Por la mañana, y viajando aún por nuestra cuenta, aprovechamos el día libre para contratar un taxi que nos llevara hasta Segesta.
De camino vimos el Ponte dell'Ammiraglio, una de las construcciones normandas. Data de 1132.
Para ir en transporte público se tiene que coger la línea 1 del tranvía, cuya terminal se halla frente la fachada este de la Stazione Palermo Centrale (Estación Central de Ferrocarriles). Tiene parada frente al puente.
El 27 de mayo de 1860, las tropas al mando de Giuseppe Garibaldi, desplazándose desde la población de Gibilrossa donde se habían agrupado, atacaron por sorpresa las tropas borbónicas que vigilaban el puente. Logró vencer y entró en Palermo.
A Segesta se puede llegar en autobús desde Palermo. En teoría porque estuvimos un buen rato esperando en la parada que nos habían dicho en la Oficina de turismo y no pasó por allí. Así que, con los nervios a flor de piel, no nos quedó más remedio que contratar un taxi. Al principio el taxista nos había dado un precio elevadísimo pero en un segundo intento lo rebajó y se quedó más o menos a precio de una excursión normal. Bueno, lo aceptamos. Mejor eso que nada.
Creo que también se puede ir en tren. La estación deja a un kilómetro de Segesta pero hay muy pocos trenes al día.

Tardamos en llegar alrededor de una hora. El aparcamiento está a la entrada.
El origen de Segesta es bastante incierto. Parece que el territorio estuvo poblado por los elimos (elimi), un pueblo anterior a los griegos, que helenizaron el asentamiento del XII a.C. a su llegada a Sicilia. Desde el 580 a.C. se tiene constancia de las continuas disputas con la colonia de Selinunte.Después de la derrota sufrida pese a la ayuda ateniense, los cartagineses ofrecieron su apoyo a Segesta, destruyendo la rival Selinunte además de Agrigento, Gela e Himera en el 409 a.C.
Después Siracusa la obligó a rebelarse contra Cártago. La ciudad fue destruida en el 306 a.C.
Lo más famoso del yacimiento es su bonito templo dórico, muy bien conservado. No fue destruido como fue el caso del Partenón, sino que nunca se terminó. Una de las teorías es que el enfrentamiento con Selinunte dejó a la ciudad sin recursos suficientes. Y antes comer que terminar un templo, aunque éste sea para los dioses.

Sin embargo, hay otra teoría, bastante consensuada hoy en día, que dice que en realidad no era un templo sino una columnata levantada para solemnizar un lugar ya sagrado para los elimos. Hay 36 columnas coronadas por un arquitrabe liso y un friso dórico con metopas y triglifos, con unas medidas de 61×26 metros de largo.

Está formado por doce arcadas de distinta altura, todas de arco apuntado. Seis arcadas son las principales, encontrándose la más alta en el centro, tres en el lado norte (hacia Palermo) y dos en el lado sur (hacia Brancaccio). Otras seis arcadas, de luz más reducida, se hallan intercaladas entre las principales. Su función, además de hacer más ligera la estructura, era la de reducir la resistencia de la estructura al paso de los grandes caudales de agua creados por las periódicas aluviones que sufre la Conca d'Oro. Es muy bonito.
Subiendo por un sendero hasta el Monte Bárbaro, un poco empinado pero nada que no se pueda hacer con paciencia, llegamos a la colina donde se ubica el teatro griego. Debemos tener en cuenta que son unos dos kilómetros de subida. La otra opción es comprar un billete para que el autobús nos lleve. Parece que en esta zona era donde se ubicaba la ciudad de Selinunte.
El teatro, también bastante bien conservado,se construyó en la segunda mitad del siglo III a.C.

Su cavea mide 63 metros y se orienta hacia el norte, en contra de lo habitual en los teatros griegos. Eso es por las vistas que hay desde allí. Cuando la gente estuviera viendo una representación, el mismo paisaje que quedaba detrás ya sería bastante decorado. Y de los mejores.

Allí arriba también hay restos de un castillo normando del XII, una mezquita, y una iglesia del siglo XV.
En verano se llevan a cabo representaciones de teatro clásico.
Segesta está enclavado en un lugar espectacularmente bonito y tiene restos muy bien conservados. La entrada son 6 euros. Eso sí, si no consigues coger el autobús tendrás que caminar un buen tramo cuesta arriba (y con el sol sobre tu cabeza).