Por la mañana, volvimos a madrugar. Nos esperaba un viaje por carretera en dirección norte, hasta la antigua ciudad imperial de Hué. Antes hicimos un alto para visitar las Montañas de Mármol, que se encuentran a unos 20 kilómetros de Hoi An. Son un conjunto de cinco colinas de piedra caliza y mármol, próximas a la ciudad de Da Nang. Sus nombres se refieren a los elementos de la mitología china: Metal, Madera, Agua, Fuego y Tierra.

Se hallan en un entorno casi urbano, con multitud de talleres donde se trabaja el mármol de estas montañas hasta que su extracción se prohibió. No obstante, siguen funcionando las fábricas, cuyos escaparates exhiben esculturas u utensilios de todo tipo y tamaños. Actualmente, las Montañas de Mármol son un lugar de peregrinaje aparte de un destacado destino turístico.

De las cinco montañas, la más grande y popular es Thy Son, la montaña del agua, en cuyo interior hay santuarios religiosos, pagodas y esculturas de Buda, a las que se llega surcando un intrincado recorrido de senderos y escaleras excavadas en la roca. El primer tramo se puede subir en un ascensor, pero hay que continuar caminando y la bajada si se completa el recorrido siempre es a pie. Se debe ir con cuidado, pues hay bastantes escalones, son irregulares y pueden estar resbaladizos si ha llovido en las horas previas, como era el caso. El itinerario está indicado en un mapa (foto de abajo) que conviene consultar para no saltarse nada.

La Montaña del Agua fue convertida en santuario en 1826 por el emperador Minh Mang. Según una antigua leyenda, los emperadores de Da Nang escondieron allí oro y joyas para protegerlas de los invasores chinos. Los monjes que las custodiaban nunca revelaron el lugar de su escondite, así que, allí, en alguna parte, se supone que todavía está el tesoro.

Nada más salir del ascensor, hay un mirador con muy buenas vistas sobre Da Nang, las zonas de playa y el resto de colinas. Salvando mil distancias, me recordaron a los mogotes cubanos.


Después vimos la Torre Xaloi, de 15 metros de altura, y la Pagoda de Ling Ung, destinada al culto y las ofrendas y custodiada por dos dragones. Todo el conjunto es muy llamativo, con numerosas estatuas de buda y pagodas.





Según se ascienden los escalones, nos internamos en un paisaje boscoso, que conduce al interior de varias cuevas. Primero vimos la Cueva de Mármol de Hoa Nghiem, que cuenta con una talla excavada en la roca relativa a Lady Buda, o la Buda Femenina, muy popular en Vietnam.


A continuación, pasamos a la cueva más interesante, llamada Huyen Khong Cave, que cuenta con varias cavidades; la principal, de grandes dimensiones, recibe la luz que se filtra por diversas aberturas en el techo.

Allí, bajo la protección de cuatro figuras muy coloristas, dos mandarines y dos soldados, se rinde culto a un enorme Buda, sentado y con las piernas cruzadas.

Como curiosidad, decir que esta cueva sirvió de hospital al Vietcong en 1968. Incluso, en la parte derecha, se puede observar una placa dedicada a un héroe de guerra vietnamita que derribó varios aviones americanos. También es posible atisbar la inquietante figura de una cara en la roca. Un lugar muy llamativo.

El cielo nublado concedía un aire especial a la montaña y sus estructuras. Menos mal que no llovía. También vimos la Pagoda de Tam Thai, la más antigua de las Montañas de Mármol. Fue construida en 1630, tiene grabados sobre el nacimiento y la iluminación de Buda. Algunos monjes todavía residen allí.



De camino hacia Hué.
Más tarde, de camino a Hué pasamos por Danang, cruzando su famoso Dragon Bridge, un puente que cuenta con una enorme figura de dragón de color dorado, que va de un extremo a otro. Por la noche está iluminado y los fines de semana, a las 21:00 horas, lanza ráfagas de fuego y agua. Esta localidad ha crecido bastante últimamente, transformándose en un centro turístico de primer orden, sobre todo para muchos nacionales, que acuden a disfrutar de sus extensas playas en grandes complejos hoteleros; vamos, una especie de Benidorm a la vietnamita.


Después de atravesar una zona de montaña, llegamos a un lago, del que no recuerdo el nombre. Hicimos una parada técnica en un establecimiento donde tomamos nuestro primer café salado. Estaba realmente bueno, fue el que más me gustó de todo el viaje.



Thuy Xuan, el pueblo del incienso.
También paramos un rato en esta aldea (una calle, en realidad), la mayor productora de incienso de la antigua capital imperial, que desde hace 700 años ha convertido en arte la meticulosa elaboración de las varillas de incienso, que los vietnamitas utilizan tanto en los templos como en sus hogares. Cada varilla tiene dos partes, un bambú largo y duro en el medio y una capa de sustancias aromáticas que lo rodea por fuera. Se requiere una perfecta elaboración y los mejores materiales para que ardan bien y no se apaguen antes de tiempo.

Los artesanos eligen árboles de bambú viejos, toman el interior y lo cortan en trozos pequeños; luego, los secan al sol durante días o semanas para que se endurezcan. En cuanto al aroma, se seleccionan maderas aromáticas, hierbas y especias, como canela, anís estrellado, clavos, cardamomo o brotes de cedro. Estas sustancias se muelen, se mezclan con agua, se moldean en piezas pequeñas y se dejan secar. También se tiñen de colores.


Aunque la mejor época para contemplar los secaderos es en agosto y septiembre, hay exposiciones permanentes en las tiendas que se asoman a la carretera, en las que nos gustó ver tanto el proceso de elaboración como los enormes manojos de inciensos, con sus brillantes tonos azul, rojo, morado, verde, marrón y amarillo, formando racimos, figuras de flores o dibujos geométricos. Las fotos salen muy chulas. Pero es solo eso; y si pilla de paso. Ni mucho menos creo que tenga un interés que justifique dedicarle un tiempo que haya que quitar a otro sitio.
