Este día es el típico rollo de los viajes, lo bonito de vivir experiencias y demás... Pues me han tocado las experiencias que uno no quiere vivir, un día para borrar
En Guatemala, el transporte público consiste en lo que se llaman chicken buses. Los chicken buses realmente no son públicos. Cada empresa tiene sus líneas, pero son el medio de transporte más barato y, a la vez, el más peligroso. Hay varias empresas por línea, por lo que compiten entre ellas por los pasajeros. Son los típicos autobuses escolares americanos tuneados con la música a tope y frases cristianas junto a frases de carácter sexual. Normalmente va el conductor y dos ayudantes que se encargan de ir gritando el destino, bajar en los cruces para parar el tráfico y que pase el chicken bus, subir arriba y colocar el equipaje... Todo esto con el bus en marcha. El bus, además, tiene una suspensión nula, por lo que, si te sientas atrás, puede ser incluso peligroso para la espalda cuando pilla baches. Por eso, toda la gente se apelotona delante, aunque haya espacio atrás. La gente viaja con animales, con mercancía, borrachos... y la música modo discoteca a las 4 de la mañana. En cada asiento se llegan a sentar apretadas tres personas, pero llegan a meterse hasta cinco si hay niños. El espacio para las piernas es minúsculo, yo voy con las rodillas encajadas. A esto le sumas la mochila entre las piernas, pues imagina la tortura. Además, la velocidad a la que viajan es demencial. Pueden ir a 50 km/h como mucho, lo cual puede no parecer mucho, pero cuando es entre curvas, adelantando en línea continua, por ripio... Parece que vayas a morir a la velocidad de la luz. Cuando adelantan en doble fila, les da igual que venga un coche de frente; si este es más pequeño que el bus, se tiene que echar a un lado y pararse. El bus solo cede ante otro bus o un camión. El bus pasa sí o sí. Es demencial y la tasa de accidentes es elevadísima, siempre porque se terminan despeñando o por choques frontales. Hay momentos en los que la gente literalmente reza. Pues en estas máquinas de la muerte he pasado casi 12 horas hoy.
A las 7 he cogido un bus de Xela a Huehue. Tres horas. De Huehue, otro a la frontera de La Mesía/ Las Champas. Otras tres horas. He llegado a la frontera reventado de las 6 horas y aun me quedaba pillar otro bus hasta Comitán en Chiapas. Cuando he llegado a la frontera, he sellado la salida y he ido en taxi colectivo a la oficina de inmigración de México. Aquí la frontera es abierta, no hay un control concreto, no hay ni siquiera policía por ningún lado. La gente entra y sale y uno sella el pasaporte por buena fe. A los únicos que les hacen control es a los coches en el lado guatemalteco, pero poca cosa por lo que se ve. En el lado de México no hay ningún tipo de control, ni de coches siquiera. No he visto ni una sola persona que perteneciera a policía o ejercito
Cuando he llegado a la oficina de migración de México, la funcionaria me ha dicho que no me sella el pasaporte. Literalmente me ha dicho que esto es una zona en guerra, que aquí no hay nada que ver y que me vuelva a Guatemala. Dice que la situación está peligrosísima. Hay una guerra entre el cartel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación. Actualmente no hay ni policía en Chiapas y está todo controlado por los narcos. Unos kilómetros más adelante de la frontera, antes de Cuauhtémoc, dice que hay un bloqueo de los narcos. Es imposible ir en bus porque no hay. Los taxis tampoco van y solo podría ir haciendo dedo en coche particular. Aun así, en el bloqueo me dice que quizá por ser gringo me dejen pasar, pero que también puede ser que me detengan para ser soltado a cambio de una "multa". Vamos, un secuestro. Me dice que lo que están pidiendo de liberación puede rondar los 5000$. La mujer dice que Dios sabe qué podría pasar, pero que ella no iría ni de broma. Todo esto me lo decía en voz baja insistiendo que no me sella el pasaporte.
Ante la duda, he salido fuera y le he preguntado a un taxista y me ha confirmado lo mismo que la funcionaria. Dice que hay días que no hay ningún problema y días como hoy que hay bloqueos, que es aleatorio. Me dice que la única manera de llegar a Chiapas con seguridad es, o bien con un avión a San Cristobal desde Ciudad de Guatemala, o por el puesto fronterizo de Talismán, cerca de la costa. Me llevaría más de dos días llegar a San Cristobal por ahí. Hay otro puesto fronterizo cercano que se llama Gracias a Dios pero que allí la cosa está incluso peor que aquí. Le he preguntado a dos guatemaltecos que estaban sellando me han dicho que ellos me llevarían, pero que no pueden porque Dios sabe qué les puede pasar siendo dos guatemaltecos con un gringo en el coche, ellos de por sí ya van con miedo pero no les queda otra. La gente literalmente reflejaba miedo. No le he dado más vueltas. He vuelto a la frontera, le he dado las gracias a la chica y vuelta a la frontera de Guatemala. Ahí me han vuelto a decir que toda la frontera es muy peligrosa y pues nada, fin de Chiapas. 4 días después de lo que relato, y justo en el mismo punto en el que me encontraba, secuestraron a 10 guatemaltecos. La cosa está seria. NOTICIA AQUÍ
Hay que saber donde está el límite. Todos son risas y experiencias "Wanderlust" hasta que te secuestran los narcos habiéndote avisado con antelación. El problema es que yo día antes había buscado información y no pude encontrar ninguna información que me desaconsejara el cruce de manera tan tajante como lo que me encontré al llegar a la aduana. A la vista está que la gente sigue haciendo turismo por San Critobal de las Casas y demás pero el cruce de frontera parece ser tierra de nadie.
Me he vuelto a meter en un chicken bus, otras seis horas ahí metido. He llegado a Xela a las 19:30. Ha sido una absoluta pesadilla de día. La última hora, ya de noche, hasta me daban ganas de llorar. Me han dado ganas de bajarme a cinco kilómetros en pleno atasco e irme andando. Encima, el conductor viajaba con la novia en el asiento de atrás y se ha dedicado a poner rancheras románticas durante seis horas, mezcladas con reguetón y música en inglés romántico casposa, tipo Celine Dion, mientras conducía como un suicida mirándole a los ojos por el retrovisor. Que digo yo que ya le podría haber demostrado el amor conduciendo de forma prudente. 12 horas hacinado, con la mochila entre las piernas, calor, animales, música, vendedores, baches...
Para colmo, el bus en Xela nos ha dejado en medio de un polígono industrial a las afueras y me dicen que en la calle de enfrente se coge otro chicken bus para el centro. Una mierda para ellos. He pillado un Uber que por dos euros me ha llevado al mismo alojamiento de anoche, menos mal que tenían habitación y no he tenido que marear.
Desorientado perdido y sin apenas haber comido en todo el día, mas que cuatro empandas gorrineras de las que venden en los buses, me he ido a cenar pollo con patatas y, como si fuera medio borracho, me he duchado y a dormir. Qué locura.
Reestructuro el viaje yendo mañana en BUS NORMAL a la ciudad de Guatemala y el martes un avión a Flores para continuar el viaje tal como lo había pensado después de visitar Chiapas. Me quedo sin visitar Chiapas, ya habrá otra oportunidad y ya veré a donde voy si me sobra tiempo porque no me apetece pisar México por la zona de Yucatán