Ya era tarde y fuimos directamente a almorzar a un restaurante del centro de Hué. Para no perder la costumbre, nos gustó todo lo que nos pusieron.

Después nos dirigimos a nuestro alojamiento de la jornada, The White Lotus Hué Hotel, muy bien situado en el casco moderno de la ciudad, a unos pasos del puente que da acceso a la Ciudad Imperial. Un hotel de cuatro estrellas con todas las comodidades (incluyendo piscina), y que se oferta en internet a partir de 43 euros, la habitación doble con desayuno. Nuestra habitación tenía vistas hacia el río Perfume y el casco antiguo.


Enseguida salí a dar una vuelta. Lo malo era que a esa hora ya no podía ir a visitar más tumbas, así que me contenté con recorrer los alrededores del hotel, el puente Cau Trang Tieny la zona aledaña al río Perfume. También me llamó la atención una iglesia pintada de amarillo.



Tras el tranquilo intervalo de Hoi An, los coches y las motos volvieron mortificarme. No digo que fuese peor que en Ho Chi Minh, pero no le iba demasiado a la zaga, porque estábamos en una zona moderna, con avenidas amplias y mucho tráfico, convirtiendo el cruzar las calles en una tortura. Por fortuna, localicé un paseo peatonal paralelo a la orilla del río, un verdadero oasis de paz y tranquilidad.


Mirador Skybar 360 Zenit
Pero disfrutar del hallazgo lo dejé para más tarde porque había quedado con el resto del grupo para ir al Hotel Meliá Vinpearl, donde hay instalado un bar con mirador panorámico en el piso 29 (skybar 360 Zenit).


Íbamos dispuestos a hacer una consumición, pero como nadie nos lo requirió, nos limitamos a tomar unas cuantas fotos gratis justo a la hora en que se ponía el sol, lo que tampoco nos aportó ningún extra. Y es que lo de las puestas de sol está bastante sobrevalorado, al menos en mi opinión, pues para que valga realmente la pena se necesitan unas condiciones concretas que no siempre se dan; mejor dicho, pocas veces se dan.


En cualquier caso, la visita mereció la pena: las panorámicas eran chulas y también nos gustó mucho el Árbol de Navidad del vestíbulo, con los tradicionales sombreros cónicos vietnamitas en sustitución de las típicas bolas occidentales.


Paseando por la avenida peatonal del río Perfume.
Como ya no podíamos ver ningún monumento y era de noche, la mejor opción para pasar la tarde era pasear por la vereda peatonal paralela al río Perfume, en el margen de la ciudad moderna, que responde al nombre de Nguyen Dinh Chieu Walking Street y que va desde el histórico puente Cau Trang Tien hasta el súper-moderno Nguyen Hoang. Es un auténtico placer poder caminar conversando tranquilamente, sin preocuparse del tráfico.

Era sábado, con lo cual muchos lugareños estaban paseando, disfrutando del buen tiempo, los chavales jugando con sus amigos o haciendo deporte. De camino, vimos varios lugares interesantes: casas de aspecto colonial convertidas en museos o galería de arte, fuentes, bibliotecas al aire libre, jardines y un impresionante monumento de estilo tradicional construido en 1920 para honrar a los soldados de Vietnam Central que cayeron en la I Guerra Mundial luchando al lado de Francia contra los alemanes.

Cuando ya nos habíamos internado en una zona sin alumbrado, dimos la vuelta y retornamos hasta el Puente Cau Trang Tien, que se ilumina por la noche, en un juego de luces que van cambiando de color. Este icónico puente se terminó de construir en 1889 y fue diseñado por la escuela de Gustave Eiffel. Tuvo que ser reconstruido varias veces. La última restauración se llevó a cabo en 1995.



Unos pasos más adelante, sobre un islote, el Starbucks Song Hurong presenta un aspecto espectacular por la noche, gracias a su iluminación. No es que tenga valor arquitectónico o histórico, pero las fotos salen de lo más resultonas. Lo cierto es que a los vietnamitas lo de iluminar se les da bien.


El ambiente nocturno de Hue: calle peatonal Pho Di Bo.
Pasadas las ocho, había llegado el momento de ir a cenar. Como he mencionado, era sábado, así que nos dirigimos a la zona más marchosa de la parte moderna de la ciudad. Todo de lo más animado.


Fuimos a La Carambola, un restaurante que nos recomendó la guía. Pedimos platos variados de la cocina vietnamita. Yo me decanté por los fideos con marisco, acompañados por el inevitable arroz pegajoso. Todo estaba rico y fue barato, como de costumbre, aunque percibimos un toque más occidental. Con cervezas locales, al cambio pagamos unos 5 euros por persona.

Después estuvimos caminando un rato por la calle peatonal Pho Di Bo, cuyos locales se llenan hasta los topes los sábados por la noche, mientras la música se oye por todas partes, como si se tratase de cualquier lugar nocturno occidental de marcha y copeteo, aunque no faltaban los puestos de comida y bebida tradicionales a pie de calle.


