Pues al día siguiente teníamos que empezar nuestro regreso ya que nos quedaban pocos días, y nos había quedado pendiente la visita al Vesubio y Herculano (por culpa de los problemas en Pompeya).
Así que por la mañana, sin pensarlo dos veces, decidimos que nos subíamos al Vesubio con la moto. Subiríamos hasta arriba con ella y visitaríamos el volcán.
¡Que carretera más bonita para hacerla en moto!
Nos lo pasamos muy bien tanto subiendo como bajando (poco tráfico y además un paisaje muy bonito).
Una vez llegamos arriba, la sensación es impresionante.
El Vesubio es el único volcán que sigue activo en Europa, y de verdad que es una sensación extraña estar tan cerca del cráter y ver lo grande e inmenso que es y tomar conciencia de lo insignificantes que somos ante la Naturaleza. Además, llama la atención el hecho que su localización en el centro de Italia no provoque ningún miedo a sus habitantes.
El Vesubio se puede visitar por 20€ y el precio de estacionar en el parking aunque a nosotros, una señora muy simpática, nos “perdonó” el pago del parking por ir en moto.
Allí empezó nuestra subida: Hay una caminata de unos 30-45 minutos hasta el cráter y aunque no es necesario estar muy en forma para subir, sí que se ha de tener en cuenta que no es una subida rápida ya que tiene bastante desnivel y hay fuertes rampas. Nosotros no fuimos demasiado rápido ya que íbamos equipados con “ropa motera” y pasamos bastante calor hasta llegar arriba del todo, pero valió la pena. Tuvimos mucha suerte porque llegamos con bastante buena visibilidad y las vistas son increíbles, y se puede ver perfectamente todo el Golfo de Nápoles. Y al cabo de un rato de estar en el bar del cráter, empezó a taparse y empezó a no verse nada de nada. Bajamos entonces.
Está foto ya es arriba, porque ya ibamos tapados con las cazadoras de las motos, después de sudar muchísimo, por el ascenso:

La visita dura aproximadamente de 1:30h-2h, lo suficiente para luego bajar y disfrutar de las ruinas de Herculano en el mismo día, lo cual hicimos, previa parada en el Hotel Herculaneum donde nos cambiamos de ropa. Solo decir que el Hotel muy bien ubicado pero sin ninguna comodidad extra digna de comentar.
Al entrar al recinto de las ruinas de Herculano atravesamos una pequeña pasarela que atraviesa el foso, y con la ayuda de un auto guía fuimos visitando el recinto. Aunque quiero comentar que el mapa que nos habíamos agenciado en la entrada era más que suficiente, no nos fue mal llevar la auto guía, estuvimos caminando hasta la hora del cierre por las calles de Herculano donde pudimos observar lo bien que se ha conservado todo. Íbamos entrando en diferentes edificios y casas y si coincidía con algún número del auto guía o mapa lo consultábamos.


Al acabar la visita, fuimos al hotel donde cenamos y a descansar. Al día siguiente, subíamos hasta Civitavecchia para acabar nuestros últimos días.