La famosa costa Amalfitana, con sus bellos pueblos volando entre montañas y mar, su imposible carretera SS163, la Nastro Azzuro (la cinta azul), considerada por muchos como la carretera más bonita de la costa mediterránea (yo, discrepo) aunque antes de ir también creía que lo era. Pensábamos que con la moto disfrutaríamos por la Nastro Azzuro pero nada más lejos de la realidad.
Yo lo que he de decir es que es una costa preciosa y única y que no me extraña que este declarada Patrimonio de la Humanidad. Es una preciosidad, pero, nosotros como verdaderamente la disfrutamos más fue por el mar.
Pero, al lio:
Lo primero que teníamos que decidir era donde dormíamos y poníamos el “campamento base” y finalmente, la elegida fue la población de Salerno. La decisión fue por un tema de oferta hotelera y por su ubicación. Acertamos, y mucho, porque es una mini-ciudad, con todas sus comodidades y ventajas que te puedas esperar: más económica que cualquier otro lugar de la costa Amalfitana, más oferta de restauración, oferta de excursiones de todo tipo y un largo etc…
Nos quedamos en un B&B en la zona centro de Salerno llamado “Glam House”. Un B&B muy limpio, nuevo y cómodo. ¡Un gustazo! Recomendable.
Lo primero que hicimos fue dejar las maletas y dar una primera vuelta con la moto para darnos un bañito en el Mar Tirreno.
Decidimos no ir muy lejos de Salerno, y aconsejados por la propietaria del B&B nos fuimos hasta la playa del primer pueblo de la Costa Amalfitana, Vietri Sul Mare, famosa por sus bellas cerámicas y estrechas calles. Desde allí ya pudimos contemplar la belleza de esta Costa y maravillarnos con una bonita vista del Golfo de Salerno.
Allí nos relajamos mucho y nos tomamos una refrescante “birra italiana”.
No lo he comentado pero otra vez, antes de llegar a Vietri Sul Mare, nos estresamos bastante por la tremenda conducción italiana. Ya he comentado como las gastaban en Nápoles, pero creíamos que por allí, este tema mejoraría, y nada más lejos de la realidad: Definitivamente, los italianos del sur, son un peligro con el volante. Y os podéis llegar a imaginar, la sensación de inseguridad que tienes en una moto de mucho peso y con la que no resulta fácil maniobrar, como íbamos nosotros.
Finalmente, volvimos a Salerno. Cenaríamos allí en una bonita Trattoria italiana y a descansar.