Este día en Bangkok era libre. Sabíamos que siempre hay multitudes para ver el Gran Palacio, así que queríamos estar de las primeras en la puerta, antes de que abrieran, así que, escarmentadas con los atascos, a las siete de la mañana ya habíamos desayunado. Pedimos un Grab (150 bahts) y nos trasladó a la esquina a la que pueden acceder los vehículos, que no llegan hasta la misma puerta por motivos de seguridad. Por el camino, vimos varias cosillas y también nos volvimos a encontrar con el habitural maremagnum de coches y, sobre todo, de motos, situándose en fila en los semáforos para salir antes que los coches, lo mismo que aquí, pero allí son cientos.

Gran Palacio.
A las ocho y cuarto, ya nos topamos con una buena fila frente a las taquillas. El horario es de 08:30 a 15:30, bastante corto en relación con otros monumentos, templos y atracciones. El precio es de 500 bahts y la entrada incluye el acceso a una exhibición de danzas y a un par de museos a los que no fuimos. Si se desea adquirir una audioguía (hay en nueve idiomas incluido el español), cuesta 200 bahts adicionales. No la compramos.
Pintura mural de cómo era el Palacion en origen (arriba) y mapa de la situación actual (abajo).



Como ya he mencionado, hay un control de entrada y las normas de vestimenta se aplican a rajatabla, sobre todo lo de cubrirse los hombros y las rodillas; se puede ir con camiseta de manga corta. El recinto es muy grande, pero no se puede recorrer entero. Para evitar decepciones, hay que tener en cuenta que no está permitido el acceso al interior de los palacios, que solo se ven por fuera, excepto Wat Phra Kaew, el Templo del Buda Esmeralda, al que sí se puede entrar. Aun así, en mi opinión, merece la pena el desembolso porque las construcciones son realmente bonitas. Bueno, salvo que se esté al final del viaje y se piense que visto un templo, vistos todos, como llegué a escuchar. Cada cual tiene sus gustos y prioridades.




El Gran Palacio de Bangkok es un complejo de edificios que alojó a los reyes de Tailandia desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. En 1946, Bhumibol Adulyadej, Rama V, trasladó su residencia privada al Palacio Chitralada.


Rama I inició la construcción del complejo palaciego en 1782, cuando decidió trasladar la capital a Bangkok desde Thonburi. En la zona elegida habitaban por entonces comerciantes chinos, que tuvieron que trasladarse al actual Chinatown, en Yaowarat. Con una superficie de 218.000 m2, se encuentra al este del río Chao Phraya, a cuyas orillas se asoma, y está protegido por un muro de color blanco de casi dos kilómetros de longitud.

Al trazar el Gran Palacio, se siguió el patrón del de Ayutthaya, de forma rectangular, con el lado oeste hacia el río, el templo real en el este y con todas las estructuras orientadas hacia el norte. Además de la decoración tailandesa tradicional, también aparecen elementos de influencia china y europea.


La panorámica es fantástica ya nada más pasar el Centro de Recepción de Visitantes, de cara a las Ocho Torres Prang, de estilo Khmer y que se refieren a distintos preceptos budistas. Están protegidas por un gran número de estatuas de guerreros de piedra. Tras pasar una puerta donde tuvimos que enseñar la entrada, nos imbuimos en la zona más bella de todo el recinto, donde se halla el templo. De carácter religioso, comprende varios edificios decorados con cerámica y mosaicos de porcelana, tallas de madera y tejados picudos adornados con figuras de serpientes sagradas. Las fachadas, doradas o no, destellaban en multitud de colores increíblemente brillantes a la luz del sol.



Las galerías que rodean esta parte del complejo están cubiertas por 178 preciosos murales, cuyas pinturas narran el Ramakien, una adaptación del Ramayana hindú, que relata la leyenda del héroe tailandés Phra Ram, un mítico rey de Ayutthaya. Se dice que en su redacción intervinieron los reyes Rama I y Rama II. En cualquier caso, las pinturas me parecieron preciosas.






Algunos edificios conservan las cenizas de personajes reales, el Panteón Real contiene estatuas que representan a los reyes de la dinastía Chakri, la Biblioteca Budista posee unas fantásticas puertas de nácar y en el mondop se custodian las escrituras sagradas. Hay varias capillas con imágenes de Buda, seis parejas de demonios gigantes –Yakshas- protegen las puertas de entrada al recinto y criaturas mitológicas surgen por todas partes.


La pagoda aparece cubierta de mosaicos dorados y frente a ella se ha instalado una maqueta en arenisca de los Templos Camboyanos de Angkor. Y tampoco falta una escultura dedicada al Doctor Hermit, el padre de las hierbas medicinales tailandesas.


Wat Phra Kaew, el Templo del Buda Esmeralda.
Con la particularidad de que no está custodiado por monjes, es el templo budista más importante de Tailandia, ya que alberga en su interior su principal icono religioso: el Buda Esmeralda, considerado protector del país. Según la leyenda, su origen se halla en la India del siglo I A.C. En un devenir truculento propiciado por las guerras y la codicia de los ejércitos, supuestamente viajó por Sri Lanka, Birmania, Vietnam y Camboya. También estuvo en Chiang Mai, en una estupa del templo de Chedi Luang. En 1779, Rama I lo llevó a Bangkok desde Laos. En cualquier caso, esta historia se refiere más al símbolo que a la figura en sí, que se cree datada entre los siglos XIV y XV.

Para pasar al interior del templo hay que descalzarse, por supuesto. En las escaleras, nos entregaron una bolsa para llevar los zapatos, pues el gentío haría muy complicado dejarlos en el suelo o en estantes. Al salir, se devuelve la bolsa. En la gran sala sagrada hay bellos murales. El Buda Esmeralda es muy pequeño, pues apenas mide medio metro de alto. Está hecho de jade, aunque el color verde solo lo apreciamos en la cara, pues el cuerpo estaba vestido con ricos ropajes dorados. Dispone de tres atuendos diferentes, uno para cada época del año (invierno, verano y lluvias). El cambio de ropas requiere una ceremonia solemne, con la presencia del rey o algún miembro de su familia, y se celebra coincidiendo con el primer menguante de los meses lunares, marzo, agosto y noviembre. Así que le vimos vestido de invierno. Aunque en el interior del templo está prohibido hacer fotos, no hay inconveniente en fotografiar al buda desde el exterior, a través de una ventana que permanece abierta, utilizando el zoom de la cámara o el móvil.

Frente al templo, hay un lugar destinado a las ofrendas. El conjunto forma un panorama bonito y lleno de color.


Residencias y edificios administrativos y militares.
Tras abandonar el recinto religioso, unos indicadores nos fueron conduciendo hacia la salida, que todavía teníamos bastante lejos, de modo que por el camino aún fuimos contemplando edificios muy interesantes, como la que fue residencia real y donde aún acuden mandatarios extranjeros y se celebran ceremonias de Estado.



