Lo de estar varado en un andén en tierras extrañas me retrotrae a otras latitudes y otras peripecias en tierras británicas hace unos años. Esperemos que no se repita porque no estoy interesado en abandonar el modo zen y sí en dejar la Comune di Riomaggiore.

Sin solución de continuidad y mientras en el panel del andén aparece la constancia del retraso, se acercan a nuestro lado un grupo de gremlins.
Por gremlin, término acuñado durante este viaje, podemos entender lo siguiente: dícese de aquel infante o arrapiezo, solo o en comandita, bajo la mirada y/o acción estática de sus progenitores, que se dedica a remolonear sin sentido y a exasperar a todo lo que hay a su alrededor, persona, animal o cosa. Existiendo las variedades terrestre, acuática y anfibia también se le conoce por "bambinus terribilis", vulgo “mosca cojonera”.
Efectivamente, la manada de gremlins tiene todo el andén para hacer de las suyas pero se viene a donde estamos nosotros a "pestosear". Cuando llegamos al lanzamiento de barro, fruto de las lluvias de los últimos días, bajo la absoluta indiferencia de sus mayores, alzamos la voz y adoptamos ademán de "se está rifando una buena ostia, sin perdón, con destino aleatorio y alguien tiene todas las papeletas". Los adultos por fin captan la indirecta directa, piden disculpas y apartan a los gizmos extraviados.
Por fin viene el tren hacia las 13:15, nos alejamos convenientemente, subimos al vagón y, del tirón, llegamos a La Spezia.
Antes de embarcar la idea era pasar por un supermercado a hacer buen acopio de regalos alimenticios para la familia y uno mismo. La vez anterior que desembarqué fuimos a uno ubicado junto a la Plaza Europa, que tenía además productos típicos de la Liguria por lo que allí dirigimos nuestros pasos desde la estación.
Llegamos al supermercado Basko, Via Vittorio Veneto, 107, y compruebo que está reformado y ampliado comparado con hace doce años. Aparte de las cosas habituales en un colmado hay una zona para productos de la región de Liguria bien presentados que cumplen todos los requisitos para llevárselos de regalos: vino de la zona de Cinque Terre, repostería y pasta, básicamente.

Los canestrelli son galletas típicas de Liguria. Su particular forma, de donde proviene el nombre, recuerda a una cesta (canestro) en la que se colocaban después de hornearse para que se enfriaran. Son galletas con forma de margarita pequeña o rosquilla y tienen un diámetro de unos 3–4 cm. Están hechos de harina, azúcar, mantequilla y huevos. A menudo se presentan con un agujero en el centro y espolvoreados con azúcar glass.
Realizadas las compras llegamos a la terminal de cruceros como a las 14:20 y tras el viaje de vuelta en el autobús nos fuimos directos al Windjammer a comer antes de que cerraran. Al ser última hora y estar medio barco fuera de excursiones podemos sentarnos donde nos apetece y sin andar a la caza y captura de una mesa.

Hoy, como no hay mucho margen para remolonear, vamos a los básicos de la gastronomía moderna. De nuevo los camareros nos advierten de que cojamos lo que tengamos que coger porque van a cerrar las islas de comida, hacemos buen acopio que para eso hemos cogido una mesa para cuatro personas y ya, con tranquilidad, terminamos de degustar los platos seleccionados.
Toca decidir en qué vamos a llenar la tarde. Mi acompañante opina que después de tanto subir y bajar hoy se merece una buena siesta por lo que se retira al camarote. Por mi parte, como no me puedo quedar quieto, decido proseguir viendo cubiertas y admirando las obras de arte y así continúo subiendo bajando escaleras para no perder la forma física. Ciertamente, se ven cosas muy curiosas.

A continuación me puse a andar por la pista exterior de la cubierta cinco que rodea la Royal Promenade y que ofrece espacios para asomarse al mar, tanto a babor como a estribor, en popa pero no en proa. Eché en falta los asientos que sí hay en otros barcos clase Oasis que se ponen en popa, debajo del Aquatheater, para admirar la estela del mar y que tan buenos momentos posibilita. Rajaría sobre el particular pero el modo zen ahora mismo me lo impide y el tema se puede solventar si subes dos cubiertas, en la zona del rocódromo, donde hay otras tumbonas que dan una vista parecida por lo que lo damos por bueno.

Tras pasar por el gimnasio y hacer unas rutinas veo que ya va siendo hora de aprovechar la tarde y vuelvo al camarote a “despertar” a mi acompañante.
Tras la rutina diaria de tumbona-piscina-jacuzzi-helados-toboganes de agua y demás nos decidimos a probar cosas nuevas por lo que nos dirigimos a la zona del Boardwalk y sacamos ese niño que todos llevamos dentro porque vamos a probar el carrusel. A su lado hay una evolución de los trabajos de tallado de un "caballito" que permite completar la experiencia.
La naviera lo publicita como: Colorido y lleno de encanto, este tesoro tallado a mano trae tus recuerdos favoritos de la infancia a alta mar. Lo más destacado del vecindario de Boardwalk®, los caballos, la cebra, el conejito y otros amigos, te invitan a subir y dar un paseo.
El tiovivo está elaborado artesanalmente con madera de chopo y diseñado especialmente para Royal Caribbean. Su peso es de 4.989 kilos, mide 6,70 metros de alto y tiene 7 metros de diámetro. Lleva 21 figuras suspendidas de unos mástiles de acero inoxidable, representando una colección de animales tradicionales de este tipo de carrusel y cada una de ellas pesa entre 18 y 27 kilos. En el conjunto se utilizaron 177 litros de pintura y 5 capas de sellante para protegerlo del salitre del mar. Tiene 12 metros cuadrados de cobertura de auténtico pan de oro y está iluminado por unas 200 bombillas.

Como no hay nadie en la fila vamos a tener un pase “privado” de esta atracción. Nos montamos y elegimos los caballitos sube-baja de toda la vida. La experiencia retrotrae a tiempos pretéritos lejanos con otras edades y otras experiencias pero igual de satisfactoria. Lo único malo, que supongo que de niño uno no se fijaba, es la incomodidad de la montura porque ya al final de la experiencia te empieza a doler la curcusilla. ¡Pelillos a la mar! y ya lo cantaba Modestia Aparte:
Eras un niño cuando en este jardín
lloriqueabas en las tardes de abril.
Sobre la hierba tu espalda mojada
y tus ideales muy lejos de aquí.
Y que más da?
Si son cosas de la edad
Y que más da?
Si son cosas de la edad.
Porque la gente se inventa
cien mil razones para hacerte cambiar?
Un tio elegante
Sigue adelante.
Mente en el siglo XX
Corazón medieval.
Y que más da?
Si son cosas de la edad
Y que más da?
Si son cosas de la edad
Lo que no se puede negar es la emocionante sensación de revivir momentos de la infancia.
Esta tarde toca el espectáculo de patinaje sobre hielo por lo que nos marchamos a la cabina para el acicalaje de rigor y ya, del tirón, cumplimentar lo que queda de jornada.
De lo vivido hasta que acabó el día se dará buena cuenta en la siguiente y anodina etapa.