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La primera vez que oí hablar sobre Hiroshima y la bomba atómica fue en casa de mis padres. Mi padre me leía un capítulo sobre la Segunda Guerra Mundial de la enciclopedia Maravillas del saber (los que tengáis ciertos años, creo que os acordareis).
En aquel fragmento, hablaban sobre la rendición de Japón y la poderosa bomba atómica. Ha llovido mucho desde entonces pero el interés que despertó en mí, se ha mantenido hasta el día de hoy. Cuando Raquel me preguntó la primera vez sí había algún lugar que no podíamos dejar de visitar, le dije sin dudarlo que Hiroshima y Nagasaki.
Hemos vuelto a repetir la visita a Hiroshima (no a Nagasaki) por dos motivos: la que os acabo de comentar, no me perdería la oportunidad de volver teniendo ocasión y habíamos quedado con Erina, una amiga japonesa de Raquel que vive aquí.
Nuestro primer día en esta ciudad amaneció despejado y con 6°C. Y desde lo alto, a través del ventanal, la perspectiva siempre es diferente que a ras de tierra. Pero como no hemos venido hasta aquí para mirar por la ventana no tardamos en ponernos en marcha.
En aquel fragmento, hablaban sobre la rendición de Japón y la poderosa bomba atómica. Ha llovido mucho desde entonces pero el interés que despertó en mí, se ha mantenido hasta el día de hoy. Cuando Raquel me preguntó la primera vez sí había algún lugar que no podíamos dejar de visitar, le dije sin dudarlo que Hiroshima y Nagasaki.
Hemos vuelto a repetir la visita a Hiroshima (no a Nagasaki) por dos motivos: la que os acabo de comentar, no me perdería la oportunidad de volver teniendo ocasión y habíamos quedado con Erina, una amiga japonesa de Raquel que vive aquí.
Nuestro primer día en esta ciudad amaneció despejado y con 6°C. Y desde lo alto, a través del ventanal, la perspectiva siempre es diferente que a ras de tierra. Pero como no hemos venido hasta aquí para mirar por la ventana no tardamos en ponernos en marcha.


Íbamos a pasar el día visitando la isla de Itsukushima (o Miyajima, como se la conoce popularmente). Para llegar hasta allí, desde el hotel cogimos el tranvía hasta la estación de Shin-Hakushina. De aquí, un tren que te deja a 5’ andando de la terminal del ferry. (Ambos son gratis con la JRPass). Os dejo unas fotos que sacamos según pasábamos por las estaciones.

Es un sitio bastante concurrido. Lo comprobamos la vez anterior y lo corroboramos en esta ocasión también. ¿Y por qué repetíamos nosotros? Tiene una explicación bien sencilla, aunque para alguna persona pueda sonarle a frikada total. El caso es que queríamos volver a fotografiar la torii de Miyajima sin andamios. Como lo oís. Pero es que entonces estaba en proceso de restauración. Y teniendo la oportunidad … jeje… además también nos faltaba de ver un templo … jeje… ¿cuela?
Y es porque por lo que hemos podido leer en internet, los trabajos de restauración completos, empezaron en junio de 2019 y debido al COVID, se han alargado más de la cuenta. De hecho, una semana posterior a que el gobierno japonés informara de que abría sus fronteras definitivamente para los turistas, en octubre de 2022 se anunciaba que, por fin, se retiraban los andamios de la torii de Miyajima. Podéis ver un video sobre la restauración aquí.
Y es porque por lo que hemos podido leer en internet, los trabajos de restauración completos, empezaron en junio de 2019 y debido al COVID, se han alargado más de la cuenta. De hecho, una semana posterior a que el gobierno japonés informara de que abría sus fronteras definitivamente para los turistas, en octubre de 2022 se anunciaba que, por fin, se retiraban los andamios de la torii de Miyajima. Podéis ver un video sobre la restauración aquí.

El trayecto en ferry es breve, apenas 15 minutos, así que no da tiempo a marearse (yo me mareo muy muy fácilmente). Tiene pinta además de que las aguas son tranquilas dentro de la bahía. De camino pueden verse bateas flotando en la superficie y es que estamos en una zona de cultivo de ostras.


Y ya desde la distancia, sabiendo hacia dónde tienes que dirigir tu mirada, te encuentras saliendo del mar a la majestuosa torii que da entrada al Santuario de Itsukushima. El nombre Itsukushima significa 'isla de adoración' y desde la antigüedad la isla en si misma ha sido adorada como si de un dios se tratara.
Aunque los primeros edificios se empezaron a construir hacia el año 593 por Saeki-no-Kuramoto, no sería hasta el siglo XII cuando Taira-no-Kiyomori lo fundó como santuario sintoísta. Se dice que construyó este santuario sobre el agua después de convertirse en el primer samurái que asumió el papel de Daijō-Daijin (el jefe del gobierno imperial).
El santuario de Itsukushima fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.
Aunque los primeros edificios se empezaron a construir hacia el año 593 por Saeki-no-Kuramoto, no sería hasta el siglo XII cuando Taira-no-Kiyomori lo fundó como santuario sintoísta. Se dice que construyó este santuario sobre el agua después de convertirse en el primer samurái que asumió el papel de Daijō-Daijin (el jefe del gobierno imperial).
El santuario de Itsukushima fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.

En cuanto descendimos y pusimos pie en tierra, nos fuimos directos a la torii. Tocaba marea alta pero no queríamos de todos modos perder demasiado tiempo porque según van pasando las horas, la luz se vuelve horrorosa (sí, cosa nuestra, lo sabemos … jaja). Teníamos el resto del día para recorrer la isla tranquilamente.

Y entonces, cuando la zona se empezó a llenar de gente, nosotros retrocedimos al principio del camino para dar una vuelta y deambular por la zona de tiendas. En un par de ellas se puede ver a través del escaparate el proceso de fabricación de unas galletas en forma de hoja de arce. Aprovechamos que había que hacer una parada técnica para visitar el Sturbucks y probar unas pocas galletas que habíamos comprado en una de los locales que os comentábamos. Las galletas por su parte salieron ¥360/2,5€ y las bebidas ¥1546/10,5€.


Y caminando por la orilla vimos que ofrecían paseos alrededor de la torii en una barca “pintoresca”, llamémosla así … jaja. Y ¡cómo no! allí que nos apuntamos. Reservamos nuestra plaza para las 11h. El paseo dura aproximadamente media horita y nos cobraron costó ¥1000/7,5€ por persona. Te ofrecen un sombreo típico de paja y el tripulante que no hace el esfuerzo de remar, va explicando la historia del lugar. Claro que fueron en japonés. Pero contamos con la ayuda de Raquel y de una japonesa que nos fue traduciendo cosas al inglés. Así que más o menos nos apañamos. Y desde el mar, con marea alta, la perspectiva cambia y a nosotros nos gustó mucho la experiencia así que os la recomendamos.

Y al acabar nos dirigimos a la zona del santuario de Itsukushima donde había mucha mucha mucha gente, con cola para entrar. Decidimos no repetir, pero para que podáis haceros una idea, os dejamos algunas imágenes. La entrada actualmente cuesta ¥300/2€.


Y como el tiempo da lo que da, no habíamos visitado alguno de los otros templos en la isla y esta era la oportunidad de hacerlo. Pero antes, nos dimos un capricho en forma de helado (¥1350/9,3€).

El templo Daisho-in es un conjunto de templos que incluye infinidad de estatuas, varios edificios y objetos religiosos. Y es uno de los templos más populares de Miyajima. Está ubicado en el lugar original donde el fundador del budismo Shingon, Kobo Daishi, comenzó por primera vez la práctica del budismo en Miyajima.
El acceso es gratuito y puedes coger una pequeña guía (en inglés) con el mapa del recorrido con los puntos interesantes.
Fuimos al acceso principal, la puerta Niomon. A ambos lados, situadas las estatuas de la guardia del rey. Se cree que los reyes Nio evitan el mal y están destinados a preservar la filosofía budista en la tierra.
El acceso es gratuito y puedes coger una pequeña guía (en inglés) con el mapa del recorrido con los puntos interesantes.
Fuimos al acceso principal, la puerta Niomon. A ambos lados, situadas las estatuas de la guardia del rey. Se cree que los reyes Nio evitan el mal y están destinados a preservar la filosofía budista en la tierra.

A lo largo de los escalones (empinados) nos fuimos encontrando con las estatuas de 500 discípulos de Shaka Nyorai. Cada una de las figuras tiene una expresión facial diferente y singular.

Por el camino, nos encontramos una pareja que estaban vestidos de una manera muy peculiar. Nos parecía que podían ser recién casados, aunque los trajes de novios tradicionales que hemos visto hasta ahora, no se parecen al que ellos llevaban. Solo les sacamos desde la parte de atrás porque quisimos ser respetuosos. Nos quedamos un poco con la intriga de saber algo más.
Y siguiéndoles, llegamos al final de los escalones y entramos en una zona donde se encuentra la oficina de información, los baños públicos y alguna tienda con amuletos. También se localiza aquí un edificio importante, el Kannon-do Hall. Accediendo a su interior, se puede ver la imagen de la diosa Kannon Bosatsu con sus once cabezas, que lleva implícito el compromiso de buscar a todas las criaturas vivientes en la tierra e intentar salvarlas. La imagen fue consagrada en el pasado en el santuario sintoísta de Itsukushima. Este acto mostraría la estrecha conexión entre el sintoísmo y el budismo.
Y siguiéndoles, llegamos al final de los escalones y entramos en una zona donde se encuentra la oficina de información, los baños públicos y alguna tienda con amuletos. También se localiza aquí un edificio importante, el Kannon-do Hall. Accediendo a su interior, se puede ver la imagen de la diosa Kannon Bosatsu con sus once cabezas, que lleva implícito el compromiso de buscar a todas las criaturas vivientes en la tierra e intentar salvarlas. La imagen fue consagrada en el pasado en el santuario sintoísta de Itsukushima. Este acto mostraría la estrecha conexión entre el sintoísmo y el budismo.

Hay un acceso a un sótano con un pasadizo con imágenes de diferentes dioses/as. Está completa y absolutamente a oscuras. Sigues el camino por inercia. No es apto para gente que tenga miedo a la oscuridad así que mejor ir acompañado y compartir el canguelo. Pero bueno, siempre queda el recurso de usar la linterna del móvil, aunque hay que intentar no abusar para no perder la esencia del lugar. Os enseñamos algunas de las imágenes que fuimos viendo. En este punto hay que decir que nos habíamos desperdigado y accedimos cada uno por nuestro lado. Así que alguna miedica, lo pasó digamos, no muy bien.

Allí donde posaras la vista, en cualquier rinconcito podías encontrar una de esas pequeñas estatuas dedicadas a los niños llamadas Warabe Jizō, cada una adoptando una postura y un gesto particular. Se dice que Jizō es considerado protector de los más débiles, protege a niños y a mujeres embarazadas. Cuida además de viajeros y peregrinos por lo que también es habitual encontrarlos en senderos y cruces de caminos. Este par de estatuas, nos pusieron una sonrisa en la cara.

En un segundo tramo de escaleras nos topamos con una especie de cubos (ruedas les llaman ellos) con unos brillantes caracteres dorados que pueden girarse. La creencia es que sí los haces girar, recibirás bendiciones según dicen, a un nivel mismo como si habrías leído un volumen del Hannya-shinkkyo, o Sutra del corazón. Ya puestos, las hicimos girar una por una.

En otro de los edificios, el Chokugan-do Hall, Fudo Myo-o (el Rey inamovible) es una figura encarnada de Dainichi Nyorai. Su feroz expresión muestra lleva implícita la determinación para destruir todo mal. Toyotomi Hideyoshi, uno de los tres grandes unificadores de Japón en el siglo XVI, rezó a esta imagen para conseguir una victoria en la guerra.
En esta misma estancia pueden verse 1.000 estatuas de Fudo Myo-o, donadas por los seguidores que vienen a rezar. Conmemoran la continuación de la sucesión del sacerdote principal (y ya van 77).
En esta misma estancia pueden verse 1.000 estatuas de Fudo Myo-o, donadas por los seguidores que vienen a rezar. Conmemoran la continuación de la sucesión del sacerdote principal (y ya van 77).

Otro espacio grandioso es la cueva Hen jyokutsu. Se encuentra iluminada tenuemente por cientos de farolillos. En este lugar se hayan los principales iconos budistas de los ochenta y ocho templos que conforman la famosa ruta de Shikoku. Resulta curioso y algo gracioso que los feligreses crean que reciben la misma bendición que aquellas personas que van peregrinando de templo en templo siguiendo la ruta, ¿eso no es trampa?

Finalizando el recorrido, junto al Daishi-do Hall volvimos a encontrarnos con unas estanterías con cientos de pequeñas estatuillas, todas diferentes y algunas con su particular atuendo que nos llamaron la atención. No podemos aportar mucha información sobre ellos porque la única indicación que pudimos encontrar, aparece en una foto, pero está cortada y en japonés.

Al final nos dieron casi las 14h y estábamos sin comer y aún quedaba volver a bajar a la zona de la torii. Al final, encontramos un pequeño restaurante al lado de un puesto que servía ostras frescas y que estaba hasta la bandera. Nosotros nos decidimos por algo más sencillo (¥2900 /19,8€).

No es que lo tuviésemos planificado, pero pensamos sobre la marcha que nos apetecía, mientras esperábamos al atardecer, subir en el teleférico que lleva hasta el mirador de Shishiiwa, a unos 430 mts. sobre el nivel del mar. El precio es de ¥2000 (13,8€) por persona y además del teleférico incluye un bus/lanzadera que te acerca hasta la primera estación. Si subes andando hasta allí, el precio del teleférico es el mismo. Sí no estamos equivocados, hay ruta para hacer la ascensión y/o descenso, caminando.



Una vez que alcanzas la altura del mirador aún tienes la opción de seguir ascendiendo hasta llegar a la cima del monte Misen que tiene 535 metros. No contábamos con mucho tiempo así que nos conformamos con las esplendidas vistas de la bahía de Hiroshima al oeste y de la isla Onasabi y otras islas dirigiendo la vista hacia el este.
Además, el teleférico cuenta con última hora de bajada y aunque en la web indicaban que en diciembre era a las 17h, nos avisaron al llegar que era a las 16h. No quisimos jugárnosla porque sí cierran, solo puedes optar por bajar a pie. Cuando vimos que la cola de espera empezaba a ser más que importante en longitud, nos arrimamos y esperamos turno.
El teleférico tiene hora para la última bajada (aunque en la web pone que, en diciembre, es a las 17h, a nosotros nos avisaron de que era a las 16h). Es por esto que cuando se aproximó la hora y vimos que se formaba cola, no quisimos arriesgarnos. Es verdad que siempre puedes bajar andando, pero no nos apetecía.
Además, el teleférico cuenta con última hora de bajada y aunque en la web indicaban que en diciembre era a las 17h, nos avisaron al llegar que era a las 16h. No quisimos jugárnosla porque sí cierran, solo puedes optar por bajar a pie. Cuando vimos que la cola de espera empezaba a ser más que importante en longitud, nos arrimamos y esperamos turno.
El teleférico tiene hora para la última bajada (aunque en la web pone que, en diciembre, es a las 17h, a nosotros nos avisaron de que era a las 16h). Es por esto que cuando se aproximó la hora y vimos que se formaba cola, no quisimos arriesgarnos. Es verdad que siempre puedes bajar andando, pero no nos apetecía.

Así a las 17h estábamos ya de nuevo en la parte del paseo y el cielo ya mostraba unos colores interesantes. La torii la vimos rodeada por unas cuerdas que impedían el poder acercarte a ella, lo que en principio pensamos que sería un incordio para las fotos porque aparecerían allí tal cual … pero también hizo que no apareciese gente tan cerca de ella, que distrajese la mirada. Yaaa, cosas nuestras … ¡lo sabemos!

La luz amarilla/ anaranjada fue tornándose azul, iluminaron la torii y fue lo más. Allí resistimos hasta que el cielo prácticamente se tiñó de negro y ya tuvimos que dejar de sacar fotos. Hicimos unas comprillas de última hora (luego me enteré que entre otras cosas fueron comprando a mis espaldas, regalos para mi cumpleaños, así que no tengo nada por lo que protestar … jejeje).

Llegamos al ferry de las 18:30h y volvimos a la estación principal de Hiroshima donde habíamos quedado con Erina (la amiga japonesa de Raquel) que nos había invitado a cenar a su casa. No parece ser muy habitual recibir una invitación así. Pero Erina resulta que es una chica extrovertida y sonrisa contagiosa. Con Raquel, la charla transcurrió en japonés como no podía ser de otro modo. Con nosotros, en inglés.
Sobre las 20h nos sirvió la cena, que ella misma había cocinado (si miráis en su Instagram, @dinosaur__e, veréis que le gusta cocinar y que se le da de maravilla). No dejamos nada en el plato. Todo nos supo delicioso. Acompañado por té (agua para mi) y como no había que conducir, pues rematamos la velada con un poco de sake (sabor limón) que, aunque no tiene demasiado alcohol, estáis hablando con tres que no bebían desde hace siglos, así que algo achispadillos sí que terminamos…. Jaja..
Sobre las 20h nos sirvió la cena, que ella misma había cocinado (si miráis en su Instagram, @dinosaur__e, veréis que le gusta cocinar y que se le da de maravilla). No dejamos nada en el plato. Todo nos supo delicioso. Acompañado por té (agua para mi) y como no había que conducir, pues rematamos la velada con un poco de sake (sabor limón) que, aunque no tiene demasiado alcohol, estáis hablando con tres que no bebían desde hace siglos, así que algo achispadillos sí que terminamos…. Jaja..

Mientras cenábamos, charlábamos y nos echábamos unas risas, Erina tenía puesta la tele con algún anime que Raquel también estaba viendo en casa….¡para qué quieres más! Esta mujer es una auténtica crack imitando a los personajes … ¡era como estar inmerso en el propio anime!
Para las 22:30 pensamos que ya era hora de ir retirándonos y aunque no estábamos demasiado lejos del hotel, insistió en acompañarnos. En la calle la temperatura era agradable, sobre 10°C. Así que nos dimos un paseo nocturno en muy buena compañía, sacando alguna que otra foto, como la que os pongo a continuación desde el puente Miyuki que cruza el río Kyobashi.
Para las 22:30 pensamos que ya era hora de ir retirándonos y aunque no estábamos demasiado lejos del hotel, insistió en acompañarnos. En la calle la temperatura era agradable, sobre 10°C. Así que nos dimos un paseo nocturno en muy buena compañía, sacando alguna que otra foto, como la que os pongo a continuación desde el puente Miyuki que cruza el río Kyobashi.

Cuando llegamos al hotel (nos acompañó hasta la puerta), nos despedimos hasta la mañana siguiente porque el plan era pasar el día juntos. Aprovechamos que teníamos el konbini muy a mano para comprar el desayuno (¥2001 /13,7€).
*** final del día 12 ***
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