Los vuelos los habíamos comprado también con Viva Colombia en su página web y nos habían salido por 298.184cop 85€ los dos con el “paquete paseo”. Salimos a las 07:45 y a las 09.15 ya estábamos aterrizando en San Andrés. Hay que pagar un impuesto de entrada a San Andrés 105.000 cop, 30€.
Las Islas de San Andrés y Providencia, pertenecen a Colombia, pero están enfrente de Nicaragua, de hecho, nos comentaron que la tierra es colombiana y el mar nicaragüense. Toda la isla tiene un rollito jamaicano que nada tiene que ver con el resto de Colombia.
Habíamos reservado en el Hotel Cocoplum de San Luis, no me preguntéis por qué, pero yo hacía tiempo que estaba obsesionada con ir a ese hotel, lo había visto en alguna web y me había encantado, decía que estaba en la mejor playa de la isla, que era un hotel boutique, etc. No encontramos habitación doble y era tanto mi empeño que reservé una para cuatro personas, que claro, subía mucho más de precio, casi 180€ la noche y solo incluía el desayuno, pero bueno, era un capricho.

Al salir del aeropuerto tomamos un taxi que nos costó 21.000cop, unos 6€ y tardamos 15 minutos. Al llegar, nos sorprendió la recepción, porque la verdad, no tenía ningún encanto. Como era pronto, la habitación no estaba preparada aún y nos dijeron que seguramente no nos la podrían dar hasta las 15:00, pero que nos dejaban una habitación de cortesía para que nos diéramos una ducha, nos pusiéramos el traje de baño y nos fuéramos a la playa. Ah mira, qué buen detalle, pensamos. Un chico muy amable nos acompañó y nos llevó las maletas a la habitación de cortesía y Oh, sorpresa, estaba sin hacer, toda revuelta, la cama deshecha, el baño sucio, las toallas usadas, los botecitos de gel y champú, acabados y había allí maletas de más personas. Cuando nos recuperamos de la sorpresa y el asco, decidimos abrir nuestras maletas, sacar nuestro propio gel, nuestra toalla y las chanclas y así pudimos ducharnos y cambiarnos de ropa. Cuando salimos y le dijimos al chico amable que ya habíamos terminado y que podía llevar las maletas al cuartito que tuvieran para ello, nos dijo que no, que ese era el cuartito para las maletas. ¿Perdona? ¿Tengo que dejar las maletas ahí sin vigilar que está entrando y saliendo gente que no sé lo que van a hacer? Pues sí, ahí las tuvimos que dejar, no tenían otro sitio. Aquello ya me dio muy mala impresión del hotel. Nos fuimos a la playa y efectivamente era estupenda, kilómetros de playa de arena blanca, mar turquesa a buena temperatura y justo enfrente del hotel el Rocky Cay, o sea, una vista fantástica.

En la playa del hotel había tumbonas, nos dieron toallas, todo bien. Después de bañarnos fuimos a comer para hacer tiempo hasta que nos dieran la habitación. Ahí ya vimos que el hotel estaba poco cuidado y puesto con poco gusto. Tenía unas mesas fuera, justo en la playa que ahí fue donde nos sentamos y ahí vale, pero al lado vimos el que era el restaurante principal del hotel, abierto pero techado. Qué espanto, pequeño, mal puesto, con manteles de plástico de colorines horribles, vamos, que eso de hotel boutique, nada. Y la atención también iba a juego con el mobiliario y los manteles, parecía que te hacían un favor. El aseo que había en la zona del restaurante y piscina, también muy mal cuidado.

La pequeña piscina, sin ningún encanto, no apetecía bañarse. Alrededor no había nada, sólo un pequeño supermercado poco abastecido y no había más restaurantes cerca, lo que te obligaba a hacer todas las comidas en el hotel. La habitación, como ya habíamos visto la de cortesía, nos imaginamos que sería similar. Total, que, visto lo visto, nos parecía un escándalo lo que íbamos apagar, así que decidimos que cuando hiciéramos el check in, lo haríamos solo para 1 noche y no para las 4 que pensábamos estar en un principio. Buscamos en Booking otro hotel y nos decidimos por el Decamerón Isleño, costaba prácticamente lo mismo, pero era todo incluido y además era un señor hotel. Y eso hicimos, cuando por fin nos dieron la habitación, dijimos que nos quedábamos solo esa noche. No nos pusieron problemas, así que pagamos los 628.000cop, 180€ y ya.
La llave de la habitación era una pulsera de plástico elástica que en el centro llevaba un círculo donde tenía el mecanismo para abrir la puerta. Una pulsera que se ponía cliente, tras cliente, me pareció bastante antihigiénico. La habitación estaba en la planta baja, en el paso de todo el mundo para ir a la playa o al restaurante, por lo que te obligaba a tener las cortinas echadas a todas horas. Era grande, porque era para 4 personas, tenía dos dormitorios y dos baños, pero se notaba el poco mantenimiento que tenía. El inodoro no corría bien, se atascaba. No había agua caliente a todas horas, solo a algunas determinadas, en fin, que habíamos hecho bien en pagar solo 1 noche.
Nos fuimos otro rato a la playa y luego nos duchamos para ir a cenar. Solo estaba abierta la parte techada, la de los manteles. Ni que decir tiene que no merecía la pena ni ponerse un vestido mono para el sitio que era.
Encima del restaurante había una terraza que quizá en algún tiempo había sido chill out, para tomar una copa, pero cuando subimos no había nadie, ni luz. Allí había también un restaurante con aire acondicionado pero que debía de estar cerrado porque tampoco vimos movimiento.
Pedimos un gin tonic en el bar, nos lo subimos a la terraza y disfrutamos de la increíble luna llena que se veía preciosa a través de los cocoteros y con el mar de fondo.