Como antigua Ciudad Imperial, Hué cuenta con tumbas y complejos funerarios de diversos reyes y dinastías. Hay entradas tanto individuales para cada sitio como conjuntas para recorrer varios, y también combinadas con la Ciudad Imperial. Los precios están entre 150.000 VND y 530.000 VND, la de cuatro recintos. Hubiera sido interesante verlas todas, pero no disponíamos de tiempo suficiente pese a tener esa tarde libre, ya que cierran a las cinco; además, llevábamos algunas de las visitas incluidas y tampoco se trataba de ver las cosas a la carrera sin enterarnos de nada.

Antes de comer, fuimos al complejo funerario de Ming Mang, el más alejado de Hue, a unos 12 km del casco antiguo, considerado uno de los más bellos y armoniosos de Vietnam. Compuesto por 40 estructuras, se halla en un recinto muy extenso, casi idílico, por su integración en la naturaleza, con jardines, pabellones y estanques, dotado también de varias puertas, muralla y tres puentes de piedra, mientras que otro, de mármol, estaba reservado solo al rey. Escuchando las explicaciones de nuestra guía, tardamos más de una hora en recorrerlo.

Los Nguyen comenzaron a reinar en 1802, con la victoria del noble Gia Long sobre Tay Son. En menos de un año, se hizo con todo el país y fue nombrado emperador. Su dinastía reinó hasta 1945, cuando se produjo la abdicación del emperador Bao Dai.

El segundo emperador de la dinastía fue Ming Mang (1791-1841), quien ocupó el trono a partir de 1820 y tuvo que confrontar con los chinos y los franceses, de quienes era un feroz enemigo. También fue conocido por su confucianismo rígido. La tumba fue diseñada por él mismo, aunque fue su hijo quien la terminó en 1843. Resultó muy dañada por la Ofensiva del Tet en 1968, durante la Guerra de Vietnam.

El complejo está concebido como un eje simétrico, vertebrado por el Paseo Than Dao, recorriendo el cual fuimos viendo todos los monumentos. Se distingue bien en el plano informativo, aunque la foto me quedó un poco borrosa.

Entramos por la puerta lateral derecha (Huu Hong Mon) que conduce el Patio de Honor, donde se hallan dos filas de estatuas de piedra, que representan elefantes, mandarines y caballos, flanqueando la puerta central (Dai Hong Mon), que marca el umbral entre el mundo terrenal y el espacio sagrado.


Frente a nosotros, quedaba la Casa de la Estela (Bi Dinh), donde se encuentra una estela de piedra, apoyada sobre la concha de una tortuga, en la que se narra la historia y las victorias del rey, que escribió su hijo. Al otro lado, nos esperaba el Patio de Saludos, flanqueado por las aguas del lago Trung Minh. Al fondo, divisamos la Puerta Hien Duc, ya cerca de la cual nos volvimos para contemplar la vista hacia atrás.



Al atravesar la Puerta Hien Duc, aparece, al fondo, el Templo Sung An, donde se venera al rey y a su esposa, con pabellones para ofrendas y seguidores a ambos lados. Una zona muy bonita donde destaca la madera pintada de rojo.



Dos puentes paralelos de piedra sobre el Lago nos conducen hasta el Pabellón Min Lau, una elegante estructura de dos pisos desde cuya parte superior se domina todo el conjunto, componiendo una panorámica preciosa.



Atravesamos una nueva puerta con contraventanas rojas desde las que nos volvemos para ver el panorama que hemos dejado detrás.



Al salir, bajamos otra escalinata y al cruzar un nuevo puente divisamos, al fondo, el lugar donde descansa el emperador, denominado Huyen Cung.


Antes de salir, paseamos por zonas laterales, entre la vegetación, los estanques y el lago, por donde nos fuimos topando con otras estructuras no tan importantes, pero también muy bonitas. Un verdadero remanso de paz este complejo funerario, en el que, además, estuvimos prácticamente solos.

Cuando terminamos, continuamos hacia Hué, dejando a nuestra izquierda el curso del río Perfume. El cielo estaba cubierto, pero no llovía.
