El Ramesseum
La última parada del día se encuentra muy cerca de la entrada de las zonas arqueológicas.
El Ramesseum es el nombre dado al templo funerario construido por Ramsés II, otro templo de millones de años. De el solo quedan los patios y estancias centrales, los mas importantes ya que a su alrededor se construyeron diversas salas que servirían como almacenes o recintos secundarios.



Tras los restos del primer pilono se encuentra el primer patio donde se hallaban dos estatuas sedentes del faraón que debían ser inmensas y de las que solo quedan el torso y la base de una de ellas. Construidas en granito rojo.


El segundo patio lo flanquean los restos del pórtico de Osiris y a continuación una porción del segundo pilono para dejar paso a la sala hipóstila aun con un buen numero de columnas en pie, como siempre, las centrales de papiro abierto.





Las paredes están adornadas con escenas de batallas, presentaciones ante los dioses y procesiones de los hijos del faraón.




Del resto del templo solo quedan poco mas que los cimientos. Al estar construido en piedra caliza y estar relativamente cerca del río, las continuas crecidas y el tiempo hacían mella en la estructura del templo. Además, se utilizaron muchos trozos de piedra arenisca y granito en reforzar otras construcciones.

Terminamos poco antes de las 11. Una hora magnifica para tomar una cerveza en un bar muy cerca de allí del que me había informado en el foro Los viajeros (gracias Bartomeu).
Allí cayeron 2 casi sin rechistar junto a otros viajeros uruguayos que en dos días abandonaban Egipto para terminar en España, justo en el Puerto de Santa Maria donde tenían parientes. A veces el mundo es muy pequeño.
Almorzamos en un restaurante junto al río a pie de carretera. Esta vez, Fátima insiste en pagar también las bebidas. Cuando llega la cuenta, suma 170 L.E. Reclama y da por zanjado el asunto de las bebidas.

Volvimos al hotel con tiempo de pasar una horita en la piscina y luego una buena siesta en la habitación. Hay costumbres que nunca desaparecen y estos madrugones ayudan a perpetuarlas.


A media tarde bajamos a tomar café al pequeño bar de recepción y allí tuve la confirmación definitiva: la foto de abajo, a la derecha, es del viaje anterior, allá por el 2002, la de la izquierda, es de ese día. Sin quererlo habíamos ido a parar al mismo hotel en Luxor solo que entonces nos quedamos solo una noche y el nombre era distinto.
Volvimos a cenar al Mamma Mía donde nos confunden una ensalada de atún con una pizza de atún. Hoy no hacemos excursión nocturna al centro. Estamos derrengados y además, para mi pesar, empiezo con diarreas. Ya estaba tardando en llegar.