Antes de abandonar Cantabria, teníamos pendiente ver el Desfiladero de la Hermida, por el que ya habíamos cruzado varias veces.
Son 21 km de una estrecha carretera, construida en la garganta del macizo de Ándara, formada por el cauce del río Deva. Las paredes casi verticales se ven altísimas desde abajo (a unos 600 metros). Apenas hay sitio para aparcar, a no ser a la altura del Balneario (solo clientes). El Desfiladero une Unquera con Lebeña y es la única forma de entrar al valle de Liébana desde la costa.
Por la CA-282, en el mismo pueblo de La Hermida, tomamos la carretera de Puentenansa. A la altura de Piñeres, el desvío hacia la CA-857 nos lleva a la ermita de Sta. Catalina, y de aquí carretera al mirador de Sta. Catalina.
Las vistas son impresionantes, el Desfiladero se ve a la perfección. Con razón escribía Galdós que había que llamarlo “el esófago de La Hermida”, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra.

Son 21 km de una estrecha carretera, construida en la garganta del macizo de Ándara, formada por el cauce del río Deva. Las paredes casi verticales se ven altísimas desde abajo (a unos 600 metros). Apenas hay sitio para aparcar, a no ser a la altura del Balneario (solo clientes). El Desfiladero une Unquera con Lebeña y es la única forma de entrar al valle de Liébana desde la costa.

Por la CA-282, en el mismo pueblo de La Hermida, tomamos la carretera de Puentenansa. A la altura de Piñeres, el desvío hacia la CA-857 nos lleva a la ermita de Sta. Catalina, y de aquí carretera al mirador de Sta. Catalina.

Las vistas son impresionantes, el Desfiladero se ve a la perfección. Con razón escribía Galdós que había que llamarlo “el esófago de La Hermida”, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra.



