Cargamos la furgo temprano y comenzamos a dejar atrás La Toscana más turística para acercarnos a las montañas, a los Apeninos concretamente, y la zona elegida es el ABETONE
Conocí de su existencia gracias a Mi viaje en la Toscana, una vez más. Y en su instagram podéis conocer un montón de opciones tanto para verano como para el invierno, ya que con las primeras nieves que caen empiezan a funcionar las pistas de esquí, y durante el verano es el paraíso del trekking.
Nuestra primera parada tras dos horas de viaje es el PONTE SOSPESO, un puente colgante en el que por unos momentos nos vimos de nuevo en las montañas suizas. Muy recomendable, muy sencillo de encontrar y con múltiples opciones. Al lado tenéis también un pequeño lago donde descansar, montar un picnic o pasear. Os dejo fotos:
A nosotros nos encantó la zona, pero no podíamos entretenernos mucho, teníamos que seguir avanzando.
Continuamos ahora así hasta el mismo Abetone, y por fin el termómetro comenzó a dar tregua...bajamos hasta unos maravillosos 20º y deseé quedarme allí el resto del verano
Debajo del corazón hay un gran parking (en verano cerrado) pero lleno de terrazas donde comer o tomar algo, allí volvimos a comer los famosos bombolonis, que estaban de muerte, y unas pizzas increíblemente baratas.
Esta zona en Navidad seguro que tiene unos mercados navideños de lo más entrañables, y yo como loca de los Mercatino di Natale, me lo apunto para un futuro.
Continuamos camino hacia el paso del Appennino, y de allí dirección Portofino que era nuestro siguiente destino.
Volvimos durante unas horas a las carreteras de montaña, a los miradores rodeados de verde, a pequeños y encantadores pueblos, a curvas y más curvas, a ratos de niebla y de bajas temperaturas, en definitiva a pequeños anhelos de los veranos pasados, y fue muy reconfortante.






