Domingo 12 de octubre
Nos levantamos sin prisa porque hasta las 10 no vamos a dejar el hotel.
Recogemos el equipaje cómodamente en la práctica habitación.
Y ocupamos el resto del tiempo en desayunar tranquilos contemplando por última vez las idílicas imágenes del Río Nilo a su paso por Aswán. Las terrazas del hotel Obelisk a nivel de las aguas, han resultado el lugar ideal para vivir el Nilo.
A las 10 en punto nos encontramos con el taxista que nos manda el hotel de Abu Simbel, contratado desde casa.
Y dejamos Aswán para viajar por las tierras vacías del desierto egipcio. Nos esperan 3 horas de relajado viaje entre los anchos horizontes.
El conductor deja un rato la carretera principal y circulamos por pistas de tierra. Según nos dice es para evitar los controles policiales y así ganar tiempo ...
Después otro rato circulando por el asfalto sin curvas, sin imágenes. Tan solo cielo, tierra y velocidad.
Hasta la típica parada en el colorido chiringuito donde ya nos encontramos con los buses que están de regreso.


En la cafetería-tienda llena de los colores del pueblo nubio, estiramos las piernas, nos tomamos un buen te y nos llevamos unos cojines de recuerdo.
Seguimos un buen rato por el paisaje de arena, ahora salpicado por pequeños y grandes montones de desconocidas piedras negras.
Hasta que se empieza a intuir la proximidad del lago. Aparece vida en el desierto. Aparecen los primeros cultivos. Aparecen grandes camiones que van y vienen al vecino Sudán. Talleres mecánicos, gasolineras, palmeras junto a la carretera y alguna pequeña mezquita.


Hemos llegado al pequeño pueblo de
ABU SIMBEL -
El pequeño pueblo habitado por nubios y situado en el Sur de Egipto, a tan solo 10 kilómetros de la frotera con Sudán. El pueblo que se ha convertido en un preciado objetivo para los amantes de los faraones que venimos hasta aquí para rendir tributo al eterno Ramsés y su templo más famoso, rescatado por voluntad humana de las aguas que lo cubrieron con la construcción de la Gran Presa de Aswán o Lago Nasser.
A la 1 y media el taxi se detiene frente al patio del
AMÓN GUEST HOUSE -
Aparcamos frente a la idílica casita al borde de las aguas azules del lago. Y conocemos a Adel el anfitrión perfecto que nos va a hacer muy fácil nuestra corta estancia en Abu Simbel.
Al preparar el viaje tuve muy claro que necesitábamos pasar una noche cerca del Templo para hacer la visita a nuestro ritmo sin depender de horarios. Tal vez podría haber ahorrado dinero pero reconozco que de este modo nos hemos llevado unos eternos e impagables recuerdos de nuestra estancia en Abu Simbel.


La habitación de la guest house es amplia, limpia y fresca y el paisaje desde la terraza perfecto.
El pueblo y los templos están cerca pero el atento Adel no va a dejar que caminemos. Por el precio de la habitación tenemos taxi a nuestra disposición para lo que necesitemos.
De momento Adel nos lleva a un típico restaurante decorado con los expresivos dibujos y colores nubios.

Relajante, larga y sabrosa comida en el entrañable espacio. Y alguna pequeña compra en la tienda del restaurante donde podemos curiosear a nuestro aire sin que nadie nos agobie.
Volvemos a la casita en el coche de Adel que ya nos ha comprado las entradas para el espectáculo de la noche.
Un breve descanso en la habitación y salimos a pisar los entrañables, desordenados y cálidos caminos junto al lago Nasser.


Callejones de tierra mirando a poniente. Niños pescando y abuelas descansando en la entrada de sus pequeñas casas.
Flores de colores y montones de piedras y arenas preparados para la construcción o restauración de las privilegiadas viviendas.
Escenas entrañables junto a las gentes del pueblo que nos saludan amables sin pretender nada de nosotros. Saben que somos los huéspedes de Adel.


Y el sol está ya muy cerca de la tierra cuando regresamos a la casa.
Y mientras nos tomamos un delicioso te en la terraza de Adel, se esconde silencioso tras las tierras de Abu Simbel, regalándonos unas preciosas imágenes.



Un rato de tertulia en la terraza con los viajeros que vienen de India y a las 7 nos subimos de nuevo al coche de Adel para vivir nuestra nocturna aventura
NOCHE en el TEMPLO -
Es totalmente de noche cuando llegamos al principio de la calle de las tiendas que ahora están cerradas.
Al final de la calle, pasada la entrada, subimos al pequeño tuc tuc que nos lleva hasta la profunda oscuridad por un sinuoso camino solitario bordeado de tenues luces.
No vemos nada más que las filas de asientos mirando hacia la noche. No podemos ni intuir todavía las dimensiones del anhelado espacio.
Una emocionante espera bajo el suave aire que viene del lago que está justo a nuestas espaldas, aunque no lo sabemos.
Las sillas a nuestro alrededor se van llenando de rostros orientales ...
Hasta que, las primeras, misteriosas luces se encienden y podemos por fin empezar a dar forma y profundidad a la foto que teníamos en la cabeza.

El espectáculo nos pareció flojito. Pero tuvieron mucho encanto los contrastes de luz y oscuridad en el inmenso espacio que más parecían fruto de un sueño que de una realidad.
Valió la pena la hora mágica que pasamos tratando de atrapar el, hasta ahora desconocido, rincón donde viven dioses y faraones.


Y valió mucho la pena, al final del espectáculo, acercarse con tímidez a las gigantescas figuras que, con la luz nocturna, parecían conservar algo de vida.
Unas imágenes que guardaremos para siempre. y un montón de fotos que intentan inútilmente atrapar la emoción del momento.

Somos los últimos en abandonar el espacio. Todos los tuc tucs ya se han ido y debemos hacer andando el oscuro camino hasta la salida. pero ya nos parece bien permanecer por más tiempo en el misterioso rincón de los templos.
Al final del camino nos espera el paciente Adel que nos devuelve a la casita.
Y nos acostamos con las extrañas imágenes aún rondando por nuestras cabezas.
Mañana madrugón.