Llegamos a media tarde a Izmir, la antigua Esmirna, nombre derivado de los árboles de mirra que crecían antaño en su territorio. Conforme a los restos arqueológicos hallados en el monte Bayrakh, se supone que sus orígenes más remotos se remontan a 3000 años a.C. En la actualidad, es la tercera ciudad más grande de Turquía y cuenta con más de cuatro millones y medio de habitantes. Aquí se encuentra el Cuartel General del Mando Sur de la OTAN, albergó los Juegos del Mediterráneo en 1971 y la Universiada en 2005. En 2020, sufrió un terremoto que derribó una treintena de edificios y produjo más de cien muertos.



Enseguida me llamó la atención la enorme extensión de terreno que ocupa la que está considerada como la más occidentalizada y multicultural ciudad turca, cuya panorámica se divisa muy bien desde la carretera que desciende vertiginosamente hasta su pujante puerto, situado en el Golfo de Izmir, que le ha conferido su eminente carácter comercial desde el siglo III d.C.


Nos alojamos en el Hotel Mitte Port, situado en una de las avenidas que bajan perpendicularmente hasta el puerto, lo que nos permitía llegar al centro caminando en menos de media hora. De modo que salimos a investigar en cuanto hicimos el check-in.

Vista de la ciudad moderna desde la habitación del hotel.


Como no teníamos demasiado tiempo disponible, nos dirigimos hacia la Plaza Konak, donde se encuentra la Torre del Reloj, uno de los símbolos de la ciudad. Por el camino vimos la Estación de Tren de Basmane y varias calles muy comerciales. Igual que me pasaría posteriormente en Estambul, me llamaron la atención las numerosas tiendas de vestidos de novia que vimos.



La Plaza Konak se encuentra frente al puerto, al paseo marítimo y a un malecón muy turístico. Sin embargo, lo que más atrajo nuestra atención fue la Torre del Reloj, que se construyó en 1901 para celebrar el 25 aniversario de la entronización de Abdülhamir II. También formaba parte de un conjunto de 58 relojes que se instalaron en la época otomana para animar a la población a utilizar las formas horarias europeas; el de Izmir está considerado como el más bello.



Al lado, se encuentra la Mezquita de Konak, muy pequeña y modesta, pero que cuenta con unos bonitos azulejos de Kütahya. En el fondo de la plaza, aparece el edificio del Ayuntamiento

En lugar de regresar por la misma calle que habíamos venido, nos metimos por la parte posterior, cruzando a través de un sinfín de calles que forman el mercado o bazar de Kemeralti. Estaba muy concurrido. De paso, vimos también una mezquita de ladrillos de 1652.



Otros lugares de interés en Esmirna son las ruinas del Ágora de la ciudad romana del siglo II d.C., que cuenta con varias columnas, el Asansör, un elevador del siglo XIX, y la Fortaleza de Terciopelo, situada en la parte alta de la ciudad y que pudimos contemplar de lejos, en una panorámica bastante llamativa. Después del paseo, fuimos a cenar.


Al día siguiente, tras desayunar una variada degustación de productos locales, salimos en dirección al aeropuerto para tomar un vuelo con destino a Estambul. Por el camino, contemplamos diversas panorámicas de Esmirna, incluyendo algunos restos antiguos. Y también la llamada "Máscara de Ataturk", monumento erigido en la ladera de una colina del distrito de Buca. El enorme busto del político turco se terminó en el año 2009, pero no fue tallado en la roca, al contrario que otros de aspecto similar, sino que se construyó aparte en hormigón y acero y luego se adosó al roquedal. Con 42 metros de altura, es la escultura más alta de Turquía y la décima de su tipo en el mundo.


El aeropuerto de Izmir es moderno y cómodo, o por lo menos ese recuerdo me queda, quizás porque los trámites fueron rápidos. El vuelo de Turkish salió puntual y duró una hora escasa. Poco después de despegar, pude hacer algunas fotos bastante malas, pero en las que se aprecia la enorme extensión de Esmirna.

