Después de las 14 horas de autobús que pasamos en el tour a los Doce Apóstoles, desistimos de hacer otra escapada por los alrededores de Melbourne y dedicar el día que nos quedaba a una visita relajada por la parte más céntrica de la ciudad.
Nuestro hotel estaba bastante bien situado (en Spencer Street), así que, caminando, se podía llegar a algunos de los sitios recomendados en las páginas de "qué ver en un día en ..." que tan útiles resultan para estas ocasiones.
Nos dimos una vuelta por el Queen Victoria Market, el inmenso mercado abierto en el siglo XIX donde, aparte de productos frescos, hay pequeños restaurantes y terrazas para sentarse a desayunar o comer.
Muy cerca del mercado se encuentra la Biblioteca Estatal de Victoria, también en un edificio de estilo victoriano, a la que se puede acceder de forma gratuita. Creo que entra más gente a hacer fotos que a consultar libros.
Siguiendo el recorrido, nos dejamos caer por Chinatown, con un aspecto bastante más moderno y limpio que los barrios chinos de otras grandes ciudades. En las fechas en que estuvimos andaban con las celebraciones del año nuevo chino.

Bajamos por Flinders Street hasta la estación y pasamos junto a la catedral de St. Paul, cerca de ella el Forum Thatre y, en frente, la Federation Square, en la que habían instalado una pantalla gigante para seguir el Open de Australia de tenis que se estaba jugando esos días.

Por la plaza se accede al Princes Bridge, sobre el río Yarra, desde el que hay unas magníficas vistas de la ciudad. Era viernes al mediodía y habían terminado los trabajos. Los bares y restaurantes de ambas orillas del río tenían una gran animación, había un restaurante español en un pontón flotante sobre el río especialmente abarrotado.
Después de recorrernos las dos márgenes del río entre los puentes Prince y Queens, comimos en un restaurante belga a orillas del río, algo caro, pero de calidad. Después de comer, nos acercamos al rascacielos Australia 108, terminado de construir en 2.020 y que, con sus 317 metros de altura, es el edificio más alto de Australia.

Sin abandonar la parte céntrica estuvimos callejeando hasta el atardecer. Habíamos pensado en ir a la playa de St. Kilda donde, al parecer, se pueden ver pingüinos azules que son los más pequeños del mundo. Al día siguiente teníamos que levantarnos a las cuatro de la mañana para ir al aeropuerto para irnos a Nueva Zelanda. Con el convencimiento de que allí íbamos a poder verlos también, cambiamos nuestros planes y nos fuimos a comernos una pizza en las cercanías de nuestro hotel.
Sin ser yo, ni de lejos, un forofo del turismo de ciudades, lo que vi de Melbourne me dejó una muy grata impresión. Prescindiendo del patrimonio cultural de nuestras grandes ciudades europeas, yo diría que, como metrópoli , se encuentra ya un paso por delante de ellas.
De vuelta al hotel, mi mujer me dice que lleva varios días con molestias en un ojo, que tiene irritado. Parece un orzuelo. Usando el teleobjetivo de mi cámara le hice una foto y la amplié con el zoom digital. En el párpado inferior, entre las pestañas, tenía una garrapata que se le debió de enganchar en uno de los senderos por las selvas de Tailandia. Se la quité con unas pinzas de depilar y a esperar que no apareciera fiebre.
Tocaba de nuevo hacer las maletas y cambiar de destino: la Isla Sur de Nueva Zelanda.
Combinado Australia y Nueva Zelanda por libre