Miércoles 11 de agosto
Seguimos nuestro itinerario y hoy viajaremos unos 100 kilómetros al sur, dejando el Rin y remontando uno de sus afluentes, el río Mosela. Viajamos en tren y tenemos que hacer transbordo en Coblenza, pero ya la visitaremos dentro de un par de días, hoy pasamos de largo.
Nuestro destino hoy es Cochem , un encantador pueblecito medieval en el valle del Mosela, cubierto de viñedos y bosque.
(en la foto, la estación de tren más bonita que he visto nunca)
El pueblo es diminuto y es un enjambre de turistas, porque es parada habitual de varios cruceros fluviales.
Después de dejar las mochilas en el hotel y comer cruzamos el pueblo caminando por sus callejuelas adoquinadas para dirigirnos al castillo.
El Reichsburg no pasa desapercibido pues corona una de las colinitas más cercanas al río y es visible prácticamente desde todo el pueblo, aunque la panorámica óptima es quizás desde el puente.
La subida es pronunciada pero corta, aún así, para mayor comodidad, los fines de semana hay un shuttle.
De origen aproximado del siglo XI con carácter de fortificación, tenía una función residencial y aduanera, pues los barcos que transportaban mercancías por el río tenían que pagarle a los señores del mismo.
A finales del siglo XVII el castillo y el pueblo fueron destruidos por las tropas del rey francés Luís XIV.
Dos siglos más tarde Louis Ravené, un empresario berlinés, compró el castillo, lo reformó en el estilo imperante en la época, el neogótico, y lo equipó con mobiliario renacentista y barroco.
Hoy en día el castillo pertenece a la localidad de Cochem.
El castillo se visita con tours guiados de unos 40 minutos y son en inglés o alemán.
Visitamos varias salas con sus techos de madera policromados, candelabros suntuosos, chimeneas espléndidamente decoradas,...
Aunque hay que reconocer que nos gustó más el exterior, con sus múltiples torreones, sus tejados de pizarra y la vegetación frondosa le dan un aire de cuento de hadas, sin dejar de mencionar las hermosas vistas del valle y del río.
Regresamos al pueblo, que en realidad tiene poco por visitar, porque es enano, pero todo el pueblo es precioso.
Destaca la pintoresca plaza del mercado Marktplatz con la fuente de Martinsbrunnen, la iglesia de St. Martin cuya torre está literalmente en medio de la calle principal, y se cruza mediante un arco, o la Enderttor, un resto de una puerta medieval de piedra.
Para cenar no faltan opciones, pero todo es tan turístico que es difícil encontrar una buena relación calidad-precio.