Por la carretera, las cortinas de agua no cesaron de caer en la hora y media larga que tardamos en llegar a Ho Chi Minh, algunas de cuyas calles aparecían encharcadas. Por fortuna, durante nuestro largo periplo hacia el centro (tardamos cuarenta minutos en recorrer apenas cinco kilómetros) la lluvia cesó del todo y la situación se normalizó.
El guía nos condujo al Mercado Ben Thanh, donde dio un tiempo para patearlo antes de regresar con la van al hotel. Quien quiso (mi caso) se quedó para moverse a su aire y volver por su cuenta más tarde.
Mercado Ben Thanh visto desde el mirador Bitexco Skydeck Saigón.



Mercado Ben Thanh.
Situado en el Distrito 1, entre las calles Le Loi y Le Lai, en el mismísimo centro de la ciudad, es uno de sus mercados míticos y que, por tanto, hay que visitar, aunque no se quiera comprar.

Su nombre en vietnamita es Chợ Bến Thành. Fue construido por los franceses en 1914, tiene una fachada de color crema, con tejados rojos y cuatro puertas de acceso, la principal coronada por un emblemático reloj. Consta de 13.000 m2 y en su interior se vende absolutamente de todo, incluyendo un ingente surtido de comida. Los buenos modales requieren regatear en los precios, si bien no siempre se tiene éxito.

Personalmente no me atrajo demasiado, quizás porque en mayo pasado estuve en Estambul y me recordó al Gran Bazar o al Bazar de las Especias, más que por su aspecto por el maremágnum que se respiraba dentro. Di un par de vueltas y salí pronto. Me apetecía ver otras cosas antes de retornar al hotel, en cuyo lobby habíamos quedado con el guía a las siete y media para disfrutar de nuestra cena sorpresa.

Centro Comercial Takashimaya Vietnam.
Una fachada del Mercado se asoma a la calle Le Loi, una de las arterias principales del centro de la ciudad, algo así como el Paseo de la Castellana de Madrid, con muchos edificios modernos y grandes centros comerciales, entre los que destaca el denominado Takashimaya Vietnam, que en su día fue el más grande de la ciudad, y en cuyo interior se encuentran las marcas internacionales más destacadas. Tanto el exterior como el interior aparecían adornados con un derroche de luces y espectaculares motivos navideños. Y es que los vietnamitas lo celebran todo: su año lunar, el año nuevo chino, las Navidades occidentales…

Por mi parte, más que las tiendas en sí, entré en busca de la terraza ajardinada gratuita situada en el piso sexto, desde donde había oído comentar que se obtienen muy buenas vistas panorámicas.


Y no están mal, aunque esperaba algo más espectacular. Quizás influyeron los cristales a media altura que tapaban la perspectiva y la distancia de seguridad hasta el borde de la fachada, todo lo cual dificultaba enfocar cómodamente la cámara de fotos. Pero la terraza es resultona y merece la pena echarle un vistazo.

Por lo demás, el centro comercial es un buen sitio para ir al servicio de forma gratuita. Y, claro, también para quienes deseen comprar, aunque he oído que existen centros comerciales con mejores precios, como el Saigon Square, que está enfrente. No lo comprobé porque ir de compras no era una prioridad para mí.

Seguí por la misma avenida, contemplando algunos de los rascacielos que han transformado el perfil del centro urbano, entre los que destacan el Landmark 81, con 461 metros de altura y 81 pisos, y el Bitexco Financial Tower, con 262 metros de altura y 68 pisos. Lo peor llegaba cuando tenía que cruzar las calles perpendiculares porque los semáforos servían de poco y necesitaba armarme de valor para enfrentarme a las miles de motos que aparecían en oleadas por todas partes, aparentemente dispuestas a triturarme sin compasión. ¡Qué mal lo pasé! Tardé un tiempo en comprender que no se trata de que yo saliera corriendo para esquivar a las motos, sino ir a paso normal para permitir que ellas me esquivaran a mí. Pero eso lo asimilé estando ya en Hanoi. Mientras tanto, procuré superar el pánico y sobrevivir en cada travesía. Y de verdad que, dada mi torpeza inicial, no me explico cómo lo logré.

The Café Apartment.
La curiosidad me llevó hasta un edificio del que había oído comentar que debe conocerse en Ho Chi Minh. Se llama The Café Apartment, una casa de nueve plantas, divididas en terrazas cuadradas a modo de Tetris, con farolillos y carteles de colores, donde se han instalado diversos negocios (cafeterías, restaurantes, tiendas de ropa…) valiéndose de supuestos alquileres ilegales. No obstante, según las malas lenguas, las autoridades han hecho la vista gorda debido a su gran popularidad. Ignoro si es cierto o no, pero tampoco me llamó más la atención que otros lugares que había alrededor.


Anochecer en Saigón.
Poco a poco, fue anocheciendo y cuando emprendí el regreso a la zona de mi hotel, el repentino festival de luces, los guiños a la Navidad y las enormes pantallas publicitarias en las fachadas de los edificios inundaron las avenidas del centro de Saigón en un remake de las de cualquier ciudad occidental. Bueno, casi más. Una paradoja teniendo en cuenta que Vietnam es uno de los únicos cinco países del mundo (los otros son China, Laos, Cuba y Corea del Norte) que mantiene un sistema comunista de partido único. Claro que las cosas ya no son como lo fueron antaño.

A esta hora, ya también aparecía iluminado el Mercado Ben Thanh, poniendo el contrapunto tradicional a un entorno casi espacial. Continué por la animadísima Walking Street (a esas horas todavía no tan “walking”), crucé el Parque Tao Dan y logré llegar sana y salva a mi hotel tras sortear con éxito las miles de motos y artilugios de todo tipo aparcados en las aceras que me obligaban a compartir espacio en la calzada con unos vehículos más voladores que rodantes. Al final, tras tanto estrés, acabé incluso contenta por la experiencia vivida.


