Al día siguiente y como suele ocurrir debido al "jet lag" nos despertamos bastante temprano.
A las 7,30 de la mañana salimos del hotel rumbo a Harlem. Al ser domingo habíamos planeado ir a la Abbissinian Church para escuchar una misa gospel. Dicen de esta iglesia, que es una de las mejores aunque bastante masificada por el turismo. Esta situada en el 132 de Odell Clark Place (formerly 138th St.).
Tuvimos problemas para orientarnos en el metro. Aunque parezca mentira, no sabíamos que había trenes expresos, (que sólo paran en algunas estaciones) y trenes normales que hacen el recorrido completo. Nosotros cogimos el expreso y nos pasamos la parada. Aprendimos bien la lección.
A las 8,15 estábamos en la iglesia. Vimos en su página web que tenía dos horarios: uno a las 9,30 y otro a las 11,00. Nuestra idea era ir a la primera misa y después marcharnos hacia el distrito financiero... Pero, no nos dejaron entrar. Dijeron que esa misa era sólo para fieles, que doblaramos la esquina y esperaramos allí. Cuando doblamos la esquina vimos una cola tremenda. Era para entrar a la misa de las 11,00. Nos quedamos asombrados porque no creo que llegara a entrar toda esa gente en ese lugar, salvo que fuera enorme... Y todavía faltaban 3 horas.
Teníamos reservado el ferry a la estatua de la libertad a las 12,30, y no estaba claro que pudieramos entrar a la misa, así que decidimos marcharnos. Nos quedamos con las ganas de oir a ese coro cantar... Una tarea pendiente para la próxima vez.
Intentamos entrar a otras iglesias que había en la zona pero a esas horas todas las misas eran para feligreses, que iban elegantemente vestidos para el momento. Subimos por la 125 para ver el teatro Apollo, y acabamos en el parque Morningside, cerca de la catedral de San John, el Divino y la universidad de Columbia.
Nos dirigimos más tarde al distrito financiero.
En Battery Park teníamos que coger el ferry que nos llevaría a la estatua de la libertad. Compramos los billetes por adelantado. Los conseguimos a traves de la web www.statuecruises.com unos días antes de marcharnos. En esa, la web oficial, vimos que reservando con bastante antelación, también se podían conseguir boletos para subir a la corona de la estatua que acababa de ser reabierta en junio, y que llevaba sin recibir visitantes desde los atentados de las torres gemelas. Nos costarón unos 20$ las entradas con audioguia que incluían la visita al museo, al pedestal y Ellis Island.
Después de un ajetreado embarque en Battery Park, llegamos a Liberty Island.

Por si alguien no lo sabía esta zona es considerada un parque nacional de Estados Unidos... He de decir, que ir cargados con las audioguias todo el día, es un poco rollo porque acaban pesando y molestando bastante para tirar fotos, pero los tours, tanto de la escultura como de Ellis Island están guiados de maravilla y cuentan perfectamente la historia del regalo que los franceses hicieron al país norteamericano y de la llegada de inmigrantes al mismo.

Antes de entrar al museo y la estatua propiamente dicha, se hace un recorrido bordeando liberty Island. Es bonito contemplar el skyline de Manhattan desde este lugar y eso que pillamos bastante niebla ese día.

La estuatua de la libertad vista de cerca:




También nos llamó bastante la atención el interior de la figura, que está hueca.

Después de comer cogimos el ferry a la isla Ellis e hicimos el recorrido de la audioguia. Te mostraba detalladamente todos los pasos y los lugares por los que pasaban los inmigrantes desde que bajaban de los barcos hasta que eran admitidos en Estados Unidos.
La isla Ellis vista desde Liberty Island:

A media tarde desembarcamos de nuevo en Battery Park. Vimos la escultura de la esfera diseñada por Fritz Koenig que estuvo ubicada en la plaza de las Torres Gemelas durante 30 años como un símbolo de paz y que ahora rinde homenaje a las personas que murieron en los atentados del 11-S.

Desde aquí ya se divisaba el bowling green (la escultura del toro) a la que todo el mundo quiere tocar "los huevillos", con perdón, dicen que trae la suerte económica. Este toro simboliza la agresividad financiera, el optimismo y la prosperidad en la bolsa. La escultura es una de las más visitadas y fotografiadas de la ciudad, y se ha convertido en un popular destino para los visitantes distrito financiero.

Seguimos subiendo por Broadway y en el cruce con Wall Street nos desviamos para ver el edificio de la bolsa. Nos dío la impresión de ser un lugar tremendamente familiar, quizá por haber visto esta calle tantas veces en los telediarios. Es curiosa la sensación de estar allí de verdad.


Volviendo a Broadway, nos encontramos con Trinity Church. Esta iglesia a la que no pudimos entrar y en la que están enterradas bastantes personalidades neoyorquinas también es un símbolo en la ciudad... Dicen que un árbol del cementerio que la rodea cayó sobre la capilla en los atentados y protegió la iglesia de toda la caída de escobros del 11-S.
Después nos dirigimos hacía el lugar donde estaban las torres gemelas. Todo está vallado y en obras y reinaba una tremenda normalidad.

Al lado a este lugar, creo que en Cortlandt Street, están los almacenes Century 21.

Habíamos escuchado algunas críticas malas del lugar y decidimos entrar por cotillear un poco... Al final los "personajes" de sexo masculino del viaje, cansados de esperar, acabaron en el parque del ayuntamiento, y nosotras comprando como locas... A diferencia de lo que habíamos escuchado, la tienda estaba ordenada y había bastante ropa interesante, sobre todo para niños: Levi´s a 12$, camisetas y pantalones de Thimberland a 15$, de Tommy Hilfiger en la misma línea, ropa deportiva y chandalls de marca a 18$, etc...
Después de una hora allí dentro, nos fuímos porque nos daba vergüenza tener a los chicos esperando más tiempo, aunque nos prometimos buscar un huequito para seguir comprando.
Vimos el parque del ayuntamiento, con su bonita fuente y disfrutamos de las vistas del edificio Woolworth, uno de mis preferidos...

Terminamos nuestra visita al distrito financiero visitando el palacio de justicia que tanto vemos en las películas americanas y cruzamos el puente Brooklyn, que es impresionante. Precioso el puente y preciosas las vistas de Manhattan desde el mismo, sobre todo al anochecer y desde el otro lado.



Muertos por cansancio, volvimos al hotel en metro.
Cenamos en una pizzería cercana de las muchas que vimos en el camino y nos fuímos a la cama