Ha estado toda la noche diluviando. Me he despertado a las 4:30 en pleno diluvio para dejar recogida la mochila. La fiesta garífuna del Yurumei es al amanecer, pero lloviendo, mal vamos. A la hora ha dejado de llover y me he animado a ir a la playa de Capitanía, donde se hace la celebración. En ESTA ETAPA del blog de Belice explico en qué consiste la fiesta del asentamiento Garífuna.
Poco ambiente al principio. Según amanecía, iban llegando garífunas con vestidos típicos. Mientras que en Hopkins se vestían con motivos vegetales y trajes coloridos, aquí visten más como de época. Hay bastante diferencia en la vestimenta. Van juntándose bastante gente, muchos de ellos van de empalmada desde anoche. Los tambores tienen menos protagonismo que en Hopkins y solo empiezan a tocarlos cuando se aproxima el barco garífuna. El barco está hecho de bambú y encima van cantando y bailando. Al llegar a la orilla, el funcionamiento es igual que en Hopkins: tambores, banderas y desfilando hasta la iglesia. Me ha gustado, es bonito, pero me quedo con el de Hopkins. Lo vi más familiar y con menos turistas. Más allá de las comparaciones la celebración es preciosa y merece mucho la pena cuadrar fechas para verla.
Para las 8:30 he vuelto al alojamiento. He desayunado un par de bollos de la panadería y a las 9 nos ha recogido el barco que nos lleva a Río Dulce. La navegación hasta el pueblo de Río Dulce es por el río del mismo nombre. Es una navegación muy bonita, el río encañonado rodeado de selva y manglar. Las cervezas de ayer y haber dormido 4 horas me han hecho pegarme un pestañeo con el runrún del barco, he intentado aguantar pero me pasaba como cuando uno cabecea en el coche. No podía evitarlo.
Al llegar a Río Dulce nos ha tocado esperar tres horas hasta la furgoneta que nos lleva a Lanquín. Río Dulce es un pueblo horrendo, pero tiene bares en la orilla del río enfocados al turismo que son idílicos. En una calle estás en un pozo de miseria, cruzas una calle y estás en una terracita en la orilla del río especial.
A las 14 ha llegado por fin la furgoneta. 7 horas hasta Lanquín con un conductor medio suicida. Pablo le iba dando charleta y al final nos ha contado su vida entera. El pobre está recién divorciado porque, según su mujer, solo trabaja, pero claramente ha sido por fallas en la fidelidad. Dice que tiene ya tres novias por Cobán. Nos ha dicho que para ligar no hay que buscar a las indígenas, que esas son caras de mantener; las baratas son las que visten con ropa americana. Un personaje bueno. Dice que los europeos parece que no tenemos emociones porque vienen con sus mujeres y mientras sus mujeres hablan con él, sus maridos no dicen nada. Aquí eso sería inviable, se cela mucho y tu mujer nunca te dejaría hablar con otra ni al revés. Dice que las españolas tienen que ser bien bravas para que el marido esté callado. Ha hecho un repaso de la situación de las prostitutas en Guatemala, para terminar hablando de cómo emigrar a EE.UU. de forma ilegal. Todo con una normalidad pasmosa.
Hemos llegado a Lanquín a las 21:30. Lo bueno de ir acompañado es que hemos podido pillar una habitación con dos camas dobles y aseo privado que me sale por el mismo precio en el que están las habitaciones compartidas con 10.
Hoy día bonito e intenso. Termino fundido.