Después de desayunar, iniciamos el itinerario de la jornada, que comprendía Éfeso y Esmirna (Izmir), donde íbamos a dormir esa noche. En total, unos 280 kilómetros, con tres horas y cuarto de carretera. La primera parte hasta Éfeso suponía un trayecto de 182 kilómetros, con dos horas de autobús y el siguiente perfil en Google Maps.

Por el camino, vimos valles verdes y fértiles, flanqueados por colinas boscosas. Según fuimos avanzando, dejó de llover, el cielo se fue abriendo y cuando llegamos a Éfeso brillaba el sol y hacía calor.



Yo ya conocía Éfeso. Había estado hace unos años, durante una escala en un crucero por las islas griegas. En aquella ocasión, me encantó. Igual que entonces, el sitio arqueológico estaba muy concurrido. No voy a decir que esta vez Éfeso me gustó menos que en la visita anterior, pero sí que fue una impresión diferente. Quizás influyó que tenía aquel recuerdo muy presente en la memoria y sabía con antelación lo que me iba a encontrar antes de dar cada paso, eliminando el efecto sorpresa. De todas formas, volví a disfrutar de Éfeso. Es tan bonito… No en vano está considerada una de las zonas arqueológicas más importantes del mundo por su gran cantidad de obras antiguas exhibidas en su emplazamiento original.


Como ya tengo publicada en uno de mis diarios una etapa dedicada a Éfeso, voy a copiar a continuación parte de aquel texto, utilizando fotos de ambas ocasiones, pues no tiene sentido volverlo a escribir al tratarse de un destino milenario que ha cambiado poco en estos años, salvo, supongo, el importe de la entrada, que ahora seguro que cuesta muchísimo más que entonces. Desconozco el precio actual, pues esta visita figuraba incluida en el programa. Y también depende de lo que se vea, pues existe una entrada combinada, más cara, que incluye la visita de las casas de los antiguos residentes ricos de la ciudad, dotadas de mosaicos y frescos.


Éfeso.
Existen dos entradas para visitar el yacimiento arqueológico, una principal, por la llamada Calle del Puerto, y otra secundaria, por las Termas de Vario. Igual que en la ocasión anterior, esta vez también utilizamos el acceso secundario, que particularmente me gusta más, ya que permite disfrutar de los platos fuertes al final. Además, el camino por la Vía de los Curetos es todo bajada, lo que no viene mal teniendo en cuenta las altas temperaturas. Una recomendación habitual es que resulta casi imprescindible visitar Éfeso a primera hora de la mañana o a última de la tarde, sobre todo en verano, para evitar la masificación (lo cual no es tan fácil) y, sobre todo, el tremendo calor, incrementado por un sol inclemente ya que apenas hay sombras donde refugiarse. En nuestro caso, siendo primavera, la temperatura tampoco era sofocante.
Ticket de entrada a Éfeso (el de aquel entonces, ya que no dispongo del actual)


Situada en la península de Anatolia, algunos la identifican con la ciudad de Apasa, mencionada por los hititas. Otras fuentes atribuyen su fundación a colonos jonios dirigidos por Androcio, hijo de Codro, rey de Atenas, en torno al año 1000 a.C. También existe una leyenda que atribuye su fundación a las míticas Amazonas, llamándola en principio Esmirna, por el nombre de una de ellas. Aparte de todas estas figuraciones, los primeros datos ciertos de Éfeso se refieren al siglo VII a.C., durante una guerra con los magnesios, y en el siglo VI fue asediada por Herodoto; por aquellas fechas, pertenecía a Persia. Las guerras entre griegos y persas se sucedieron hasta que en el 334 a.C. Alejandro Magno entró en Éfeso, suprimió el sistema oligárquico que imperaba e instauró una democracia, pasando las tasas a pagarse en el Templo de la diosa Artemisa (siempre con los impuestos a vueltas...
)

Lisímaco de Tracia (sucesor de Alejandro Magno) inundó la antigua ciudad, la trasladó más cerca del Templo de Artemisa y construyó murallas. Posteriormente vivió en una permanente disputa hasta que se convirtió en uno de los puertos más importantes del Egeo con la dominación romana, época en la que alcanzó su mayor esplendor gracias a los beneficios que le proporcionaba el comercio. Así, entre los años 114 y 120 d.C., se construyó la famosa Biblioteca. Por otra parte, estuvo bastante ligada a comunidades judías y cristianas, pues aquí vivieron Pedro de Tarso, San Juan Evangelista y la Virgen María; y también a mediados del siglo I contaba con una sinagoga. Posteriormente comenzó su decadencia: en el 262 fue arrasada por los godos, después se vio afectada por dos graves terremotos a mitad del siglo IV, y para colmo de males las aguas del puerto se sedimentaron, con lo cual perdió toda su importancia anterior y la ciudad fue abandonada por sus habitantes progresivamente hasta que se perdió en el olvido. Fue a mitad del siglo XIX cuando los arqueólogos austriacos que estaban buscando los restos del Templo de Artemisa encontraron también los de Éfeso y comenzaron los trabajos de excavación que continuan su curso.

Hasta aquí los datos históricos que he podido recabar, sobre todo en Wikipedia. Sin embargo, lo más importante es la experiencia personal al recorrer unas ruinas que realmente proporcionan una idea fideligna de lo que fue una ciudad antigua. Se trata de uno de esos lugares mágicos en los que, pese a la gran cantidad de gente que lo visita, puedes imaginarte cómo era una ciudad importante de hace más de dos mil años, con sus avenidas, sus teatros, sus tiendas, sus fuentes, sus templos…
Vista desde el acceso secundario: Puerta de Magnesia, Termas, Ágora del Estado...



Entrando por el acceso secundario, muy cerca de la Puerta de Magnesia, construida por Vespasiano en el siglo I en las murallas que construyó Lisímaco, nos encontramos con las Termas de Vario, que conservan las paredes y las bóvedas de los baños romanos, así como un conjunto de cañerías hechas de barro cocido por donde circulaba el agua.

Termas de Vario.

Seguimos por el Ágora del Estado o Ágora Superior, una plaza con edificios civiles de los que se conserva un conjunto de columnas jónicas y corintias que conducen al Odeón.




Construido en el siglo II d.C., el Odeón, era un recinto en forma de anfiteatro, con 23 gradas y 1.400 asientos. Debió de ser muy lujoso, pues aún se pueden contemplar los escalones ricamente decorados. En el recinto, se celebraban espectáculos culturales y también se reunían los senadores y administradores de la ciudad.

El Pritaneo era el equivalente al actual ayuntamiento. Al lado se encontraba la Basílica y la Residencia de los Curetos, nombre que recibían los sacerdotes dedicados al culto a Artemisa. Data del siglo III a.C., si bien tardó dos siglos en concluirse y fue restaurado en el siglo III d.C. Se conservan varias columnas del lugar donde ardía el fuego en honor de Artemisa y también de las que componían las salas de los senadores. Varias piezas y esculturas encontradas aquí se exponen en el Museo de Selçuk, como la estatua polimastia (de múltiples pechos) de la diosa.



De nuevo me impresionó la Vía de los Curetos, que era una de las principales avenidas de la ciudad, equivalente al Paseo de la Castellana de Madrid, ahora, pongamos como ejemplo. La calzada de piedra, antiguamente flanqueada por edificios, tenía incluso alcantarillado y descendía hasta la Vía de Mármol, terminando en la Plaza donde está la Biblioteca de Celso, con la Puerta de Augusto, que conduce al Gran Teatro y a la Calle del Puerto, al otro extremo de la ciudad. Se encuentra en cuesta, hacia abajo, y las vistas resultan espectaculares. Con un poco de imaginación y obviando los centenares de turistas vestidos con pantalón corto y camiseta puedes hacerte una idea de cómo era Éfeso en su época de máximo esplendor. Es una de las pocas ciudades antiguas de las que conozco donde esta sensación me ha resultado posible (Jerash, en Jordania fue otra de ellas).


Caminando por el magnífico escenario de la Vía de los Curetos, se llega a la Plaza de Domiciano, donde vemos a nuestra izquierda el Templo de Isis, la Fuente de Polio, del siglo I d.C. , el Templo de Domiciano, que en su origen contaba con dos plantas, la baja para almacenes y la superior donde se ubicaba el templo. A su muerte fue destruido y su nombre borrado.



Muy cerca se encuentra el relieve de la diosa Niké, representada como si estuviera volando, con una corona de laurel en la mano derecha y una espiga de trigo en la izquierda. En esta zona, también sobreviven varios relieves relacionados con la medicina, que hoy en día podemos ver en nuestras farmacias.


Al lado derecho, aparece el Monumento a Gayo Memmio, que data del siglo I y era uno de los monumentos destacados de la Plaza de Domiciano, dedicado al nieto de Sila, constructor del acueducto de la ciudad, después se le añadió una fuente.

A esta altura, llegamos a la Puerta de Hércules, compuesta por dos pilares que presentan la figura de Hércules o Heracles vestido con la piel del león de Nemea, al que según la leyenda mató el héroe. Lamento la mala calidad de las fotos, pero alrededor de las columnas se apiñaba la gente porque era uno de los pocos sitios donde daba un poco de sombra y la buscaban hasta los gatos…

Desde aquí, las vistas hacia la Biblioteca de Celso eran magníficas.


Un poco más adelante, a la derecha, nos encontramos con la Fuente de Trajano,, que se terminó de construir en el año 114 d.C. Tenía dos pisos, una altura de 12 metros y la fachada rodeaba tres de sus lados. Se han hallado varias estatuas que debían adornar la fuente, incluida una del emperador Trajano, que ocupaba la parte central.


Más adelante encontramos los Baños de Escolástica, construidos durante el siglo I a.C. y que conservan cuatro termas romanas; y el Templo de Adriano, construido en el siglo II en estilo corintio y en el que destacaban los relieves de Medusa y de Tyche, diosa de la fortuna, en la clave del arco y un frontón asirio desaparecido. Fue restaurado por Teodosio en el siglo IV. Los relieves exteriores originales están expuestos en el museo de Selçuck y tratan sobre la fundación de Éfeso y las hazañas de Androcles.



Seguimos avanzando por la Avenida enlosada con mosaicos, donde divisamos la letrina, los baños públicos, el lupanar (burdel) y las casas de la colina, de las que se han excavado dos que conservan mosaicos.







La Biblioteca de Celso fue construida por el hijo de Celso entre los años 110 y 135 d.C. y presenta un aspecto imponente. Cuenta con dos plantas, tres entradas y dos ventana en la parte superior. El edificio parece mucho más alto de lo que es en realidad porque se empleó la técnica de acortar la altura de las columnas laterales con respecto a las del centro. Presenta cuatro nichos con las estatuas de las virtudes: Valor, Conocimiento, Sabiduría y Reflexión. Son copias ya que los originales están en Viena. Podía contener hasta 14.000 rollos de pergamino y contaba con agujeros en la piedra de 1 metro de ancho para protegerlos de la humedad en invierno. Que fuera reconstruida en parte entre 1970 y 1978 no desdice su grandiosidad, ya que se ajusta de manera bastante fiel al original.


Esta foto es de la visita anterior, lógicamente

Desde esta Plaza sale la llamada Vía de Mármol, que conduce al gran Teatro. Previamente hay que traspasar la monumental Puerta de Augusto, de tres arcos, construida entre los siglos III y IV d.C. por los libertos Maceo y Mitridates. Situada en ángulo recto con la Biblioteca, el conjunto resulta espectacular.


La Puerta de Augusto da paso a un gran Ágora Comercial, que conduce al Gran Teatro, que domina la Vía Arcadia, Avenida que conduce al Puerto, por la que, según se cuenta, hicieron su entrada Marco Antonio y Cleopatra (mis amantes favoritos
). En un principio fue de estilo helenístico, pero luego se adaptó a los gustos romanos. En el siglo I d.C., tenía capacidad para 25.000 espectadores y albergaba todo tipo de debates y espectáculos, incluidos los de circo, con peleas de gladiadores y animales. La fila superior estaba a 30 metros de altura sobre la orquesta y desde arriba se contempla un panorama magnífico. En este teatro predicó San Pablo y, según se cuenta, fue abucheado por los comerciantes que temían ver perjudicado su negocio de venta de estatuas de la diosa Artemisa.
Ágora Comercial.
Gran Teatro desde la Vía del Puerto.
En la actualidad, hay dos grandes grúas azules flanqueando el Gran Teatro, que está en restauración.




Gran Teatro desde la Vía del Puerto.

En la actualidad, hay dos grandes grúas azules flanqueando el Gran Teatro, que está en restauración.

Avenida que va al Puerto.
Avenida del Puerto, Ágora Comercial y Gran Teatro.




Finalmente, llegamos a la entrada principal, donde hay varios tenderetes en los que se venden todo tipo de recuerdos, y también copias y falsificaciones de importantes firmas de bolsos, ropa y relojes.
En los alrededores, también se puede visitar el Templo de Artemisa (del que solo queda una columna) y la Casa de la Virgen María, adonde ya habíamos estado la vez anterior. Voy a incluir el relato de entonces.

La Casa de María.
La Casa de la Virgen María se encuentra en Maryemana, a 8 kilómetros de Éfeso. Según la tradición, San Juan Bautista cumplió la petición que le hizo Jesucristo de cuidar de su madre y para huir de las persecuciones de Jerusalén, en el año 37, se la llevó consigo al puerto de Esmirna y luego se trasladó a una casa de piedra, en una colina, donde permaneció hasta su Asunción. Siguiendo las visiones de Ana Catalina Emmerick, una monja y mística alemana, unos arqueólogos franceses determinaron que la ubicación de la casa donde vivió la Virgen María coincidía con el lugar que ocupaban los restos de una pequeña iglesia bizantina del siglo XIII, construida sobre otras edificaciones anteriores de los siglo VII y VIII, cuyos cimientos databan del siglo I. Aunque no existen evidencias científicas que avalen este hecho, varios Papas han visitado la casa desde que lo hizo por primera vez León XIII en 1896, convirtiéndolo en lugar santo para los cristianos, e incluso para los musulmanes, que acuden en peregrinación especialmente el 15 de agosto de cada año, día de la Asunción de María.

Había bastante gente visitando la casa y sus alrededores, donde hay una fuente con agua que, se asegura, es curativa y también un montón de papelitos y lazos con muchas peticiones y ofrendas. Aparte de las creencias personales, lo cierto es que la casa está situada en una colina con mucha vegetación y desde donde se contempla un paisaje espléndido. Se ve el mar, parte de Éfeso, una antigua fortificación y los restos del ya mencionado Templo de Artemisa.

Tras acabar en Éfeso, fuimos a almorzar en un restaurante y, luego, proseguimos viaje hasta Izmir (Esmirna), la última etapa del circuito por Turquía antes de volar hacia Estambul.