Nos pareció una buena idea solo contratar desde España los B&B de Civitavecchia y Nápoles y que los demás alojamientos, lo haríamos sobre la marcha. Y fue una decisión acertada ya esto nos dio la opción de modificar bastante nuestra ruta inicial prevista.
El día 03/09/18 embarcamos desde Barcelona en el ferry de la naviera “Grimaldi Lines” hasta Civitavecchia.

Llegamos por la tarde-noche, y nos alojamos en un B&B Fuori dal Porto, todo perfecto, una habitación muy cómoda y cercana del puerto, lo necesario cuando llegas por la noche en un país que no es el tuyo y de un viaje largo y cansado en ferry.
Nos dimos una vuelta por la zona del puerto y cenamos en el restaurante “Frito Bru”, una fritería de pescado muy rica porque a la pizzería que queríamos ir (por recomendaciones) que era la “Mastro Titta Pizza” estaba cerrada.

Al día siguiente, nos dirigimos hacia Nápoles. Ya de camino por la Autostrada nos empezamos a escandalizar por la conducción que tienen los italianos, porque aunque ya la conocíamos, a medida que íbamos bajando, más locos iban.
Llegamos a Nápoles y nada más entrar en la ciudad, los conductores napolitanos ya nos dieron algún que otro susto.
Miquel conduce muy bien la moto y además voy a presumir un poco y puedo decir que ha conducido por muchísimos países de todo el mundo y está curado de espantos, pero es que después de este viaje, llegamos a la conclusión que los conductores italianos (sobre todo los del sur de Italia) son bastante peligrosos con el coche. No respetan nada, ni STOP, ni semáforos en rojo, ni Cedas al Paso, ni pasos de cebra…. Y claro, en África pues aún, pero en Europa, uffff
Nápoles
¡Qué decir de Nápoles, que no esté dicho ya!
Es una ciudad única, que no deja indiferente, que o te enamora o la odias, es ruidosa, caótica, loca, divertida,… a día de hoy, no he conocido ninguna otra capital europea como Nápoles.
Cuando llegamos preferimos dejar nuestra moto en un parking privado cerca del B&B que habíamos contratado y recorrer los tres días la ciudad caminando y con transporte público, porque no creímos que fuera buena idea ir con nuestra gran moto por la ciudad.
El B&B que elegimos en la capital del sur fue “iBed Napoli” donde Paulo nos estaba esperando. Un B&B muy céntrico y con una habitación fantástica y muy amplia. Disfrutamos cada día con el desayuno que Paulo nos preparó a “la carta”. Lo recomiendo encarecidamente como lugar para alojarse.
Lo primero que hicimos una vez llegamos a la habitación fue situarnos en la ciudad con el mapa y la guía y planificar que iríamos a ver cada día.
Nada más salir a la calle fuimos a comer nuestra primera pizza napolitana y durante la tarde caminamos por el centro histórico.
Caminar por el centro histórico de Nápoles tiene un encanto especial. Mientras nos paseábamos vimos la entrada de “la Nápoles subterránea”. Como yo había visto en un programa de TV en qué consistía cogimos entradas, pero por desgracia, solamente quedaba la visita guiada en italiano e inglés.
Y como estábamos en Italia, pues… ¡Elegimos italiano!
Bajamos muchas escaleras empinadas hasta llegar a una zona bajo tierra donde puedes ver los restos del acueducto de Augusto, y puedes ver como se encuentra todo el subsuelo de la ciudad donde antiguamente se escondieron los cristianos y también los italianos de las bombas de la Primera Guerra Mundial.

Continuamos admirando los diferentes pequeños altares que vas encontrando por la ciudad y los “duomos” mientras volvíamos a la habitación para descansar y seguir por la noche.
Por cierto, no pudimos evitar la parada en el Bar Nilo, en la Via San Biagio dei Librari, donde conservan un ¿¿¿auténtico??? cabello del “pelusa”, el futbolista Diego Armando Maradona, ídolo local.

Aquella misma noche, fuimos caminando por la Via Toledo hasta llegar al Quarteri Spagnoli, el barrio más famoso de todo Nápoles.
Y a pesar que casi todo el mundo dicen que se trata de un barrio peligroso nosotros quisimos verlo “en directo” por la noche.
He de comentar que por la noche, las calles son muy oscuras, sin ningún atractivo especial aunque puedes encontrar una gran oferta de restaurantes y pizzerías para cenar. También se puede ver a mucha gente que hace vida en la calle y como todos hablan muy alto y sobre todo, mucho ciclomotor circulando a unas velocidades vertiginosas, conducidas tanto por niños como por adultos, sin casco y sin ninguna precaución.

Acabamos nuestra primera jornada y nos fuimos a descansar. Al día siguiente, continuábamos en Nápoles.