Mdina es uno de los lugares más antiguos y evocadores de Malta, una ciudad que parece detenida en el tiempo. Su historia se remonta a más de tres mil años, mucho antes de la llegada de los fenicios, aunque fueron ellos quienes la convirtieron en un asentamiento importante alrededor del siglo VIII a. C. La llamaron Maleth, y la eligieron por su posición elevada en el centro de la isla, un lugar fácil de defender y desde el que se dominaba el territorio. Más tarde, los romanos la transformaron en una ciudad más estructurada y la llamaron Melite. Durante esa época se construyeron villas, edificios administrativos y un foro, y según la tradición, fue aquí donde San Pablo vivió tras naufragar en Malta.
Con la llegada de los árabes en el siglo IX, la ciudad cambió profundamente. Fueron ellos quienes le dieron el nombre de Mdina, que significa “ciudad amurallada”, y quienes definieron su trazado actual: calles estrechas, curvas suaves y un diseño pensado para confundir a posibles invasores y para mantener la sombra en los días calurosos. También redujeron el tamaño de la ciudad, separando Mdina de Rabat, que hasta entonces formaban un único núcleo urbano. Esta reorganización marcó para siempre la identidad de la ciudad.
Durante la Edad Media, Mdina fue la capital de Malta y el lugar donde residían las familias nobles más importantes. Sus palacios, muchos de ellos aún en pie, reflejan ese pasado aristocrático. Cuando los Caballeros de la Orden de San Juan llegaron en el siglo XVI, trasladaron la capital a La Valetta, más cerca del mar y más adecuada para la defensa naval. Mdina perdió poder político, pero ganó tranquilidad. Desde entonces se la conoce como la Ciudad del Silencio.
A lo largo de los siglos, Mdina ha sufrido terremotos, reconstrucciones y restauraciones, pero siempre ha conservado su carácter medieval.
Lo primero que encuentra cualquier visitante es la Puerta Principal. Justo después aparece el foso y las murallas, que rodean toda la ciudad y recuerdan su pasado defensivo desde la época fenicia, romana y árabe. La Puerta Principal —también llamada Vilhena Gate o Il-Bieb tal-Imdina— es la entrada ceremonial a Mdina. Fue construida en 1724, cuando el Gran Maestre António Manoel de Vilhena ordenó renovar por completo la entrada medieval y dar a la ciudad un acceso acorde con su nueva imagen barroca. La entrada medieval no era una sola puerta, sino un complejo de tres accesos y patios defensivos. Cuando Mondion rediseñó la zona, esos patios se demolieron para construir el Palazzo Vilhena, y la puerta antigua se selló. La nueva se levantó unos metros a la izquierda de la original.
Mdina fue la primera versión de Desembarco del Rey en la serie Juego de tronos. La Puerta Principal era la entrada al Desembarco del rey. En la Pjazza Mesquita tenía lugar el duelo entre Ned Stark y Jaime Lannister y el Convento de Santo Domingo (Rabat) eran los jardines de la Fortaleza Roja. Malta se usó durante 37 días de rodaje entre septiembre y noviembre de 2010.
Nada más pasar el arco aparece el Palazzo Vilhena, también obra de Mondion, que completa el conjunto barroco.
El resultado es una puerta que funciona como escenografía de llegada: un puente de piedra, dos leones heráldicos, un arco perfectamente proporcionado y el escudo del Gran Maestre coronando la fachada.
El Palazzo Vilhena —también llamado Magisterial Palace o Palazzo Pretorio— es uno de los edificios más representativos del barroco maltés. Fue levantado entre 1726 y 1728 como parte del gran proyecto de renovación de Mdina impulsado por Vilhena tras el terremoto de 1693. Mondion, arquitecto francés formado en la tradición parisina, diseñó un palacio de fachada simétrica, piedra caliza clara y un lenguaje monumental que marcaba la entrada a la ciudad. El edificio se alzó sobre un lugar con una larga historia: restos púnicos, un posible fortín bizantino, un castillo medieval (Castellu di la Chitati) y el antiguo Palazzo Giuratale, sede del gobierno local (Università). Todo ello fue demolido o transformado para dar paso al nuevo palacio barroco.
El palacio responde al barroco francés: fachada ordenada, balcones, pilastras, un portal monumental con busto de Vilhena y su escudo, y un patio interior con arcos elípticos. Mondion concibió un gran patio de acceso que sustituyó la antigua entrada medieval.
Tras su etapa como residencia del Gran Maestre, el palacio tuvo funciones muy distintas: En 1837 se convirtió en hospital temporal durante la epidemia de cólera. Desde 1860 fue sanatorio para tropas británicas. Hasta 1956 fue hospital para tuberculosis, conocido como Connaught Hospital. Desde 1973 es la sede del Museo Nacional de Historia Natural. El museo alberga colecciones de geología, paleontología, aves, mamíferos, insectos, moluscos y minerales, con más de 10.000 piezas geológicas y 12.000 especímenes zoológicos. Incluye salas dedicadas a naturalistas malteses y espacios temáticos sobre los ecosistemas de Filfla, Fungus Rock, Comino y las islas de San Pablo.
Hay una figura de un verdugo situada en una pequeña garita de piedra cerca de la entrada de la ciudad. Es una recreación contemporánea, colocada para mostrar cómo eran los puestos de vigilancia y castigo en época medieval y moderna.
La Torre dello Standardo es la torre barroca que se encuentra justo a la izquierda de la Puerta Principal de Mdina. Es una torre de señales integrada en las fortificaciones de Mdina. Su función era comunicar alertas mediante fuego, humo o cañonazos, avisando a las poblaciones y torres cercanas en caso de invasión o peligro. Fue levantada entre 1725 y 1726, diseñada por Charles François de Mondion, el mismo arquitecto que creó la Puerta Principal y el Palazzo Vilhena. Se construyó sobre una torre medieval anterior, la Torre Mastra o Torre de la Bandiera, dañada por el terremoto de Sicilia de 1693 y demolida en 1725. Servía también para poner banderas (de ahí su nombre: “Torre del Estandarte”). Durante la revuelta maltesa de 1798, ondearon allí banderas maltesas, napolitanas y portuguesas. En el siglo XIX fue vivienda del portero y personal del sanatorio instalado en el Palazzo Vilhena; en 1888, oficina telegráfica y en el siglo XX, comisaría de policía hasta 2002.
La Corte Capitana (Captain’s Court o Corte del Capitán) era el tribunal civil y criminal de Mdina durante la época de la Orden de San Juan.
Era la institución encargada de administrar justicia local, resolver disputas civiles, juzgar delitos comunes y mantener el orden dentro de la ciudad.
El Capitán de Mdina era una figura clave: representante del Gran Maestre en la ciudad, responsable de seguridad, justicia y administración. La Corte Capitana funcionaba como tribunal de primera instancia para los habitantes de Mdina y Rabat.
La Herald’s Loggia (o Loggia del Heraldo) es una logia abierta situada en la parte alta de Mdina, muy cerca de la Catedral y de la antigua Corte Capitana.
Era un espacio cívico donde se realizaban actos públicos, anuncios oficiales y proclamaciones. Su función principal era leer edictos y decretos del Capitán de Mdina o del Gran Maestre, publicar sentencias y decisiones judiciales y servir como punto de reunión para asuntos municipales. Era, en resumen, el balcón público desde el que se comunicaba la ley a los habitantes de Mdina y Rabat.
La Iglesia / Capilla de Santa Águeda de Mdina es una de las capillas más antiguas de la ciudad, fundada en 1417 por la familia noble Gatto Murina y reconstruida en 1696 por Lorenzo Gafà tras el terremoto de 1693. Fue visitada por el inquisidor Pietro Dusina en 1575, lo que confirma su importancia en la Mdina prebarroca. Fue bendecida en 1696 en presencia del arzobispo Antonio Cauchi y del Gran Maestre Adrien de Wignacourt. Santa Águeda es una de las tres patronas históricas de Malta, junto con San Publio y San Pablo. La capilla de Mdina refleja la antigua conexión devocional entre Malta y Sicilia, donde el culto a la santa era muy fuerte. Es de estilo barroco maltés sobrio.
El Monasterio e Iglesia de San Pedro (Il-Knisja u l-Monasteru ta’ San Pietru) es un complejo benedictino fundado en 1455 por orden del papa Calixto III, sobre un antiguo hospital medieval. Es el primer monasterio femenino benedictino de Malta y uno de los edificios religiosos más antiguos de Mdina. Durante siglos fue un convento de clausura estricta, hogar de decenas de monjas dedicadas a la vida contemplativa.
La iglesia actual fue reconstruida en 1625 con apoyo del obispo Baldassare Cagliares. Tiene un retablo de 1682 de Mattia Preti: Virgen y Niño con San Pedro, San Benito y Santa Escolástica; obras de Francesco Zahra (Resurrección, Madonna del Pilar) y un altar barroco del siglo XVIII. El conjunto incluye iglesia, claustro, celdas, jardines y dependencias internas.
La Beata María Adeodata Pisani nació en Nápoles en 1806, hija del noble maltés Benedetto Pisani y de Vincenza Carrano. Su infancia estuvo marcada por tensiones familiares, internados estrictos y un traslado forzado a Malta tras la implicación política de su padre en los movimientos liberales napolitanos. Instalados en Rabat, muy cerca de Mdina, María Teresa —su nombre de nacimiento— creció en un ambiente de recogimiento y disciplina. Su vocación surgió de forma silenciosa pero firme: un sermón sobre el Juicio Final la impresionó profundamente y, con veintiún años, decidió ingresar en el Monasterio Benedictino de San Pedro de Mdina, tomando el nombre de María Adeodata, “la dada por Dios”. Allí vivió veintisiete años de clausura, dedicados a la oración, al trabajo manual y al servicio humilde. Fue sacristana, enfermera, portera —donde atendía a los pobres que acudían al convento— y maestra de novicias. Su carácter era reservado, disciplinado y profundamente compasivo. En 1851 fue elegida abadesa. Murió el 25 de febrero de 1855, tras recibir la comunión esa misma mañana, tal como ella misma había intuido. Su fama de santidad se extendió pronto entre las comunidades religiosas de Malta. El proceso de beatificación culminó el 9 de mayo de 2001, cuando Juan Pablo II la proclamó Beata ante miles de fieles. Sus restos reposan en la iglesia del Monasterio de San Pedro.
Lo primero que vimos fue la celda de la beata. Desde allí se pasa a la zona de las novicias, un conjunto de habitaciones pequeñas donde se formaban las jóvenes que ingresaban en la comunidad. Son estancias desnudas, con mobiliario esencial, donde se percibe el ritmo lento y disciplinado de la vida benedictina. Los pasillos son estrechos, las puertas bajas, y todo está organizado para favorecer la vida interior y el tránsito silencioso.
El recorrido continúa hacia la lavandería, un espacio sorprendentemente amplio en comparación con las celdas. Allí se conservan las pilas de piedra, los utensilios de lavado y la estructura original del cuarto, que muestra cómo la comunidad gestionaba su vida cotidiana sin contacto con el exterior. La piedra está marcada por el uso, y el ambiente transmite la repetición diaria de tareas sencillas y constantes.
Después aparece la cocina, con su chimenea antigua, sus superficies de piedra y los utensilios tradicionales. Es un espacio funcional, pensado para sostener la vida comunitaria con recursos mínimos. Junto a ella se encuentra la despensa, un cuarto fresco y oscuro donde se almacenaban alimentos, hierbas, aceite y pan. Todo está dispuesto de forma práctica.
Recorrimos un pasillo alto y estrecho. Había una serie de habitaciones mínimas, cada una dedicada a una tarea concreta de la vida monástica. En una de ellas se conservan mesas de trabajo, frascos de vidrio, morteros y plantas secas: es el espacio donde las monjas preparaban remedios medicinales, ungüentos, infusiones y bálsamos. La tradición benedictina siempre integró el conocimiento de hierbas y cuidados básicos, y en este monasterio esa función fue especialmente importante porque la comunidad atendía a enfermas internas y a mujeres necesitadas que acudían discretamente a la portería. En época moderna, el Monasterio de San Pedro mantuvo un pequeño hospital interno, destinado a las propias monjas y, en ciertos periodos, a mujeres externas en situaciones de necesidad. No era un hospital público, sino una enfermería monástica, organizada en torno a estas estancias de trabajo y a una sala mayor donde se atendía a las enfermas.
El Palacio Inguanez se alza en la parte alta de Mdina, en Triq Inguanez, una calle silenciosa que conserva el aspecto medieval de la ciudad. Es la residencia histórica de la familia Inguanez, una de las más antiguas de Malta, documentada desde el siglo XIII y vinculada a cargos de gobierno, administración y representación durante siglos. La fachada del palacio es sobria y compacta, con muros gruesos, ventanas altas y un equilibrio entre austeridad medieval y reformas barrocas posteriores.
El palacio ocupa una manzana entera, con patios interiores, salones nobles y dependencias que se han ido ampliando a lo largo de los siglos. Desde el exterior se percibe la estructura irregular, resultado de ampliaciones sucesivas que respetaron la trama medieval. La puerta principal, coronada por el escudo de los Inguanez, marca la entrada a un mundo privado que ha permanecido prácticamente intacto. La familia ha conservado el palacio como residencia.
El Palazzo Testaferrata Bonici es uno de los palacios nobiliarios más antiguos de Mdina, situado en Triq Inguanez, muy cerca del Palacio Inguanez y del Monasterio de San Pedro. Es un edificio privado, todavía habitado por descendientes de las familias Testaferrata y Bonici, dos linajes históricos de la nobleza maltesa. No se visita por dentro.
El Banco Giuratale se alza en la parte alta de Mdina, en la plaza que se abre frente a la Catedral, y fue durante siglos la sede del gobierno municipal. Allí se reunían los giurati, los jurados o magistrados que administraban la ciudad antes y durante la época de la Orden de San Juan. El edificio actual es una reconstrucción barroca de 1726, diseñada por Charles François de Mondion, el mismo arquitecto que transformó la entrada de Mdina con la Puerta Principal, el Palazzo Vilhena y la Torre dello Standardo. Su fachada es sobria y equilibrada, con un portal central flanqueado por pilastras y un balcón de piedra que domina la plaza, pensado para proclamar decisiones, edictos y anuncios públicos.
El interior, que hoy alberga oficinas municipales y archivos, conserva la estructura de un palacio administrativo: salas amplias, techos altos y una distribución pensada para la gestión de la ciudad. Desde su creación, el Banco Giuratale fue el corazón político de Mdina, el lugar donde se decidían impuestos, obras públicas, cuestiones de justicia local y relaciones con la Orden.
El Seminario se levanta en la parte alta de Mdina, muy cerca de la Catedral y del Palacio Episcopal, formando con ellos un conjunto coherente que expresa el poder y la organización de la Iglesia en la ciudad. El edificio actual es fruto de una gran reconstrucción del siglo XVIII, cuando la diócesis decidió modernizar la formación del clero y dotar a Mdina de un espacio académico y residencial acorde con su dignidad. La fachada es sobria y equilibrada, con un portal central que da acceso a un patio interior de proporciones regulares, rodeado por galerías que distribuyen las aulas, las habitaciones y los espacios comunes.
El interior del Seminario combina la austeridad propia de un centro de formación religiosa con detalles barrocos que recuerdan la importancia de la institución. El patio es el corazón del edificio: un espacio silencioso, de piedra clara, donde se articulaba la vida cotidiana de los seminaristas. Desde allí se accedía a las salas de estudio, a la biblioteca, al refectorio y a las habitaciones, todas organizadas en torno a un ritmo disciplinado de oración, estudio y vida comunitaria. El edificio conserva la estructura original, aunque hoy su función ha cambiado y parte de sus espacios se utilizan para actividades culturales, archivos y dependencias diocesanas.
La Catedral de Mdina se alza en el centro de la ciudad. Es una maestra del barroco maltés. El edificio actual es fruto de la gran reconstrucción emprendida tras el terremoto de 1693, que destruyó la antigua catedral medieval. El arquitecto Lorenzo Gafà, figura esencial del barroco en Malta, concibió un templo de proporciones equilibradas, con una fachada de piedra dorada que se integra con naturalidad en la plaza. La fachada, articulada en dos niveles y coronada por un frontón triangular, combina pilastras, nichos y un ritmo vertical que conduce la mirada hacia las torres campanario, creando una presencia solemne sin excesos ornamentales.
Al cruzar el portal, el interior revela una planta de cruz latina, con una nave amplia y luminosa que desemboca en un crucero coronado por una cúpula de tambor alto. El pavimento de mármol, con lápidas sepulcrales incrustadas, recuerda que la catedral fue durante siglos lugar de entierro de obispos y nobles. En el lado del Evangelio se encuentran capillas dedicadas a santos de fuerte arraigo en la tradición maltesa, con retablos que combinan pintura italiana y escultura local. Estas capillas suelen incluir escenas de la vida de la Virgen o de santos protectores de la ciudad, integradas en marcos de piedra tallada que siguen el lenguaje de Lorenzo Gafà. En el lado de la Epístola, las capillas mantienen la misma proporción y estilo arquitectónico, con altares laterales que albergan lienzos de los siglos XVII y XVIII, algunos de ellos atribuidos a artistas italianos y malteses que trabajaron en paralelo al gran programa pictórico de Mattia Preti.
El altar mayor, elevado y enmarcado por columnas, preside el espacio con una composición clara y simétrica. La cúpula, visible desde distintos puntos de Mdina y del paisaje circundante, es uno de los elementos más reconocibles del perfil urbano. La sacristía y las dependencias anexas conservan objetos litúrgicos, vestiduras y documentos.
La catedral se levanta sobre el lugar donde, según la tradición, se encontraba la casa del gobernador Publio, convertido al cristianismo por San Pablo tras el naufragio del apóstol en Malta.
Desde el siglo XIX, la función episcopal se comparte con la Concatedral de San Juan en La Valeta, pero Mdina mantiene el título de Catedral Metropolitana.
La entrada a la Catedral de Mdina cuesta 15 € e incluye también el acceso al Museo Catedralicio.
El Museo Catedralicio se encuentra a la derecha de la Catedral de San Pablo, en un edificio construido originalmente como seminario bajo el mecenazgo del obispo Paul Alphéran de Bussan, quien colocó la primera piedra en 1733. El edificio, de planta organizada en torno a un patio central, funcionó como centro de formación del clero hasta el siglo XIX y más tarde tuvo usos militares y educativos antes de convertirse en museo en 1969.
Una de sus piezas más destacadas es la colección de grabados de Albrecht Dürer, una de las más importantes fuera de Alemania, que incluye series completas como La Vida de la Virgen y La Pequeña Pasión.
Entre los objetos más antiguos se encuentra Petronilla, una campana medieval fundida en 1370, considerada la campana más antigua conservada en Malta y una de las pocas supervivientes del terremoto de 1693 que destruyó la antigua catedral.
El Museo Catedralicio posee una tabla gótica del siglo XV, atribuida al círculo o taller de Lluís Borrassà, el gran maestro del gótico internacional en Cataluña (activo en Barcelona entre 1380 y 1425). Nada más verla, y sin haber visto el cartel, me dio la impresión de estar en el MNAC.
Dun Karm Psaila (1871–1961) fue sacerdote, poeta y uno de los grandes impulsores del maltés como lengua literaria moderna. Aunque comenzó escribiendo en italiano, pronto adoptó el maltés como vehículo principal de su obra, convirtiéndose en la figura clave de la literatura maltesa del siglo XX. Su presencia en el Museo Catedralicio se debe a que parte de sus manuscritos, ediciones tempranas y documentos personales fueron depositados en los archivos eclesiásticos, que conservan materiales vinculados a la vida intelectual y religiosa de la isla. Es el poeta nacional de Malta y autor del Himno Nacional Maltés (L-Innu Malti).