Hoy nos trasladábamos desde San Luis a San Andrés, pero antes queríamos ir a Rocky Cay un rato así que nos levantamos pronto, desayunamos en el hotel (desayuno de rancho tipo bufé sin ninguna calidad) y nos fuimos paseando por la playa hasta la altura de Rocky Cay, al que se llega mitad caminando por el agua y mitad nadando.
Después de haber tenido la experiencia y haber hecho unas cuantas fotos, volvimos a la habitación, recogimos las maletas y pedimos un taxi para que nos llevara a San Andrés (20.000cop o 6€) estábamos deseando irnos de ese hotel.
Llegamos al Decamerón Isleño, el hotel está frente a la playa de Sprat Bight, en San Andrés ciudad, dicen que es la mejor de la isla. Hicimos el check in y pagamos la nada despreciable cantidad de 1.795.500cop o 516€ por 3 noches, eso sí, en todo incluido. Era un hotelazo tipo los de Punta Cana o Riviera Maya, pero a diferencia de estos, le separaba de la playa una especie de paseo marítimo, estrechito y la playa era pública. Tenía tumbonas en la playa, pero nunca conseguimos reservar porque estaban contadas, la mayoría de la gente se quedaba en las tumbonas que había en la piscina e iba a la playa solo a darse un chapuzón, pero esto a mí no me convence del todo porque piscinas las hay en todas partes, pero ese precioso mar, no. En cualquier caso hay que reconocer que la piscina era una gozada y con tumbonas dentro del agua.

También tuvimos que esperar a que nos dieran la habitación y para hacer tiempo nos fuimos a comer. El restaurante era enorme y bien decorado y en el bufé no faltaba de nada y todo de muy buena calidad. Estaba situado frente a la playa, así que tenías buenas vistas mientras comías.
Después de comer volvimos a la recepción y nos dieron la habitación. Al principio nos fastidió porque no estaba en uno de los edificios del hotel sino en uno anexo, pero luego resultó que era mucho mejor. La habitación era muy amplia y muy bien decorada, se vía todo nuevo, el baño enorme con la ducha y el inodoro separados por puertas de cristal y una terraza amplia con tumbonas con una vista espectacular a la playa de Sprat Bight (la mejor de la ciudad) y Johnny Cay, que está justo enfrente. El agua del mar tiene unos colores increíbles y por eso al mar de San Andrés lo llaman el mar de los siete colores.

Después de deshacer las maletas nos pusimos en plan playero y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad (o pueblo, porque es pequeño) de San Andrés y hacer algunas compras. También nos informamos sobre las excursiones a Johnny Cay y a otros cayos. Luego nos dimos un bañito en la playa y otro en la piscina, nos arreglamos, nos fuimos a cenar y después nos tomamos un cóctel viendo el show que hacían en el hotel porque no vimos mucho más ambiente por los alrededores, aunque nos comentaron que había discotecas, tampoco nos apetecía mucho salir del hotel.