[i]
Las últimas horas en Ciudad de México, antes de coger al mediodía un taxi de Uber hasta el aeropuerto, las paso relajado, recordando lo que ya forma parte de mi bagaje de recuerdos, por muy recientes que estén en la memoria.
Y rememoró, ya con nostalgia viajera, cuando hace dos años tomé la decisión de venir al “Ombligo de la Luna” y la pandemia trastoco todo (a los más afortunados solo nos perjudico nuestro viaje programado) cómo se inicio todo.
La compañía Aeroméxico no me quiso devolver el dinero del billete y me dio un bono con los euros que me había costado el billete ( 350 euros a gastar, en principio, hasta principios del 2021; pero que por las circunstancias de la persistencia pandémica alargaron con buen criterio hasta principios del 2022. Solo tuve que añadir 160 euros más al billete del avión.
La conquista de México del hispanista Hugh Thomas fue la influencia determinante para que eligiera nuevo destino. Me abrió a un mundo desconocido para mí a través de la Conquista de Hernán Cortés del territorio que me enseñó las fascinantes civilizaciones de la época prehispánica que habitaban, sobre todo, en el valle de Anáhuac (hoy de México). Enseñándome que la historia de las civilizaciones de Mesoamérica eran avanzadas y fascinantes pero que no estaban libres de envidias y violencia.
Durante mi tiempo de stand by antes de volar leí varios libros más de historia sobre el país. La suerte de este destino es que los mexicanos son culturalmente muy activos, además que hay muchos historiadores interesados en la historia de México, y eso provoca un torrente de información a través de libros, documentales (incluidos en you tube) e información en internet inabarcable en una vida. México es un país donde casi todas las sensibilidades viajeras pueden encontrar su espacio.
Lo que más me preocupaba. para que engañaros, en este viaje era la seguridad, un país con no muy buena fama que digamos. Entre los narcotraficantes, la trata de personas y la delincuencia no parecía el destino más apetecible. Sin embargo, tomando precauciones sin obsesionarse se puede disfrutar del país sin tener ningún percance. Los centros históricos, las autopistas y los puntos turísticos más importantes son muy seguros, es muy difícil que ocurra algo, hay que tener muy mala suerte, como el que va andando por Benidorn y recibe un balazo perdido de un tiroteo. Eso sí, no podemos ser ingenuos y pensar lo contrario porque nuestra experiencia este siendo muy plácida y tranquila. Al fin y al cabo, quienes más padecen la violencia no somos los viajeros, sino los propios mexicanos. Ellos son las verdaderas víctimas de ese mal endémico.
¿Se puede llegar a los destinos turísticos por tu cuenta, sin agencia de viajes? Por supuesto que sí. El único inconveniente que estarás más expuesto y serás más vulnerable a tener posibles episodios desagradables. Obviamente, eso no significa que tenga que ocurrirte nada. Pero, como en la lotería cuanto más números adquieres, estadísticamente, tendrás más posibilidades de que te toque.
Preparo mi mochila, quedan quince minutos para que me recoja mi conductor. Ya pagué por la aplicación de Uber mi trayecto al aeropuerto desde la calle república de CDMX: 9,06 euros. Mientras hago está ultima gestión, me doy cuenta que México no es un país muy caro, más barato que España pero bastante más caro que el sudoeste asiático.
Y antes de subir al avión, me doy cuenta que no hemos pasado ningún control de la policía de extranjería mexicana, los únicos que me han pedido el pasaporte son los agentes de hadling, en la puerta de embarque, a quienes también hemos entregado la tarjeta migratoria que nos dieron al acceder al país la policía. ¡Qué raro! Es la primera vez que me pasa no siendo un país de la unión europea.
Y qué más decir de México; pues, por decir, se puede decir muchas: alabando a sus gentes, a sus yacimientos arqueológicos, a su espectacular y diversa naturaleza, a su gastronomía; en cambio, solo diré una:
¡ QUÉ PADRE!
Bueno, os mentí, dos
¡Y DISFRUTÉN MÉXICO, CABRONES!

5*****