Después de desayunar me recoge Stewart con su hermano Patrick para ir a su aldea natal. Es una de las partes más especiales para mí. Estaré siempre agradecido a Stewart por haberme dado la oportunidad de vivir dos días en la aldea junto a él y su familia como si fuera uno más. Pude experimentar eso que deseamos todos los viajeros: llegar a un lugar y no ser un turista. En general eso no es posible, de alguna manera esta vez tampoco lo fue, pero al menos durante un par de días pude vivir con la comunidad.
Para quien quiera buscarlo el pueblo se llama Nakamane, pero eso es lo de menos. Este lugar es especial para mí por la gente que ahí conocí. Cualquiera puede llegar, pero verá un grupo de casas dispersas a los lados de una carretera sin asfaltar, quizá algunos niños jugando a los lados de la carretera que le saludan desde la distancia. Lo especial es entrar en la comunidad. Fuera de las zonas turísticas, que yo sepa, no es posible salvo que tengas la suerte de conocer a alguno de sus miembros, como es mi caso.

Para seguir el orden de mi narración, cuando me recogieron con el coche fuimos a comprar comida y agua antes de partir. Tardamos menos de una hora en llegar. Un grupo de gente estaba delante de un edificio (creo que el único del pueblo), algo así como un centro cívico construido por una ong rusa, o eso creí entender. Allí charlaban y pasaban la tarde. Stewart me presentó a su tío, su primo y algunos otros familiares.
Cuando estaba atardeciendo nos dirigimos a una zona más abierta. Stewart había convencido a algunos de los ancianos de la comunidad para hacer uno de sus bailes. Lo que empezó con 4 o 5 hombres cantando y bailando acabó atrayendo a más de 30 personas. Bailé, sí, y mucho. Canté, no, ojalá hubiera sabido. Creo que la mejor forma de describir la escena es que me sentí dentro de un documental de La2.

Después del baile fuimos a saludar a la persona más anciana de la comunidad, una persona reverenciada por todos. Cuanto más mayor, más sabio, y ahí se mantiene ese respeto y esa admiración.
Fuimos a cenar a la casa de una tía de Stewart y, tras eso, a dormir.