Martes 7 de octubre
Hoy nos toca madrugar. Madrugamos ilusionados por las visitas previstas para hoy. Nos vamos a los desconocidos templos de Dendera y Ábydos.
A las 6 en punto, en la solitaria recepción del hotel conocemos a Mohamed, nuestro acompañante, y recogemos las generosas cajas del desayuno preparadas por el hotel.
Viajaremos en una minivan blanca conducida por un joven e inquieto conductor que nos lleva veloz por las solitarias carreteras del desierto y que se impacienta cuando cruzamos lentamente los pequeños pueblos del camino.
El guía Mohamed es un señor tranquilo y paciente que va a resultar un buen compañero de viaje.
Y empezamos a viajar hacia el Norte antes de que nazca el día.
A nuestra derecha, hacia el Este, el cielo se empieza a iluminar tímidamente, mientras a nuestra izquierda, hacia el Oeste, la luna llena se acerca a la tierra desnuda del desierto.
Bonitas imágenes de un amanecer sobre ruedas.

Circulamos junto a la sombra alargada de nuestro coche, mientras en la solitaria carretera aparecen los primeros camiones y coches circulando veloces por la carretera sin curvas.
A las 8 en punto estamos en la entrada del
TEMPLO de DENDERA -
El templo ptolemaico dedicado a la diosa Hathor.
Una auténtica joya. Por su magnífico estado de conservación. Por la delicada belleza de los colores que nos muestran sus paredes. Por la cantidad de información que transmiten sus perfectos relieves. Por el ambiente misterioso y auténtico que se respira en todos sus rincones.



Y especialmente por el creativo homenaje estético a nuestra diosa preferida - HATHOR - La amorosa, serena, protectora, amable diosa con grandes orejas de vaca que parecen atentas a escuchar a quien quiera hablarle.
Mohamed, nuestro guía, se conoce todos los rincones de Dendera, todas las historias escritas en sus techos y paredes y todos los antiguos rituales que se realizaban en el templo. Y nos cuenta, nos señala y nos lleva de un lugar a otro sin descanso.
Nosotros tan solo miramos, admiramos, fotografiamos y nos emocionamos con la belleza del espectáculo.
El conocimiento se puede aprender en los libros, pero las sensaciones que vivimos en Dendera tan solo se pueden sentir dentro del mágico espacio.
Y Mohamed nos deja solos, nos regala tiempo libre hasta las 10 y media. Perfecto! ... aunque va a tener que venir a sacarnos del templo.



Momentos inolvidables perdidos entre las columnas de la Gran Sala Hipóstila. Las preciosas columnas rematadas con la cara de la Diosa que nos obliga a levantar continuamente la vista hacia lo alto.
Y en lo alto, los maravillosos techos llenos de historias explicadas con delicados azules.
Historias misteriosas, historias celestes, de los signos del zodíaco, de dioses y antiguos rituales. Imágenes fascinantes de desconocidas historias.


Penetrando en el interior del Templo, la pequeña Sala Hipóstila rodeada de laberínticas estancias y al fondo, el Santuario principal y la sala de ofrendas con las preciosas Capillas alrededor.

Capillas para los dioses con las paredes llenas de relieves que parecen moverse a nuestro paso.



Andamos por los laberínticos pasadizos y por las estrechas escaleras entre los zodíacos y las lámparas de Dendera.

Hasta subir a la azotea y, cegados por la intensa luz de Egipto, llegamos hasta la preciosa capilla de Hathor.



Fantástica visita. Exquisito templo con espíritu femenino. A partir de ahora, nuestro templo preferido de Egipto.
Mohamed nos saca del templo. Se ha hecho muy tarde y no hay tiempo para más. Nos queda aún mucho camino.
Mientras hacemos kilómetros nos comemos unos deliciosos falafels que Mohamed ha comprado en Dendera.
Circulamos deprisa alternando los paisajes desérticos con preciosas zonas de oasis cuando nos acercamos al Nilo.
A mediodía estamos cruzando el pueblo de Ábydos. Caótico, lleno de vida en las calles, con preciosas imágenes de los niños caminando desde la escuela hasta sus casas.


Y, bajo un sol de justicia, llegamos a la gran explanada frente al
TEMPLO de ÁBYDOS -
El gran templo del faraón Seti I, padre de Ramsés II que fue quien terminó el templo y dedicado principalmente a Osiris y a Isis.
En la entrada un enorme descampado con restos esparcidos por doquier. Y a lo lejos, tras las rampas, el geométrico edificio en el que destacan las rectas y cuadradas columnas del pórtico decoradas con perfectos relieves.



En el interior, en las Salas Hipóstilas, un bosque de robustas columnas transmite un sobrecogedor aire de solemnidad. Al contrario que en Dendera donde tenías la impresión de un espacio femenino, éste me pareció totalmente masculino.


Alrededor de la Gran Sala, las maravillosas 7 Capillas dedicadas a 6 dioses y la última al mismo faraón Seti.
Todas las paredes llenas de relieves perfectos frente a los que podríamos pasar muchas horas sin cansarnos. Sensación de inalcanzable belleza.



Escenas donde aparecen Seti y Ramsés haciendo ofrendas a los dioses. Y el largo corredor de los Ancestros donde se leen los nombres de todos los faraones de Egipto menos los proscritos Hatshepsut (por ser mujer) y Akenatón (por ser rebelde).


Entre las pertinentes narraciones de Mohamed y el tiempo que deambulamos perdidos por salas y pasadizos, se nos acaba la mañana.
A las 2 en punto salimos a la soleada explanada llena de historias caidas.
La mezquita blanca al fondo y las voces de los niños tras la verja tratando de vendernos sus pequeñas y entrañables artesanías, nos devuelven a la realidad.

Ya en el coche abrimos las cajas de los generosos desayunos que nos van a servir de comida. Y entre sueños y ensoñaciones pasan las casi 3 horas del viaje de vuelta.
A las 5 en punto estamos en el Nefertiti.
Un pequeño descanso y al atardecer salimos a caminar por las calles de detrás del hotel. Calles de Luxor, sin monumentos ni especiales atractivos. Tranquila vida local entre motocicletas, caminantes y pequeñas tiendas.
Llegamos hasta el restaurante Sofra cuando ya es de noche.
En el especial y solitario comedor cenamos pato y cordero al horno. Delicioso final para un día inolvidable.

Regresamos al Nefertiti caminando despacio por la calle del Templo y nos acostamos tranquilos. Mañana no hay programa ...