Martes 14 de Mayo:
El plan para hoy era visitar la histórica ciudad de Acre (Akko en hebreo) y por la noche asistir a la primera semifinal de Eurovisión.
La excursión a Acre la hicimos por nuestra cuenta, en tren desde la estación de Hahagana. El billete de tren cuesta 40 NIS, por lo que resulta realmente económico. El viaje dura aproximadamente 1 hora y 45 minutos, y desde la estación de tren hasta la ciudad antigua son otros 15 minutos andando.
Acre es una de las ciudades con más historia de todo Oriente Medio y que ha pasado por varias manos a lo largo de los siglos: asirios, griegos, romanos, bizantinos, árabes... Pero fue con los cruzados con los que llegaría el apogeo de la ciudad. En 1191 la ciudad fue recuperada por los cristianos durante la Cruzada de los Reyes o Tercera Cruzada, impulsada por Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia, y desde entonces, la ciudad quedó ligada a los cruzados, aunque volvió a caer en manos musulmanas 100 años después. Debido a esta importancia histórica y todos los restos que conservan de la época árabe y de las cruzadas Acre fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad.
Hoy en día la ciudad es mayoritariamente judía, con sólo un 10% de población musulmana, pero esta población se concentra casi íntegramente en el centro histórico, que es la zona más visitada. Todo el centro de la ciudad está rodeado por una muralla defensiva que podría estar en mejores condiciones. En general es algo que nos llamó mucho la atención. Acre tiene un patrimonio monumental impresionante, pero está bastante dejado, salvo algunas honrosas excepciones. Y aún en ese estado decadente nos gustó mucho, así que si la cuidaran un poco más sería realmente espectacular.
Nuestra visita empezó en la Mezquita Al-Jazzar, la más grande y bonita de Acre. Sus cúpulas verdes se recortan contra el azul del cielo, y las columnas que sostienen su porche fueron traídas desde las ruinas de la ciudad romana de Cesárea. Esta mezquita se construyó sobre las ruinas de la Catedral de la Santa Cruz, de la que no se ha conservado nada.
[align=center]Mezquita Al-Jazzar
El plan para hoy era visitar la histórica ciudad de Acre (Akko en hebreo) y por la noche asistir a la primera semifinal de Eurovisión.
La excursión a Acre la hicimos por nuestra cuenta, en tren desde la estación de Hahagana. El billete de tren cuesta 40 NIS, por lo que resulta realmente económico. El viaje dura aproximadamente 1 hora y 45 minutos, y desde la estación de tren hasta la ciudad antigua son otros 15 minutos andando.
Acre es una de las ciudades con más historia de todo Oriente Medio y que ha pasado por varias manos a lo largo de los siglos: asirios, griegos, romanos, bizantinos, árabes... Pero fue con los cruzados con los que llegaría el apogeo de la ciudad. En 1191 la ciudad fue recuperada por los cristianos durante la Cruzada de los Reyes o Tercera Cruzada, impulsada por Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia, y desde entonces, la ciudad quedó ligada a los cruzados, aunque volvió a caer en manos musulmanas 100 años después. Debido a esta importancia histórica y todos los restos que conservan de la época árabe y de las cruzadas Acre fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad.
Hoy en día la ciudad es mayoritariamente judía, con sólo un 10% de población musulmana, pero esta población se concentra casi íntegramente en el centro histórico, que es la zona más visitada. Todo el centro de la ciudad está rodeado por una muralla defensiva que podría estar en mejores condiciones. En general es algo que nos llamó mucho la atención. Acre tiene un patrimonio monumental impresionante, pero está bastante dejado, salvo algunas honrosas excepciones. Y aún en ese estado decadente nos gustó mucho, así que si la cuidaran un poco más sería realmente espectacular.
Nuestra visita empezó en la Mezquita Al-Jazzar, la más grande y bonita de Acre. Sus cúpulas verdes se recortan contra el azul del cielo, y las columnas que sostienen su porche fueron traídas desde las ruinas de la ciudad romana de Cesárea. Esta mezquita se construyó sobre las ruinas de la Catedral de la Santa Cruz, de la que no se ha conservado nada.

A continuación visitamos el monumento principal de Acre, la fortaleza de la Orden de los Hospitalarios. La misión de estos caballeros era fundar hospitales para asistir a los peregrinos que iban de viaje a Tierra Santa. La fortaleza actual es una inmensa mole de piedra de tres pisos de altura, en torno a un jardín muy verde y fresco, cosa que se agradece en días calurosos. El edificio se conserva muy bien y la visita se realiza con audioguía de una forma cómoda y a tu aire. En su día contaba con depósitos de agua y varios sótanos, lo que la convertía en una de las edificaciones más fabulosas de todo el Oriente Medio medieval, y aún así, estuvo escondida en el subsuelo de la ciudad hasta mediados del siglo XX. Sorprendente. La sala más llamativa es el Comedor, que destaca por unas enormes columnas.

Lo siguiente que vimos fueron los baños turcos El Basha, también de la época de Al-Jazzar. La visita es muy entretenida porque ponen unas proyecciones donde cuentan en primera persona cómo era la vida en los baños en la época, y además están muy bien recuperados. Es una visita más que recomendable.

El túnel de los templarios es otro de los puntos de interés, aunque más por la historia que por lo que se ve. Este túnel conectaba el centro de la ciudad con el puerto, de forma que en caso de necesidad los caballeros o quien fuera que ellos quisieran podía escaparse por ahí sin ser visto. Lo que queda hoy en día es un túnel, no muy largo, que puedes cruzar de punta a punta y que sales justo al lado del mar.

El centro histórico está formado por un laberinto de callejuelas y pequeñas plazas, con casas destartaladas en muchas ocasiones, aunque también se ven algunas restauradas. Hay una zona cubierta donde hay muchos restaurantes y tiendas, como si fuera un típico zoco árabe. Como ya dije, da la impresión de estar en una ciudad árabe más que en Israel, por el diseño de las calles, las mezquitas, la gente... En el centro se encuentra también el caravansar Khan En Umdan, un establecimiento que servía de posada para comerciantes. Tiene un gran patio porticado y una torre muy característica. Nos recordó al que vimos en Seki, Azerbayán. Por desgracia estaba cerrado por restauración y sólo pudimos echar un vistazo desde la reja de la puerta.

Antes de volver a Tel Aviv aprovechamos para comer en un establecimiento donde ponían bolas de falafel en pan de pita con todo tipo de acompañami
ento. La comida nos salió realmente barata, pues dos de éstos y dos bebidas nos costaron unos 5 euros. De camino a la estación aprovechamos para subir a las murallas y visitar una exposición de artesanías y oficios tradicionales, no demasiado interesante, pero que estaba incluida en el ticket combinado que compramos para visitar las principales atracciones.

Volvimos a Tel Aviv y tras pasar por el apartamento para ducharnos y cambiarnos de ropa nos fuimos para el Centro de Exposiciones de Tel Aviv, al norte de la ciudad. Por suerte teníamos un bus directo desde nuestra zona hasta allí, pero tardaba una hora en llegar. Como dije, el tema del transporte urbano, al menos en Tel Aviv, deja un poco que desear. También es una ciudad muy extensa, alargada, y las distancias a veces son enormes.
La primera semifinal estuvo bastante bien, pero como siempre, hubo algunas sorpresas en los resultados, y algunas de mis favoritas, como Polonia, se quedaron fuera de la final, pasando otras que no me gustaban nada como Bielorrusia.
Si la ida al Centro de Exposiciones llevaba su tiempo, la vuelta era peor. El bus directo ya no estaba operativo, y sólo podíamos coger buses que te dejaran en el centro de la ciudad y allí hacer trasbordo, pero a esas horas ya eran los últimos autobuses que pasaban y el último tramo lo tuvimos que hacer andando, más de media hora a pie.[/align]
