en México y aún no habíamos visto ni una sola zona arqueológica. Por fin este martes íbamos a ir a Tulúm, empezando por la más cercana.
Después del desayuno, tranquilamente, a eso de las 8, nos andamos el camino desde el hotel a la carretera (prácticamente 10 minutos). Es una zona urbanizada con algunos bloques de apartamentos, un pequeño super en un bajo, un cenote al lado y alguna iguana por las aceras, paradas comenzando a tomar el sol.
Salimos a la carretera y cruzamos para coger la primera van que pasara camino a Tulúm. Ese día, tal vez por ser bastante temprano, estuvimos esperando casi 10 minutos a que pasara una, o al menos, se nos hizo muy larga la espera. Sólo habíamos subido en van en Cancún y teníamos algunas incertidumbres.
Por fin se ve una, pestañea con los intermitentes y le hacemos señas con la mano. Se para y le pregunto si va para Tulúm. Que sí que va.
Le digo que nosotros vamos a las ruinas.
La van va casi llena de lugareños, va dejando a algunos en otro de los hoteles, y vemos por primera vez la entrada de los Bahía Príncipe y las señales de la playa de Akumal y Xel há. Finalmente nos deja en la carretera, frente a una calle con comercios, etc. que para nada parecía la entrada de Tulúm, pero por ahí nos vamos. Andamos un poco y llegamos a una explanada con taxis aparcados, el tren tirado por un tractor y algunas tiendas que no estaban abiertas.
Sin tenerlo muy claro, comenzamos a andar por un camino que es el que lleva a las ruinas. Se dice que el camino es un paseíto. Puede ser. Pero a mí se me hizo largo y pesado, porque el calor aprieta bastante. Pero no queríamos coger el tren porque había que esperar a que se llenara con 10-15 personas, y entonces llegaríamos todos a mogollón.
Nos fuimos entonces andando por nuestra cuenta, y cuando llegamos entramos al lavabo y sacamos las entradas. ¡Y para adentro!
Serían las 8,30 tal vez y aún así, ya había unas 6 personas dentro antes que nosotros. Bueno, el caso es que sin guía, pero con unos apuntes, comenzamos la visita.
De Tulúm sólo puedo decir que salí decepcionada. Ampliamente decepcionada. No por las dimensiones, que sabía que era un recinto recogido y relativamente pequeño, sino por lo mal organizado que está el lugar si quieres verlo por tu cuenta. Resulta que no puedes entrar en ninguno de los edificios, ni prácticamente acercarte siquiera. Así que por ejemplo, del Palacio, lo único que puedes hacer es verlo por fuera y desde el caminito y punto. Si lees en tu guía que hay pinturas o murales o lo que sea, o tiene tantas habitaciones, etc., como si nada, porque ni las ves, ni puedes acceder. La mayoría de las construcciones además, no disponen de cartel con el nombre, con lo cual te vuelves loco intentando averiguar qué es lo que tienes delante. Si a esto le sumas que no se permitía el acceso a la célebre bajada de la playa (ignoro por qué, porque la escalera estaba allí), concluyes en que la visita ha sido un fiasco.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Tulúm, primeros edificios y cuerda acotando el camino.
Tulúm, escalera de bajada a la playa, con la cuerda impidiendo el paso.
*** Imagen borrada de Tinypic ***Evidentemente, está pensado para que la hagas contratando un guía, pero nosotros no lo queríamos no tanto por el coste (también, para sólo 2 personas) sino por la duración. Sinceramente, a estas alturas me aburren 2 horas de explicación que en la mayoría de los casos, sólo se usan para compensar lo que te han cobrado.
Total, que en 1 hora habíamos visto lo que había que ver.
A la salida, entre el calor y el cabreo por mi itinerario frustrado, no se me apetecía nada hacerme el camino de salida, con la que estaba cayendo, así que como vimos el trenecito con gente listo para salir, nos subimos a él. El "conductor" nos preguntó si teníamos la pulserita. Pues no. Resulta que los trayectos que pagas son de ida y vuelta (20 pesos, creo recordar). Bueno, no me importó en absoluto y le pagamos los 20 para volver, porque como decía antes, de todas formas no lo hubiéramos cogido para la ida.
De nuevo en la zona de parking y tiendas, nos vamos para la fila de taxis, porque queríamos ir a la célebre Playa Paraíso. Todos los taxistas a los que preguntamos nos dicen que son 70 pesos. Que ya no son 20, porque han cortado el acceso directo y ahora hay que ir más lejos para entrar.
Bien. Nos acercamos al kiosquito de los tickets de Xel há con el 10% de dto, y los compramos. Ése fue nuestro primer gasto gordo del viaje. Allí mismo que se nos acerca otro taxista y que se ofrece a llevarnos a la Playa.
Bueno. Pues vámonos, que para algo hemos traido el bañador puesto y la toalla (aunque la primera idea era la de bañarnos en Tulúm).
Cuando llegamos a la zona, la única entrada que vemos está cerrada. El taxista le pregunta a uno que está allí al lado de la cancela y dice que ya no se puede acceder a Playa Paraíso. ¡Vaya! Así que el taxista nos sugiere llevarnos a otra, que está al lado, y que se llama "Playa Pescadores", es una playa pública y con un par de chiringuitos. Es más, se ofrece a recogernos en el momento que queramos y devolvernos al hotel por 200 pesos (unos 11 euros).
Después de sopesar el asunto pensamos que sí, porque por 5 ó 6 euros por persona, nos nos vamos ahora a meter la supercaminata de vuelta, la espera de la van (que por ser el primer día la habíamos pagado a 35 pesos cada uno), la segunda caminata hasta el hotel, etc.
Así que llegamos a Playa Pescadores. Una playa muy bonita, desde la que se ven las ruinas de Tuúm, con el agua muy limpia (como siempre), pero sin una sola sombra en la que cobijarse.
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En Playa Pescadores. Atención: El Castillo de Tulúm, al fondo a la derecha.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
La playa.
Quedamos a las 2 horas con el taxista, en el parking al lado del chiringuito "El Mariachi". La playa estaba prácticamente sola, con algunos locales y 2-3 turistas más que fueron llegando en el transcurso de la mañana.. El agua estaba deliciosa, y el único problema era no quemarnos y dónde refugiarnos del sol. Así que tuve que terminar metiéndome en el agua con la camisa que llevaba puesta, porque si no, hubiera salido de allí achicharrada. Con la misma camisa mojada me hice un mini parasol para protegerme un poco mientras estaba tumbada. Pero sobre las 12, materialmente, ya no podíamos aguantar más allí, porque sin una mínima sombra es complicado. Así que nos fuimos para el chiringuito-restaurante. El taxista estaba aparcado allí, medio durmiendo, y muertos de sed, nos metimos dentro del "Mariachi". Ya estaba allí una familia mexicana que había estado también en la playa a nuestro lado.
Nos trajeron la modesta carta, elegimos una tapita para probar (ya que el almuerzo lo pensábamos hacer en el hotel): un ceviche de mariscos tamaño "chico" (menos mal que era el "chico", si hubiéramos pedido el grande...), una cervecita y una coca cola para mí. Me voy al lavabo y al momento, han traido el ceviche con los nachos, etc. ¡Ay, qué bueno que estaba! y ¡dios mío!, por 135 pesos todo (menos de 8 euros...) Ahora me arrepiento de no haber vuelto a por el ceviche más días.
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Ceviche chico, cerveza y coca-cola: menos de 8 euros.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
El Mariachi
Ahora me viene a la cabeza el hecho de que en los pocos sitios que hemos comido "local", han sido estupendos: éste Mariachi y la comida mexicana de Valladolid.
Cuando terminamos de comer, volvimos al hotel, almorzamos y nos fuimos a la piscina:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Foto piscina
Y por la noche, a las 20,30, reserva en el Japonés. El "capitán" de sala nos puso en la mesa tepanyaki de habla hispana, así que estuvimos con una pareja procedente de Canadá, dos chilenas y una parejita de españoles (probablemente, los únicos que nos acompañaban en el hotel). De prmero te traen 3 rollitos de sushi: los probé por primera vez. No están mal, pero no me vuelven loca. El segundo era a elegir: en mi caso, tempura de verduras (demasiado aceitosas, me dejé bastante) y el tercero era el tepanyaki en directo, que podía ser de verdura, gambas, calamares, ternera... Yo lo elegí de gambas. Iba acompañado de un delicioso, eso sí, arroz tres delicias, que nos mezcló allí mismo sobre la plancha nuestro cocinero. El postre: un helado frito del que sólo estaba bueno el helado.
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Nuestra mesa tepanyaki en plena acción
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Mis gambitas
Este restaurante tuvo dos aspectos negativos: tuvimos que esperar muchísimo por la comida y además, pasamos un calor impresionante; por otra parte, la comida no podría ser calificada de extraordinaria, de manera que salimos con la idea de no repetir. Y ya a dormir, porque para ese día, yo ya tenía 3-4 picaduras adicionales a las que me traje de Cancún, y eso que nos echábamos repelente a tope.