![]() ![]() Sicilia: recorrido básico de ocho días en septiembre. ✏️ Blogs de Italia
Recorrido básico de una semana por los lugares más típicos de Sicilia (Catania, Etna, Taormina, Cefalú, Palermo, Monreale, Segesta, Selinunte, Agrigento, Villa del Casale, Noto, Ortigia y Siracusa) a mediados de septiembre.Autor: Artemisa23 Fecha creación: ⭐ Puntos: 5 (11 Votos) Índice del Diario: Sicilia: recorrido básico de ocho días en septiembre.
01: Sicilia, sí o sí al fin.
02: Llegada a Catania. Recorriendo Catania (I).
03: Recorriendo Catania (II).
04: Acercándonos al Etna.
05: Taormina.
06: De Catania a Palermo pasando por Cefalú. El interior de la isla en fotos.
07: Cefalú.
08: Recorriendo Palermo (I).
09: Recorriendo Palermo (II).
10: Palermo de noche. La leyenda de la Testa di Moro.
11: Monreale.
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Etapas 7 a 9, total 21
El bus nos dejó en un aparcamiento exterior y fuimos caminando hasta el casco histórico, donde pasamos varias horas. No había visita guiada, así que cada cual fue a su aire. Antes de llegar, lo que vimos a lo lejos desde un mirador junto al mar, prometía. Desde allí, al volvernos hacia atrás, veíamos una panorámica también atractiva con el faro de fondo.
![]() ![]() Aunque su población es de unos 13.000 habitantes, el casco antiguo abarca una pequeña península, cuyos puntos más interesantes se pueden recorrer teniendo en cuenta dos calles y una plaza: Corso Ruggero, Vía Vittorio Emanuele y la Piazza del Duomo.
Foto de un mapa turístico que había en una de las calles de Cefalú.
![]() Después de pasar por Porta Giudeca, uno de los cuatro antiguos accesos abiertos en la muralla medieval, preferimos dirigirnos en primer lugar hacia el puerto. Así que en vez de girar a la izquierda y tomar Corso Ruggero, que lleva hasta el Duomo, continuamos en línea recta por una de las calles que conducen a Vía Vittorio Emanuele.
![]() ![]() ![]() No hay que perdérselas, así que lo mejor es ir por una y volver por otra, ya que representan la esencia siciliana de calles estrechas con toldos de colores y colada tendida en los balcones. Curiosamente, aquí no sentimos el agobio de gente que encontramos en Taormina, quizás porque muchos estaban en la playa
![]() ![]() Al final, salimos al Puerto Viejo, contemplando entonces una de las estampas más conocidas de Sicilia, la que aparece en muchas guías turísticas. La verdad, muy bonito el panorama, pese a que la pequeña playa de Porta Pescara estaba abarrotada de bañistas en un día de mucho calor, con decenas de sombrillas abiertas al sol. Sin embargo, en este caso, no sé por qué, la multitud no le sentaba mal a las fotos.
![]() ![]() Al final de un espigón que avanza desde el muelle, se capta una de las mejores imágenes, las encantadoras casitas junto al mar azul, coronadas por el imponente promontorio rocoso a cuyos pies se asienta Cefalú. Los colores eran los de las revistas, no creo que ni los más caprichosos cedan a la tentación de saturarlos. Más adelante, están las playas propiamente dichas, que no me paro a valorar porque no teníamos intención de bañarnos. Al final, se llega al Lungomare, desde donde se obtiene una imagen diferente, con el caserío presidido por la enorme mole del Duomo. Había que andar bastante y preferimos dejarlo.
![]() ![]() Por un laberinto de callejuelas traseras, llegamos hasta el antiguo Lavadero Medieval del siglo XVI, que aprovechaba un manantial subterráneo para surtir de agua a ocho pilas que se conservan y que fueron utilizadas hasta no hace mucho tiempo.
![]() ![]() Se accede bajando unas escaleras y consta de tres niveles, en el más alto se recolectaba el agua limpia, en el intermedio se lavaba la ropa y a través del inferior se desaguaba al mar.
![]() ![]() Imprescindible. Aunque he visto muchos lavaderos medievales en un montón de sitios, no recuerdo ninguno tan bonito como este, que te retrotrae sin remedio a un cuento. Aquí sí que había mucha gente, pero con un poco de paciencia pudimos tomar algunas fotos majas.
![]() ![]() ![]() Catedral de Cefalú. Había llegado el momento de visitar la Catedral, uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura normanda en Sicilia, a la que llegamos tomando unas callejuelas. Dedicada a San Salvador y a la Transfiguración de Jesús, fue consagrada en 1131 por orden del rey Ruggero II de Sicilia. Se construyó en principio para mausoleo de los monarcas sicilianos, pero posteriormente se descartó, pasando tal función a la Catedral de Palermo. La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 2015, dentro del sitio “Palermo árabe-normando y las catedrales de Cefalú y Monreale”.
![]() ![]() El exterior cuenta con dos sobrias torres y una portada de finales del siglo XV, adornada con estatuas de mármol blanco. El interior tiene planta basilical con tres naves. El templo se puede visitar de forma gratuita, pero existen entradas separadas de pago para acceder a otras zonas, como las torres, el claustro, el museo y, en especial, el acceso al ábside para contemplar de cerca los mosaicos del siglo XII. Si no se quiere pagar más, tampoco es que se vean mal desde el Altar Mayor, excepto algunas figuras laterales. En estas fotos os pongo las vistas desde el Altar Mayor sin abonar la entrada adicional: con el zoom, salen fotos apañadas.
![]() ![]() ![]() Compre el pase más completo, que incluía también la visita a un palacete-museo. Creo que me costó unos quince euros. Sin embargo, me encontré con el problema de que se estaba celebrando una boda, con lo cual para pasar a ver el interior del ábside tuve que esperar a que finalizase la ceremonia. Mientras tanto, vi el museo, el claustro y subí a las torres, desde las cuales no divisé unas panorámicas tan buenas como suponía porque en los huecos abiertos y en las ventanas había redes de protección. No obstante, capté algunas vistas interesantes, incluida la boda, desde lo alto, en el corredor interior.
El Museo (Palacio Arzobispal).
![]() El Claustro. ![]() ![]() ![]() Las Torres. ![]() ![]() Las vistas (podía ver a mi marido, sentado tomando un café, perdón, un espresso ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() La iglesia desde el pasillo que comunica las dos torres con boda incluida. ![]() Concluido el casamiento después de casi dos horas (las bodas en Sicilia son muy largas y pueden celebrarse cualquier día de la semana), pasé a ver de cerca los magníficos mosaicos de la cuenca del ábside que representan un enorme Cristo Pantocrátor, en cuya parte inferior están representados la Virgen y los Arcángeles. En las paredes laterales, aparece una larga hilera de ángeles, patriarcas y profetas. El conjunto resulta espectacular, sobre todo el brillo que despiden los mosaicos cuando los ilumina el sol a través de las vidrieras. Una maravilla, aunque no creo que compense a todo el mundo pagar por ver el conjunto desde el interior del ábside. La verdad es que se aprecian bien desde el Altar Mayor.
![]() ![]() ![]() Habitualmente, se dice que es mejor visitar la Catedral de Cefalú antes de ir a la Capilla Palatina de Palermo y a la Catedral de Monreale para apreciar mejor su belleza y que no decepcione si se ve después. Probablemente sea cierto, pero tampoco me atrevo a afirmarlo. En cualquier caso, la visita merece la pena.
![]() Más tarde, fui a dar una vuelta por una zona mucho menos concurrida que el Puerto Viejo. Se llama Bastione Marchiafava y se puede recorrer a través de un pequeño sendero que existe marcado entre las rocas que dan al mar, siempre que el oleaje esté tranquilo, claro está. A ella se asoman algunas terrazas de bares y restaurantes que, supongo, deben estar petadas durante la puesta de sol. Entonces había poca gente.
![]() ![]() ![]() Luego di un paseo por el antiguo barrio judío y me topé con los únicos restos que quedan de las murallas megalíticas griegas, que datan de los siglos V y IV antes de Cristo. Se trata de zona muy tranquila para tomar fotos casi sin gente. Se llega girando hacia la derecha desde la Porta Giudeca.
![]() ![]() Teníamos pensado subir hasta un mirador que hay en el promontorio rocoso, pero hacía calor y estábamos bastante cansados, así que preferimos dar un paseo hasta el puerto nuevo, desde donde contemplamos unas vistas muy chulas.
![]() ![]() Muy bonito, Cefalú. En mi opinión, un imprescindible en Sicilia.
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Desde Cefalú, nos trasladamos a Palermo (72 kilómetros), donde nos alojamos las dos noches siguientes, menos tiempo del que nos hubiese gustado al tratarse de una ciudad con una historia fascinante y un sinfín de tesoros arquitectónicos y artísticos, pues no en vano fue la capital de un reino durante siglos. En este caso, me importó menos porque nos hemos propuesto volver a no mucho tardar, así que me dediqué a los lugares imprescindibles, dejando museos, interiores de iglesias y lugares alejados del centro para la próxima vez. El trayecto, en paralelo a la costa norte, nos deparó una mezcla de casitas de vacaciones con zonas industriales, todo frente al mar.
![]() ![]() En cuestión de minutos, el calor que habíamos pasado durante el día empezó a convertirse en bochorno, así que no nos extrañó cuando, en la distancia, empezamos a distinguir, primero, un montón de nubarrones negros y, a continuación, rayos y centellas sobre lo que nos imaginábamos que era Palermo. Enseguida comenzó a caer un auténtico diluvio que pareció amainar cuando pasamos por la zona del puerto.
![]() Al entrar en la ciudad, las calles estaban encharcadas, pero lo peor de la tormenta había pasado. Anocheció rápidamente y empezamos a darnos cuenta del tráfico y sus normas en la capital siciliana. Idas y venidas a menudo absurdas -a nuestro modo de entenderlo, claro- para circular por cualquier parte. Nuestro hotel era el Palazzo Liberty Unique, fantásticamente situado en la Vía Roma, a pocos minutos a pie de todo lo más importante del casco histórico de Palermo. Esta vez se habían lucido. Estaba casi recién inaugurado, ocupando un antiguo palacete remodelado, tanto es así que en Google Maps aún aparece la fachada antigua. Habitación amplia y muy confortable.
![]() ![]() Salimos a cenar a un restaurante cercano y luego solamente pudimos dar una vuelta por los alrededores, pues empezó de nuevo a caer la del pulpo. Menos mal que las previsiones meteorológicas para el día siguiente eran buenas y sin tormentas.
El hotel, nuestra habitación y las vistas desde el balcón.
![]() Recorriendo Palermo. Amaneció una mañana sin amenaza de lluvia pero con muchas nubes y poco sol. Tras el desayuno, la jornada comenzó con una visita de Palermo a pie con una guía local que, aparte de ver sitios y enterarnos de los detalles, nos vino muy bien para orientarnos más tarde. Como de costumbre, voy a contar mi recorrido con un orden un poco más lógico del que llevé, ya que deambulé por sitios que ni siquiera recuerdo qué son ni dónde están, y también repetí lugares varias veces, tanto con la visita guiada, con mi marido o en solitario.
![]() ![]() En un primer vistazo panorámico desde el autobús, ya vi que Palermo es un caos de tráfico organizado a su modo, una mezcla fascinante de estilos acuñados por los pueblos que la han conformado: calles elegantes y callejuelas sucias, sucesiones de antiguos palacios restaurados o ruinosos, iglesias modestas o suntuosas con incoerentes interiores; arte vivo y deterioro a partes iguales con gente yendo y viniendo a todas horas. Me gustó mucho, aunque también me dio pena pensar en lo que ya se ha perdido irremediablemente.
![]() ![]() Ya caminando, entramos en el casco antiguo por la Porta Nuova, puerta de acceso al Cassaro, la antigua calle principal de la ciudad, llamada hoy Via Vittorio Emanuele. El arco inferior data de 1420; en 1583 se restructuró, añadiéndose la espléndida galería superior, para conmemorar la entrada triunfal en Sicilia del Emperador Carlos V tras conquistar Túnez en 1535. Fue renovada con elementos barrocos en 1669 tras sufrir los estragos de un feroz incendio.
![]() ![]() ![]() En cuanto cruzamos el arco, a la izquierda, nos situamos frente al Palacio Normando o Palacio Real, una joya del arte bizantino y árabe-normando, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015. Construido por los normandos en el siglo XII, está considerado como la residencia real más antigua de Europa, ocupada por los gobernantes sicilianos y sede imperial con Federico II y Conrado IV.
![]() Foto de un panel informativo situado en el exterior. ![]() Todavía se conservan elementos originales de tiempos de Rogelio II, si bien la mayor parte del palacio actual data de las reformas y ampliaciones realizadas en la época de los reyes españoles. Hoy en día alberga la Asamblea Regional Siciliana.
![]() ![]() Además de los Apartamentos Reales, el principal aliciente de la visita al Palacio es ver la Capilla Palatina, construida entre 1131 y 1140 por Rogelio II sobre los cimientos de una pequeña iglesia anterior. Tras las reformas del siglo XVI, quedó integrada en el Palacio, por lo que su exterior se reduce a la logia de la antigua fachada y a la portada lateral, que se abre al pórtico de Cortile Maqueda, el patio interior del palacio, a cuya primera planta hay que subir para visitar la Capilla.
![]() ![]() ![]() Antes de entrar, los mosaicos del exterior nos depararon un bello anticipo de lo que nos aguardaba después. Las decoraciones del pórtico fueron realizadas durante el reinado de Fernando I Dos Sicilias. Entre ellas, destaca el Genio de Palermo, un protector pagano de la ciudad anterior al Cristianismo, de quien solo existen diez representaciones, siendo esta la única realizada en mosaicos (la última foto, por abajo).
![]() ![]() ![]() El interior es maravilloso, uno de esos pocos lugares que realmente te dejan con la boca abierta, sin saber dónde fijar la mirada porque todo te atrae y te deslumbra. Incluso a mi marido, no demasiado aficionado a las iglesias, se le pusieron los ojos a cuadros en cuanto lo vio.
![]() ![]() ![]() Entre tanto fulgor, sobresalen como elementos decorativos los mosaicos bizantinos que muestran escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento en las partes altas y de la vida de San Pedro y San Pablo en las paredes laterales. No soy muy entusiasta de las explicaciones profusas, pero en este caso reconozco que los comentarios de la guía local fueron todo un plus.
![]() ![]() ![]() En la parte más alta de la cúpula aparece el Cristo Pantocrátor rodeado por Ángeles y Arcángeles. En la contra-fachada, sobre el aposento real, se ve la representación del Cristo Pantocrátor con San Pedro y San Pablo.
![]() ![]() ![]() ![]() También destacan los mosaicos árabes sobre mármol blanco y las muqarnas del techo, que tienen carácter único en el Arte Islámico al mostrar figuras humanas en el paraíso, si bien solo pueden apreciarse desde abajo con prismáticos. Bueno, o con el zoom de la cámara de fotos, que para eso está
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Es inútil que cuente más porque no haría sino repetir literatura ya escrita. Así que me limitaré a poner una pequeña muestra de las docenas de fotos que hice. Ni que decir tiene que me pareció uno de esos lugares que merece la pena visitar al menos una vez. Además, tuvimos la suerte de encontrarnos la Capilla abierta al completo, sin andamios ni lonas en ninguna de sus partes, algo que creo haber oído que sucede justamente ahora.
![]() ![]() Después de visitar los jardines del Palacio, que no nos dijeron demasiado, dimos un paseo por la zona ajardinada que hay enfrente, y Villa Bonanno, en la zona anexa de la Plaza de la Victoria. Hay esculturas (una del rey Felipe V de España), fuentes y hasta los restos de una domus romana. A un lado, hay varios edificios diocesanos, algunos en restauración.
![]() ![]() Seguimos por la Vía Vittorio Emanuele hasta llegar a la Piazza del Duomo, rodeada de una balaustrada con esculturas religiosas y en cuyo centro está la dedicada a Santa Rosalía, una dama noble y virgen del siglo XII que vivió como ermitaña en una cueva y a quien se le atribuye el portento de acabar con una epidemia de peste, por lo cual la ciudad le concedió el título de protectora. A un lado, frente al Museo Diocesano, se puede ver el Carro de la Santa, que se utiliza con motivo de la procesión que se hace en su honor.
![]() ![]() ![]() Pero naturalmente lo más importante de la plaza es la Catedral, cuyo enorme edificio actual es el resultado de construcciones, ampliaciones y reformas realizadas desde el siglo XII hasta finales del XIX.
![]() ![]() La triple portada meridional –entrada principal-, data del siglo XV y en el siglo XVII se construyó la Capilla de Santa Rosalía, realizada en mármol y que contiene los restos de la Santa en un arca de plata. A finales del siglo XVIII, diversas reformas transformaron el estilo medieval del interior del templo al gusto neoclásico. En 2015, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
![]() Durante siglos, en la Catedral se celebraron coronaciones, bodas reales y buena parte de los soberanos sicilianos se encuentran enterrados aquí en suntuosas tumbas. Sin extras, se puede acceder de forma gratuita, pero había una boda y no pudimos movernos libremente. Volví más tarde para echar un vistazo. Sí que sentí no poder hacer la visita de los tejados, pero me fue imposible por cuestión de horario. Queda pendiente para un próximo viaje.
![]() ![]() Lo cierto es que el interior no me sedujo especialmente, esperaba otra cosa después de ver el exterior, que me gustó mucho en todas sus fachadas, sobre todo la que da a la plaza del Santo Ángel. También me llamó la atención las dos pasarelas con arcos apuntados que conectan el Museo Diocesano con la Catedral.
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Pasando el arco que comunica la Catedral con el Palacio Arzobispal, está la galería de la Capilla e Logia dell’Incoronata, donde los soberanos se vestían para las ceremonias que se celebraban en la Catedral.
![]() Un poco más adelante, entrando por un callejón, me encontré con un cartel que anunciaba una de las iglesias más antiguas de Palermo, la Chiesa de Santa Cristina La Vetere, fundada en 1154 para albergar la urna funeraria de Santa Cristina de Bolsena, entonces patrona de Palermo, utilizando como base una antigua torre árabe. Posteriormente, la utilizaron los peregrinos que iban hacia Tierra Santa y obtenían refugio en el Albergue de Peregrinos de la Orden de la Santísima Trinidad. Ahora se están realizando obras de conservación en la fachada, que es sumamente modesta. En el interior, que ya no está consagrado, un sacerdote muy amable me explicó la historia del lugar. Con planta de cruz griega y tres naves, en una de las antiguas capillas aún se conservan pinturas al fresco que representan a San Pedro y San Pablo y en el suelo hay multitud de lápidas funerarias. El presbiterio data de una reforma del siglo XVI. Desde luego, en Palermo hay multitud de iglesias mucho más espectaculares que esta, pero lo modesto también me llama la atención. Y charlar un rato con el cura fue un plus.
![]() Continuamos por Corso Vittorio Emanuele, que parece más estrecho de lo que es no solo por la cantidad de gente que hay sino también por la multitud de edificios notables -en diferente estado de conservación, eso sí- que aparecen a un lado y otro: iglesias, palacios, museos, bibliotecas… Y tampoco faltan los balcones repletos de macetas con flores.
![]() ![]() Si los portales están abiertos y pidiendo permiso si llega el caso, conviene asomarse a alguno de los patios de los palacetes, por ejemplo donde está el restaurante MEC, conocido también como la Casa de la Palmera. Al ver su interior, descubrimos el motivo. Aunque la fuente no le va a la zaga en belleza.
![]() A pocos metros, alcanzamos la Plaza Bologni, que merece una paradita. Está rodeada por varios palacios, algunos en estado lamentable, y en el lateral principal se ubica la estatua en bronce del Emperador Carlos V, frente a la cual está el Palacio Riso, edificio del siglo XVIII, famoso por haber sido sede del Partido Fascista entre 1922 y 1943, lo que le convirtió en objetivo de los bombardeos aliados. En 1943 fue alcanzado y solo se salvó la fachada, quedando destruida toda la parte interior, incluidos los frescos y las obras de arte. Tras ser restaurado, en 2008 allí se instaló el Museo de Arte Contemporáneo de Sicilia, que no es de los más recomendados en la ciudad, aunque no puedo opinar porque no lo visité.
![]() ![]() Además de pasear por la calle principal, merece la pena asomarse a las callejuelas laterales, que suelen ofrecer estampas poco glamurosas pero muy características de Palermo.
![]() ![]() Por fin, entre una auténtica muchedumbre que levantaba los brazos en todas direcciones para hacer fotos con sus móviles, alcanzamos otro punto imprescindible en Palermo, el que forma la intersección entre Corso Vittorio Emanuele y Vía Maqueda: la Piazza Vigliena, a la que todo el mundo se refiere como Quattro Canti.
![]() De forma octogonal, data de mediados del siglo XVII y se realizó en varias fases. Consta de cuatro edificios que presentan tres niveles decorativos. En el inferior de cada fachada hay una fuente -símbolo de los ríos que confluían antiguamente en Palermo, el Kemonia y el Papireto-, junto con una estatua alegórica de cada estación del año. El nivel intermedio está dedicado a la realeza, con las esculturas de los reyes españoles Carlos I, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. El nivel superior se refiere al orden divino, representado por cuatro santas de Palermo, Santa Águeda, Santa Cristina, Santa Ninfa y Santa Oliva. Coronando cada conjunto, aparecen el escudo real y los escudos del Senado y del Virreino de Sicilia en tamaño más pequeño. Impresionante, igual que el ambiente alrededor.
![]() Girando a la derecha por la Vía Maqueda, se llega a la Piazza Pretoria, cuyo nombre se debe al Palacio del Pretorio (Ayuntamiento) o Palacio de las Águilas, que allí se ubica, al igual que el Palazzo Bonocore
![]() ![]() A la plaza también se asoma la Iglesia de Santa Caterina, unida a un monasterio dominico renacentista del siglo XVI, que cuenta con una cúpula espectacular del siglo XVIII, aunque esa fachada lateral estaba cubierta de andamios por obras de restauración, tal como se ve en las fotos.
![]() ![]() Enfrente, se ve el lateral de la Iglesia de San Giusepe dei Teatini, construida entre 1612 y 1645, con cúpula adornada con columnas emparejadas y tejado revestido de mayólicas policromadas. La puerta principal está en el Cassaro y en la esquina tiene una de las fachadas del Quattro Canti. Resulta curioso. El interior me pareció magnífico, en especial los frescos. Destacan también las columnas de mármol gris sobre las que descansa la nave central. Sin estar demasiado recargado, es un gran ejemplo del barroco siciliano. El acceso es gratuito.
![]() ![]() Pero lo que más atrae la atención es la fuente circular con esculturas que ocupa casi toda la plaza y cuyo origen es tan controvertido como su nombre: la Fontana delle Vergogne (la Fuente de la Vergüenza). Aunque estaba en proceso de restauración y sin agua, pudimos contemplar perfectamente todas las figuras, que forman una escenografía espectacular junto con los edificios que le sirven de fondo y a los que aporta un toque diferente.
![]() En principio, estaba destinada a una villa florentina, pero fue vendida a la ciudad de Palermo en 1573. La instalación de tal cantidad de esculturas de personajes desnudos frente al ayuntamiento, dos iglesias y un convento causó un gran escándalo y la gente exclamaba al pasar: “¡qué vergüenza!”. Y con ese apelativo se quedó.
![]() ![]() A pocos pasos, se encuentra la Piazza Bellini, en uno de cuyos extremos aparece la portada del Monasterio de Santa Caterina, al que me he referido antes.
![]() Desde la escalinata de acceso, hay una vista estupenda de la plaza (lástima la enorme grúa que la estropeaba): a la izquierda, el Real Teatro Bellini (1742), y enfrente, la Iglesia de Santa María del Almirante (La Martorana), erigida en 1143 para culto ortodoxo y decorada con mosaicos bizantinos; a partir del siglo XVI se adaptó para el culto católico, lo que incluyó la construcción de una gran portada barroca. Más a la derecha, aparece la Iglesia de San Cataldo, del siglo XII, cuyo aspecto arquitectónico es único en Sicilia por sus tres cúpulas alineadas sobre el eje longitudinal del edificio, lo que recuerda a iglesias bizantinas de Chipre y Apulia.
![]() ![]() Cometí el error de dejar para más tarde la visita de estas iglesias porque vi algo de cola y luego ya no conseguí cuadrar el horario. Un fallo imperdonable por mi parte, ya que me interesaba mucho verlas.
![]() Por la Vía Maqueda, me dirigí hacia la Plaza de Giusepe Verdi, un recorrido imprescindible para conocer el ambiente de Palermo, pues en una calle sumamente concurrida a todas horas, quizás más de noche, repleta de terrazas, restaurantes, tiendas, cafeterías…
![]() De paso, aproveché para entrar en la Iglesia de Santa Ninfa dei Cruciferi, que empezó a construirse en 1601. La fachada actual es posterior y de estilo neoclásico, pero el interior es barroco y cuenta con frescos de un pintor de la escuela flamenca. En edificio anexo, se encuentra el monasterio de la orden de los camilianos, conocida por ocuparse de enfermos y heridos. En su sotana, llevaban bordada una cruz roja, por eso se les conocía como los cruciferi; se les considera precursores de la Cruz Roja.
![]() El edificio más destacado de la Plaza de Giusepe Verdi es el Teatro Massimo, una de las obras maestras de la arquitectura neoclásica italiana y el tercer teatro de ópera más grande de Europa tras la Ópera de París y el Opemhaus de Viena, si bien la fastuosa sala solo ocupa 450 m2 de los 7.730 m2 de su superficie total cubierta. Fue diseñado por Giovani Batista Filippo Basile y se empezó a construir en 1875. Tras su muerte, lo acabó su hijo Ernesto en 1897. Me hubiera gustado verlo por dentro. Otra de mis asignaturas pendientes en Palermo. ![]() ![]() Bien entrada la tarde, me encaminé hacia la zona del puerto. Tras cruzar Vía Roma, vi bastantes terrazas de bares y restaurantes en la calle, así como tiendecitas de arte y recuerdos para turistas.
![]() ![]() Ya en los alrededores del puerto, empezó a oscurecer y apenas había nadie por allí. No es que me sintiera insegura, pero como iba sola preferí volver sobre mis pasos a lugares más céntricos y concurridos.
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