24/01
Bundi
9:00 Diana, aunque hace rato que la luz del sol nos ha desperezado.
Desayuno en el jardín, viendo como unos monos juegan en un árbol cercano. Comemos dos huevos, mermelada, mantequilla y cafés. Mientras por la carretera que va a Jaipur, van pasando camiones del ejército y una banda musical ensaya su papel en el desfile del próximo 26; Día de la República, festejos que duran tres días.
Uno de los hermanos, los gerentes del haveli, hace sus oraciones en el pequeño templo cerrado que hay en el jardín, ajeno a nuestro “namaste”.
10:00 Salimos hacia el Garh Palace. Estancias y más estancias vacías. La entrada es muy bonita; dos elefantes tocándose las trompas hacen de arco de entrada por encima de las enormes puertas. Al entrar, debajo de un alero hay un panal de abejas grandioso. Le damos vueltas y vueltas, encontrándonos de con un mono. En algunas salas el suelo está lleno de guano de murciélago. Otras tienen unas pinturas muy bonitas de batallas, dioses y escenas de palacio.
Salimos y vamos a ver el Chitrashala, pero estaban de oración y solamente hemos podido ver su jardín, muy bonito; estaba adornado con un lingan (figura en piedra del atributo masculino).
Ya en la calle nos ofrecen palos “para espantar a los monos que andan por la colina”.
Para subir al Tara Garh hay que coger un camino tapado por la maleza que sale de una de las puertas del pequeño fortín (Royal Retreat), que hay antes de llegar arriba. La subida es por un camino de piedra muy inclinado. Cogemos una rama a modo de espanta monos (que no ha hecho falta) y para arriba. La subida cuesta pero es recompensada con las vistas a la ciudad y al pequeño lago Nawal Sagar. De ahí al fuerte Tara Garh queda poco.
De vuelta al pueblo tomamos “chai” dos, coca-colas, 50 y las vamos bebiendo reposadamente mientras nos dirigimos al mercado de las verduras, “sabzi”. Está muy animado hoy domingo. Al lado mismo del mercado hay dos pequeños baorís, echados a perder. Un poco más abajo está el baorí de la reina, el Raniji ki Baori; este si que está bien, es muy bonito, lo que dejan ver ya que está con una reja que lo cubre todo. Es diferente a los que hemos visto hasta ahora. Para llegar al agua hay que bajar las escaleras, pero sin quiebros ni descansillos, es plana como la de una plaza. A su sombra tomamos notas y acabamos el refresco.
Ya de nuevo en el mercado nos ofrecen a probar un trozo de masa pastosa de color miel, que sabia a miel, pero super concentrada.
En el mercado venden unas frutas rarísimas, verduras parecidas a las nuestras pero de otro color, textiles, una calle solo de pulseras de hilo, puestos y puestos de candados, nuevos y viejos; incluso vemos como los desmontan por completo y los vuelven a montar.
Andamos como los ox (vacas con giba), cuando tenemos hambre comemos y si estamos cansados nos sentamos a la sombra.
Es mediodía y el sol pega ya lo suyo, además del polvo que se levanta.
Negociamos un rickhaw para hacer una ruta, quedamos en 200.
Empezamos por Sukh Mahal, en el norte, donde está el lago Jait Sagar. En este templo se alojó R. Kipling mientras escribía su libro Kim. Está, como no, lleno de monos, uno nos ha hecho frente por una patata frita. La nena ha jugado un rato con unos cachorritos de perro. Mientras al otro lado un hombre se aseaba en el lago.
Al lado hay una terracita donde van los indis a pasar unas horas al sol. Muy chula.
De ahí al sur de Bundi, a los cenotafios de 84 columnas, que es una pasada, pequeñito y dejado pero bonito. Un guía se nos pega y nos explica todo, 50. Al lado unos niños juegan al cricket.
Salimos para el baorí de Dha Bhai Kund, que estaba en obras y hacemos unas fotos a unos canteros y a unas mujeres que están trabajando. Es una pasada, cuando está terminado tiene que ser impresionante, todo nuevo. Es muy grande y tiene un templo en una de las paredes.
Terminada la excursión, nos devuelve a la parada y le decimos que nos lleve hasta el Phool Sagar, un lago que tiene un templo al lado. El camino, 5 km al oeste de Bundi, por una carretera hecha polvo. El rickhaw hacía un ruido raro; se para le pega con una piedra al motor y seguimos. Al poco, se para le pega con una piedra y seguimos.
A la vuelta le hacemos unas fotos a unas mujeres que llevan unos fardos enormes en la cabeza.
Llegamos a Phool Sagar y no había agua en el lago. Otra vez para Bundi; el aire de la tarde se agradece. Llegamos y el tío pide más; al final le damos 350 y nos vamos al haveli a ducharnos. La excursión de casi tres horas ha estado muy bien. Ya en la habitación una ducha con agua fría, pero reconfortante.
18:00 Salimos a comer al Rainbow, un restaurante frecuentados por franceses donde nos encontramos al inglés de Sawai y nos dice que hizo noche en Kota y no le gustó nada. Comemos noodels, chapati, paratna y cerveza y cola, 340. A la salida compramos agua y papel de wáter, 56.
Ya en el haveli encontramos a un chico de Tarrasa, que va hacia Chittorgarh.
25/01
7:00 Diana, check out, 1700 más 20.
8:00 Cogemos el bus que va hacia Pushkar, 222. Hemos comprado unos plátanos y un una cola, 20. En el bus conocemos a una pareja de Setcasas que viene de Nepal, dos meses de trabajo con maestros locales. Muy majos, hemos pasado el tiempo comentando cosas y nos han explicado varios conceptos sobre India.
Entre otras recomendaciones, comprar los passwords en Jaisalmer. Comer los momos tibetanos.
Nos cuentan también los cinco casos en los que no se incinera a la gente:
-Cuando muere un niño, sería impensable quemar a un niño; los amortajan y con un peso los hunden en el río.
-Cuando muere una mujer embarazada, por el niño que lleva en el vientre
-Cuando el finado es por picadura de serpiente, ya que el humo de la incineración contaminaría el aire.
-Cuando muere un leproso, por lo mismo del anterior.
-Cuando muere un sadu, ya que se cerraría su círculo de reencarnaciones y no llegará al Nirvana.
9:15 Hacemos una parada y suben los comerciantes vendiendo agua y comida, compramos unas samusas; nos ha dejado la boca dormida.
Seguimos viaje por un carretera llena de baches, para más datos, vamos en la parte trasera del bus; hay veces que parece un balancín. El cuerpo empieza a desmontarse.
12:50 Llegamos a Ajmer, la mega ciudad de más de medio millón de habitantes, con multitud de cuarteles militares.
13:30 Llegamos a Pushkar, nos despedimos de los catalanes y encontramos un sitio barato y en pleno centro. El hotel, Anbika G.H. Room 12, nos cuesta 200. Es espacioso y por lo menos hay agua caliente. Y está al lado del lago Pushkar.
Salimos a buscar un sitio para comer y encontramos el Baba Roof Top, donde por 200, hemos disfrutado d lo lindo de un humus con pita, unos rollitos vegetales y unos momos (especie de samura pero hervida), cola y agua.
Seguimos conociendo la zona y nos aramos a comprar unos pantalones de hilo para mí, que son muy frescos 110 y una cajita de incienso de piedra muy bonita por otros 100. La nena compra tabaco Golden Flake por 30.
Me han hecho la “puja”, una oración donde se pide por la familia y por todo en general, bendiciendo con arroz, colores varios y terminando con la imposición del “bindi, la marca en la frente, mi primer bindi. La nena cuando le han pedido dinero a salido escopetada, antes una paloma a chocado contra ella, cayéndola en las manos. Toda la parafernalia por 100 rupees.
La puja:
Se dice "puya" y empieza por decir nombres de dioses que te hace repetir, después te pone unos pétalos rojos en la mano. Sigue la lista de nombres. Te dice que repitas con él los nombres de tus parientes, uno por uno. Coge agua del lago y hace que te mojes con ella, ojos, hombros y cabeza. En una escudilla de metal tiene arroz, polvo de varios colores, pétalos de flor y semillas que hace que rocíes con agua. Acto seguido te anima a pedir por todos te pone el Bindi y te dice que arrojes el contenido de la escudilla al lago. El pequeño ritual termina cuando te pone una pulsera de hilo rojo y amarillo.
Buscamos un ciber para llamar a casa y mirar correo. 14 llamadas a fijo y 15 a móvil, el internet 20 la ½ hora, en total 334, 2 horas de internet y dos llamadas.
Seguimos paseando y compramos cacahuetes, muesli y garbanzos fritos por 60, siempre es bueno llevar algo. Y buscamos un sitio para cenar.
Qué buena la conversación con un grupo de argentinos que había en el puesto de tortas. Dos tortas vegetales y una Fanta de naranja por 135; deliciosa.
Volvemos al hotel y en mitad de la entrada una vaca, esperando algo de comida. Aquí es normal que las vacas se metan en las casas al olor de la comida o la costumbre que tienen de recibir alguna torta o alguna monda, aquí se las cuida mucho.
Por cierto hemos visto gatos. La razón de que haya tan pocos puede ser (nos comentaron los catalanes) es que no les gusta los animales en casa.
Poco más tarde de caer el sol, la ciudad se recoge, quedando solamente algún perro enfadado o algún grupo de turistas que se niegan a dar por terminado el día. Pushkar es una ciudad muy celosa de sus creencias y así se lo hacen saber a los que la visitan, con carteles que listan normas como nos besarse en público, no mostrar signo de cariño y respetar las costumbres de los hindúes. Sin duda una ciudad para descansar del viaje.
Dejamos alguna ropa para lavar, en el mismo hotel.