A continuación, fuimos caminando hasta una de las principales atracciones de Samarcanda y, desde luego, la más conocida, que se nos fue mostrando poco a poco.

Plaza Registan.
En Asia Central, a las plazas principales de las ciudades se les solía llamar “Registan”, que significa “lugar de arena”, lo que, según una lúgubre leyenda, se debía a que era el lugar donde se realizaban las ejecuciones públicas, por lo que el suelo se cubría de arena para absorber la sangre. Independientemente de que sea cierto o no, allí se reunía la gente para escuchar las leyes y decretos, que se anunciaban a golpe de trompeta antes de publicarse. Su aspecto actual data del siglo XVII. Dicen que es una de las plazas más bellas del mundo y no seré yo quien lo discuta, ya que me pareció sencillamente fantástica; uno de los esos sitios mágicos que siempre mantienes en el recuerdo. Personalmente, no se me olvidará la impresión que me produjo contemplarla por primera vez.

Hay un par de miradores elevados desde donde se puede vislumbrar todo el espectacular conjunto, sin que lo empañase el toldo y el andamio colocados sobre una pequeña cúpula en restauración. Aunque está muy concurrida, es tan grande que tampoco importa mucho, pues el diminuto tamaño de las personas no hace sino realzar su magnificencia y la de sus tres madrazas, situadas de frente, a la derecha y a la izquierda, que configuran un inmenso espacio rectangular.

Después de quedarnos embobados mirando la plaza desde todas las perspectivas y hacer mil fotos, tocaba bajar a su centro y visitar los edificios. El acceso a la plaza está cerrado por una verja y el recorrido interior es de pago, creo que el precio oficial asciende a 50.000 soms (algo menos de 5 euros).


Madraza de Ulug Beg (1417/1420).
Mandada construir por Ulug Beg, el monarca astrónomo y poeta, nieto de Timur, a su alrededor, erigió una mezquita y diversos caravasares, que dos siglos después fueron sustituidos por las otras dos madrazas que vemos ahora. Además de los colores característicos de Samarcanda, el blanco, el azul y el celeste, el uso de otros tonos sugiere la participación de artistas de otros lugares.

De grandes dimensiones, con portada abierta, está flanqueada por dos salas de lectura corondas por cúpulas y cuatro nichos simétricos en cada una. Las esquinas tienen alminares de planta circular y posee también una pequeña mezquita. Cuenta con dos minaretes, a uno de los cuales se puede subir previo pago. Nos contaron, y creo que es cierto, que no merece mucho la pena porque las vistas no son buenas, ya que el espacio es muy estrecho y apenas se puede sacar la cabeza hacia el exterior. Así que no subí. El portal está adornado con diseños de estrellas de diez puntas que simbolizan el cielo y la astronomía.


Cruzando la puerta, se accede a un patio cuadrado con entradas hacia las estancias de los estudiantes, aproximadamente un centenar, y a las aulas. En el piso de abajo se impartían las clases y conferencias, mientras que el piso de arriba era el destinado a los alojamientos. Este suele ser el patrón general de las madrazas, al menos de casi todas las que veríamos en Uzbekistán.


El interior está cubierto de ladrillos acristalados que forjan adornos muy bellos en las paredes, con ladrillos y azulejos formando dibujos geométricos, estrellas y flores. También tiene una zona de museo bastante interesante, decorado con temas astronómicos y matemáticos en homenaje a su mecenas, como no podía ser menos.


En el patio, hay muchos vendedores que ofrecen objetos de todo tipo, ropa y recuerdos a los turistas. Pero, bueno, tampoco pasa nada. Cada cual tiene que ganarse el sustento como puede y, supongo, que estas gentes pagarán lo suyo por ponerse ahí.

Madraza de Sher-Dor (1619/1636)
La mandó construir el gobernador Yalangtush enfrente de la anterior, como si fuese su reflejo, aunque resultó un poco más alta. Son muy bonitas las dos cúpulas situadas a ambos lados del iwam.

Su nombre significa “adornado con tigres”, en referencia a las dos figuras de felinos que decoran la colorida fachada, sosteniendo al sol naciente en sus espaldas. Sin embargo, no hay unanimidad sobre si se trata de tigres o de leones: que cada cual dé su opinión. Además, aparecen ciervos, cervatillos y rostros humanos en los discos solares, detalles muy interesantes, dado que la representación de personas y animales no es habitual en el arte musulmán.



El patio interior guarda prácticamente la misma disposición que la Madraza de Ulug Beg, aunque sin mezquita. Como en la anterior, también hay tiendas y vendedores dentro. Se restauró a finales del siglo XX.



Madraza Tilya-Kori (1646/1550).
Igualmente construida por el gobernador Yalangtush, parece que, además de madraza, tuvo la función de gran mezquita, dado el estado ruinoso que presentaba la Mezquita de Bibi-Khanun a mediados del siglo XVII. Tenía algún andamio y unos toldos porque se están realizando obras de restauración, pero no estorbaban demasiado.



El patio resulta espectacular y la cúpula, de un precioso color turquesa, se merece contemplarla fijamente, desde varias perspectivas. Se ve mejor desde el exterior, en la entrada de la Madraza Ulug Beg. Una maravilla.




Su nombre alude a los relieves dorados sobre fondo azul que adornan su mirahb. El interior es realmente bonito, con el interior de una cúpula que resplandece, recubierta de mocárabes, nichos y azulejos que forman dibujos, estrellas y caligrafías, todo enmarcado con cenefas de oro. Merece la pena verlo con tranquilidad. Las fotos salen muy chulas.



Tras mucho rato yendo y viniendo de una madraza a otra, entrando y saliendo a los patios y haciendo mil fotos, al abandonar definitivamente el recinto cerrado me fijé en un cartel que anunciaba el espectáculo de luz y sonido que se celebra por las noches en la plaza. Lo había oído comentar y me alegró confirmar que aquella noche podríamos verlo
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