Empezamos el día de nuevo madrugando. Hoy vamos al Parque Nacional de Krka, a cincuenta minutos de Zadar. El parque tiene una zona de cascadas tipo Plitvice y luego un cañón que se puede visitar en barco o en coche. Accedes desde un pueblo que se llama Lozovac, en autobús, o desde Skradin, en barco, que es lo suyo. Las entradas,como en Plitvice, se compran on line previamente.
El primer barco sale a las ocho, así que hemos arrancado a las siete para llegar al pueblecito idílico de Skradin a orillas del río Krka, sin más ruido que los pájaros y las gaviotas. Hemos subido al barco a las ocho junto con tres parejas más. El recorrido en barco son unos veinte minutos. Se hace por un cañón. A primera hora se encuentra con nubes bajas enganchadas en los árboles. El agua como un plato y cisnes durante todo el tramo. Al pasar un recodo se ven las cascadas a lo lejos, hasta tenerlas a los pies en el puerto donde te deja el barquito. Merece la pena el paseo en barco.
Al igual que en Plitvice, aquí hay una infraestructura destinada a muchísima gente, pero la gente no es de madrugar y a primera hora hemos podido recorrer las cascadas a placer junto con las tres parejas que había en el barco. La zona de cascadas es más pequeña que la de ayer pero no menos bonita. Son cascadas escalonadas por las que vas andando por un entablado y por zonas con museos de oficios artesanales y restaurantes. Al final se recorren unos entablados sobre el lago entre cientos de higueras, con patos, ranas y la primavera en todo lo suyo. Las cascadas se recorren en dos horitas de forma tranquila. El tiempo ha acompañado y para las diez y media hemos pillado el barco de vuelta. Ya en el puerto, un autobús entero esperaba para poder subir al barco. Solo tres horas de diferencia y lo que antes éramos siete personas pasa a ser más de cincuenta, si esto es así en época baja sospecho que Croacia en verano debe tener problemas con la saturación turística.
Desde el pueblecito de Skradin hemos cogido el coche para ir a la otra punta del parque, a un sitio que se llama Roški Slap. Hemos ido parando en un par de miradores. El primero, un mirador frente al monasterio de Visovac, un monasterio en una islita en medio del río Krka. Por el camino hemos ido buscando alguna orquídea con la suerte de encontrar una la orquidea purpurea que tenemos también en Murcia.
En este primer mirador hemos comido nuestro bocadillo al sol mientras Cosa mendigaba trozos de jamón york. De ahí hemos ido a otro mirador que había visto sobre el mapa y que tenía buena pinta. Un mirador que no está en Google y del que solo hay un pequeño cartel que indica el desvío. Mirador Rogovo.
Para llegar hasta este mirador hay que tirar por una carreterucha que termina en un camino de tierra. Tras unos kilómetros se llega a una zona donde dejar el coche y desde ahí hay un paseíllo de un kilómetro que se anda por la parte alta del cañón hasta llegar a un punto espectacular. La llegada ha sido bastante épica. Al otro lado del cañón se ha formado una tormenta de verano increíble. Ha comenzado a relampaguear, cayendo unos truenos muy bestias. Hemos llegado al mirador medio corriendo para encontrarnos unas vistas burrísimas. A un lado el monasterio de Visovac en medio del río, y al otro lado el cañón del Krka con la cascada de Roški Slap al fondo, y frente a nosotros un muro de agua con relámpagos. Tremendo. El mirador es sin duda de las vistas más bonitas del viaje. Me sorprende lo poco anunciado que está, no aparece ni en Google. Hemos hecho las fotos de rigor y viendo que la tormenta y los truenos se acercaban cada vez más, hemos apretado el culo hasta el coche con Cosita en brazos, que no estaba la cosa para que fuera oliendo todas las flores y piedras que se encuentra.
Ya en el coche hemos llegado hasta la parte final del cañón, a la zona de Roški Slap. Aquí hemos bajado a ver la cascada y es cuando la nube que teníamos encima se ha caído sobre nosotros. En un segundo ha empezado a caer la del siglo. Qué burrada. Nos hemos podido refugiar en un antiguo molino rehabilitado, y durante veinte minutos ha estado cayendo a rabiar. He podido hacer una foto de la cascada justo cuando ha empezado a llover y otra veinte minutos después, cuando ha salido el sol.
Ya con sol hemos salido del molino y hemos hecho una rutilla de dos kilómetros que recorre la zona de pequeños saltos escalonados por los que emerge el río Krka al cañón. Es una zona bonita, no tan espectacular como la de esta mañana, pero muy tranquila y cuidada. Aquí la idea era comer, pero resulta que está todo cerrado y solo abren en verano. De vuelta al coche nos hemos conformado con unas patatas y unas almendras. Hay que reconer que bastante triste.
Del parque hemos salido sobre las tres hacia Šibenik. Hemos evitado el peaje para llegar por caminos rurales totalmente de postal. Muy bonita la zona. Poco antes de las cuatro hemos llegado a Šibenik.
Šibenik es donde se rodó Juego de Tronos, la ciudad de Braavos, y es tal cual. Hemos pillado un apartamento chulísimo frente al mar y con terraza. Tras darle de comer a Cosita, nos hemos metido al pueblo.
Es un pueblo medieval, un laberinto de callejuelas y escaleras que llevan a plazas e iglesias. Tiene un toque decadente que, lejos de afearlo, le da un aire muy auténtico y lo aleja de parecer un pueblo museo. Ropa tendida en ventanas destrozadas y vegetación subiendo por las paredes, con flores entre las grietas. Muy chulo el pueblo. Nos hemos tomado unas cervezas en una plaza donde Cosa se ha pegado la siesta al sol del siglo.
El pueblo al principio parece un laberinto, pero es un paseo marítimo con una fortaleza arriba, y entre medias callejuelas en torno a la catedral de San Jacobo, que sale en Juego de Tronos. Me ha gustado mucho el pueblo, y es entendible que rodaran aquí la serie. Imagino que es tipo Dubrovnik.
Para cenar hemos pillado un sitio decente, aunque con comida más italiana que croata. Paseo antes de dormir por el pueblo para bajar la cena y Netflix. Hoy el capítulo va a durar poco me parece a mí.
Mañana, día tranquilo hasta Split, parando por pueblitos a medio camino.