10 Octubre - Hallo Namibia!
Muy a nuestro pesar teníamos que abandonar Sudáfrica para tomar un avión que nos llevase a Windhoek. Nos quedó la sensación de tener que volver a Ciudad del Cabo algún día y completar la visita de la ciudad viendo la Garden Route y el Cabo Buena Esperanza pero el tiempo apremiaba y eso le dejaríamos para otra ocasión.
Un avión de Air Namibia nos llevó durante casi 2h hasta Windhoek saliendo con algo de retraso para no variar y seguir con la dinámica del viaje. Menos mal que durante el trayecto sirvieron un abundante desayuno y con eso ya me ganaron.
Un avión de Air Namibia nos llevó durante casi 2h hasta Windhoek saliendo con algo de retraso para no variar y seguir con la dinámica del viaje. Menos mal que durante el trayecto sirvieron un abundante desayuno y con eso ya me ganaron.

Al llegar al aeropuerto comprobamos el cambio brutal de temperatura. De pasar de 18º en Ciudad del Cabo y un tiempo primaveral pasamos a más de 30º y ni una sola nube. Una furgoneta de Caprivi Car Hire ya nos esperaba fuera para llevarnos a la agencia de alquiler de vehículos que estaba en la ciudad.
Ya en la agencia de alquiler nos dieron un sobre grande de la agencia Sunrise tours & safaris el cual contenía todo tipo de mapas, folletos informativos necesarios para la ruta y todas las reservas de los campings. Tras la explicación pertinente del funcionamiento y utensilios del coche y los temas burocráticos nos adueñamos del vehículo y ya no lo volveríamos a ver tan limpio como estaba ese día en lo que quedaba de viaje.
Ya en la agencia de alquiler nos dieron un sobre grande de la agencia Sunrise tours & safaris el cual contenía todo tipo de mapas, folletos informativos necesarios para la ruta y todas las reservas de los campings. Tras la explicación pertinente del funcionamiento y utensilios del coche y los temas burocráticos nos adueñamos del vehículo y ya no lo volveríamos a ver tan limpio como estaba ese día en lo que quedaba de viaje.

Nuestra primera parada era Sesriem en el desierto del Namib y por el retraso del vuelo ya ibamos mal de tiempo para llegar antes de anochecer. La chica de la compañía nos recomendó pasar por Spreetshoogte Pass, un paso de montaña desde el que se ve una increíble planicie, fue el primer sitio que nos hizo sentir que estábamos en Marte y no en Namibia.


Durante el camino vimos sobretodo manadas de Springboks, (las primas hermanas de las gacelas Thompson), algunas avestruces y Oryx. La noche nos ganó la partida y la entrada al Parque Nacional del Namib - Naukluft fue a oscuras completamente. Si durante las 3 horas anteriores conduciendo habíamos visto los mismos vehículos que dedos tiene una mano, la cosa no cambiaría mucho. Nos tocaba otra horita de conducción sin ver ni torta en uno de los países más inhóspitos y el 2º más inhabitado del mundo. Sólo rezábamos para que no le pasase nada al coche.
Por fin, a lo lejos divisamos Sesriem, ya sólo quedaba encontrar nuestro camping justo a la izquierda según se entra al pueblo, al lado de la entrada a Sossusvlei: el Sossus Oasis Campsite. Este primer camping fue quizás de los mejores del viaje. Son 10 cabañas en círculo, alrededor de una pequeña piscina. Cada cabaña dispone de lavabo, ducha y friegaplatos. Además, funcionan con placas solares.
Por fin, a lo lejos divisamos Sesriem, ya sólo quedaba encontrar nuestro camping justo a la izquierda según se entra al pueblo, al lado de la entrada a Sossusvlei: el Sossus Oasis Campsite. Este primer camping fue quizás de los mejores del viaje. Son 10 cabañas en círculo, alrededor de una pequeña piscina. Cada cabaña dispone de lavabo, ducha y friegaplatos. Además, funcionan con placas solares.


Nada más llegar todo el mundo estaba casi por irse a dormir y a nosotros todavía nos quedaba preparar cena, cama y ducha a oscuras. En la ducha tuvimos esta y las siguientes noches a un buen amigo que no estábamos seguros si era un gecko, (una especie de lagarto que vive en climas desérticos) y que no se iba ni a tiros. Era su ducha! Improvisamos algo rápido debajo del porche que tenía cada cabaña para refugiarnos un poco del frío que hacía por la noche. En media horita que tardamos en cenar vimos pasar a un escorpión, unos escarabajos voladores que están por toda Namibia (y acabaron siendo nuestra cena días después) y veíamos todo el rato con la linterna unos ojitos que se movían rápidamente en la oscuridad. Fueron perdiendo la vergüenza y al acercarse nos dimos cuenta que se trataba de varios chacales que habían venido atraídos por el olor a comida. Cabe decir que por supuesto, no hay que darles en ningún caso alimento porque se exponen demasiado al ser humano y de esta forma dañamos la naturaleza.
Finalmente y hechos polvo nos fuimos a dormir con los polares y ropa de abrigo porque el frío es abismal, el descenso de temperatura se produce de golpe. Los chacales tuvieron unos cuantos altercados aquella noche entre ellos y con sus aullidos nos quedamos rápidamente roques.
Finalmente y hechos polvo nos fuimos a dormir con los polares y ropa de abrigo porque el frío es abismal, el descenso de temperatura se produce de golpe. Los chacales tuvieron unos cuantos altercados aquella noche entre ellos y con sus aullidos nos quedamos rápidamente roques.
*** Imagen borrada de Tinypic ***

11 de Octubre - Las dunas rojas de Sossusvlei
Nos levantamos bien temprano todavía con el aullido del chacal dentro de nuestras mentes para intentar atisbar el amanecer desde la duna 45. Misión imposible! Como ya más o menos sabíamos, de no ser que te alojes en el camping de Sesriem Camp Site dentro de lo que es el parque, no da tiempo a recorrer los 45 km hasta la duna y subirla. La puerta abría a las 6:45 si no recuerdo mal y amanece justo un poquito antes. Cogimos carretera y manta y fuimos con más tranquilidad por todo la carretera dirección a las dunas divisando nuevamente numerosos oryx, avestruces y springboks.


A medio camino de la duna 45 llegamos a un mirador donde se comienza a divisar la hilera de dunas rojas al fondo y el calor acrecienta por momentos. Al llegar a la duna 45 nos dimos cuenta que tampoco fue una gran pérdida el no haber llegado, ya que estaba llena de gente y todos los todo terrenos y camiones de los agencias de grupo estaban allí en ese momento. La opción que vimos más viable era continuar hacia Deadvlei y ver la 45 a la vuelta, y funcionó.


Recorrimos la última carretera de 6km en la que en la entrada reza una cartel “Sossusvlei. Only 4x4”. Estos últimos 6km se convierten en una pista arenosa donde si no llevas reductora es muy fácil que te quedes atrapado en la arena. En aquellos momentos todo eran risas ji ji ja ja la alegría de la huerta. Que un poco de arena no te dejaba avanzar?? Nada. Ponías la “Megapanzer” como yo llamaba a la tracción y listos. Botswana nos esperaba días después para hacernos sufrir de lo lindo. De momento, en Sossusvlei conducir por aquellos lares era divertido y siempre había gente por allí presente.


Una vez dejamos el coche y ya rodeados de dunas por todos lados fuimos a visitar el Deadvlei donde la sensación de soledad y el cielo más azul que haya visto nunca te dan la bienvenida. Ni una sola nube y un calor de mil demonios. Las acacias milenarias con el suelo blanco de fondo son muy fotogénicas. Pienso que es un remanso de paz y tranquilidad en el que te puedes estar un buen rato disfrutando del silencio y con la sensación de que estás en el culo del mundo. De camino surgen una especie de escarabajos por todos lados que dibujan líneas interminables en la arena.




El objetivo era haber subido al Big Daddy la duna más alta del mundo con 383 m. La chica del alquiler de vehículos ya nos advirtió que se necesita mucho tiempo y agua y que el calor te mata. Al final, la subimos hasta la mitad ya que tampoco vi a ningún colgado que se atreviese con ello. Eso sí, vale la pena porque las vistas ya desde la mitad son muy bonitas. A mi más que el cansancio o la cantidad ingente de arena que se mete en el calzado es la sensación de vértigo al andar por la cresta de la duna. Pienso que la caída puede ser espeluznante por mucha arena que sea.



Volvimos abajo para comer algo improvisado a la sombra de un árbol y a esas horas ya desapareció todo el mundo. A partir del mediodía se podía disfrutar de total tranquilidad y los únicos acompañantes eran un grupo de pájaros muy curiosos que jugueteaban alrededor de nuestra ensalada rápida. El silencio era sepulcral, aún más si cabe. Poco a poco, fuimos volviendo y volvieron a surgir avestruces, springboks y oryx asustadizos a medida que el viento comenzaba a apretar.



Ya por la tarde queríamos ver la duna 45 que nos la habíamos reservado para ese momento y intentaríamos subir a la cima a pesar del fuerte viento que a esas horas se había despertado formando tormentas de arena. Al llegar, sólo había un coche de una pareja que estaba ya casi en el top de la duna. Procedimos a subir y la verdad es que desde lo alto las vistas son increíbles, compensan el calor y la fuerte corriente de arena que te golpea. Hay que estar atentos a no caer rodando desde la cresta, la verdad. Era muy curioso en esta y otras dunas ver como caía la arena por el costado en forma de avalancha como si de una ola se tratase, algo difícil de describir. Ya sin nadie, pudimos hacer el canelo dejándonos caer un poco y haciendo el bicho bola, muy divertido.



Justo antes de la 45 habían también 2 o 3 dunas que a nuestro parecer tenían una estética igual o mejor incluso que la famosa, muy bonitas también. Quizás para nuestra opinión mucho más fotogénicas. A pesar de que ya era tarde, dejamos el coche y nos dedicamos a caminar el trecho que había hasta los pies de estas ya que no están situadas justo al lado de la carretera. A esas horas nos dimos cuenta que el caluroso día nos había dejado un regalo de bienvenida: una nariz en forma de tomate. Por mucho protector que pusimos teníamos la cara roja y más seca que una pasa.


Llegamos al camping destrozados tras un día lleno de arena y calor, con la cara en ebullición por los impactos de los granos de arena, literalmente nos dolía la cara. Con todo ello, nos quedábamos con la sensación de haber visto uno de los lugares más increíbles del planeta, un desierto pensamos que único y nada típico para nada, intacto a través del tiempo.
En el camping ya con más tiempo que el día anterior, hicimos la primera barbacoa de muchas con la grata compañía de los chacales. El día siguiente nos esperaba con un largo camino hasta Swakopmund.
En el camping ya con más tiempo que el día anterior, hicimos la primera barbacoa de muchas con la grata compañía de los chacales. El día siguiente nos esperaba con un largo camino hasta Swakopmund.
12 de Octubre – Swakopmund, un pueblo “alemán” metido en África.
Ese día nos levantamos con la idea de llegar lo más rápido posible a Swakopmund y tras desayunar, nada más subirnos al coche, sorpresa, no arranca!! Pedimos ayuda en la gasolinera de Sesriem a ver si nos lo arrancaban y un buen hombre nos trajo las pinzas para la batería. El coche no arrancaba ni a la primera, ni a la segunda ni a la tercera pero finalmente lo hizo. Este altercado a pesar de solucionarse momentáneamente no nos dio ninguna tranquilidad ya que ese día teníamos que atravesar un largo camino por el que apenas pasa nadie y presentía que fallaría nuevamente.


Tras solucionar el altercado no sin dificultad, no queríamos irnos de Sesriem sin dejar de ver el cañón de su mismo nombre. Está situado a 4km por una carretera que empieza a la izquierda de la entrada a Sossusvlei. Al llegar se entra por una especie de grieta y a partir de aquí es como una especie de laberinto hundido en la tierra. Como siempre otro sitio solitario y silencioso con algún que otro springbok despistado que te pegaba algún susto. Cuanto menos es curioso y está muy cerca.



Dejamos atrás las dunas más imponentes para dirigirnos a la segunda ciudad de Namibia tras Windhoek, pero ya íbamos con la mosca detrás de la oreja por la batería dichosa. Por el camino hicimos parada obligatoria en Solitaire que no es más que una gasolinera acompañada de una tienda y un correo postal. Lo chulo es el ambiente fantasmagórico que desprende rodeada de coches abandonados en medio de la nada y ese carácter antiguo de película. Muy guapo. Después de Solitaire se pasa por la línea imaginaria del Trópico de Capricornio. Foto de rigor y a continuar el camino. El cartelito está en medio de la nada donde caía el Sol quemándote a muerte.



Entre Solitaire y Walvis Bay queda un extenso territorio que reúne distintos tipos de desierto pero todos dentro del mismo Parque Nacional Namib – Naukluft y se pueden ver cañones como el de Guab y Kuiseb, zonas rocosas, zonas semiáridas y da la sensación de pasar del Sáhara al desierto del Mojave en un momento. Todo eso se acompaña a que no hay ningún pueblo o signo de humanidad en todo el rato, es alucinante.

Continuamos conduciendo dirección Walvis Bay por la carretera pedregosa que llevábamos desde que salimos de Sesriem. Tras tres días con el coche conduciendo por carreteras de este calibre, por mucho que abrieses la trampilla que lleva el coche el polvo lo inundaba. Hay que tapar absolutamente todo el equipaje y comida con bolsas de basura. Justo antes de Walvis Bay paramos en unas dunas de apariencia más amarilla que las de Sossusvlei, si no me equivoco se trata de la Dune 7.

Ya una vez en la Swakopmund buscamos lo que sería nuestro siguiente alojamiento durante dos días: Pension d’Avignon. Por las fuertes tormentas de arena en Swakopmund no es posible acampar y nos alojamos en este lugar regentado por una pareja alemana para variar. El sitio es una casa con jardín y piscina situada cerca del centro. Limpio, con parking privado para dejar el coche y desayuno buffet. Para que queríamos mas?
Una vez aposentados, fuimos a visitar un poco la ciudad y pudimos comprobar la fuerza de la corriente de Benguela. En el muelle corría un viento espantoso que provocaba un oleaje fortísimo. La ciudad no tiene mucho que resaltar salvo que como el título indica, está llena de edificios a la “alemana” y a su vez los alemanes tienen el control de todos los negocios, actividades y todo lo relacionado con el turismo. Ese día acabamos de realizar trámites necesarios: compra, Internet, etc… y nos fuimos a dormir no sin antes comprobar que el coche por el momento, seguía arrancando.


13 de Octubre – “Safari” marítimo y a toda mecha con los Quads.
Para ese día habíamos contratado desde España 2 actividades para hacer en el mismo día. Era el día de la “turistada” del viaje. En principio, queríamos haber realizado el descenso en paracaídas pero se nos iba de presupuesto así que decidimos escoger otras. Por la mañana, quisimos ver un poquito la fauna marítima de la costa Namibia y fuimos con un catamarán a hacer un recorrido por diferentes puntos de la bahía de Walvis. La empresa que cogimos fue Laramon Tours. La escogimos porque te llevaban en catamarán, a priori más silencioso y más accesible a todas las zonas de la bahía pero el resultado final no nos gustó tanto. Tras llevarnos en bus hasta el muelle, fue aquí donde vimos a las primeras mujeres himba que a la mínima se tapaban la cara por el frío y por la indiscreción de las miradas de los turistas.

Nada más salir del muelle varios grupos de pelícanos y gaviotas se acercaban a la embarcación y alguno de la tripulación les obsequiaba con algún pescado. Desde ese momento, nos dijeron que podíamos consumir cualquier bebida que quisiéramos en todo momento que también es de agradecer. De todas maneras el viento era fuerte y la sensación de frío aumentaba a medida que ibamos hacia el fondo con lo cual tampoco apetecía nada frío.



Luego nos llevaron a un punto donde se avistaban delfines con el desierto como telón de fondo. Pudimos ver los típicos de nariz de botella y otros inmensos que no recuerdo su nombre, pero eran negros y con una raya plateada por el costado. Iban en manadas de varios ejemplares y saltando todo el rato pero la verdad es que el que llevaba el barco estaba en constante estado de “empanadez” y llegaba tarde a todos los sitios. Fue lo que no nos gustó, parecía que no estaba por lo que estaba mientras que otros barcos pasaban por al lado aunque siempre sin molestar.



Más tarde vimos algunas colonias de focas que tomaban el Sol en la costa mientras que otras jugueteaban alrededor del catamarán aunque no tal cantidad como en Cape Cross. El catamarán tenía una plataforma para que subiesen estos animales pero en ningún momento la utilizaron. Alguna perseguía el barco a toda velocidad para atrapar los pescados que le lanzaban. Muy cerca vimos también una colonia de cormoranes inmensa que al alzar el vuelo todos a la vez creaban una estampa muy bonita.




Ya de vuelta al muelle te daban de comer unas ostras y diferentes aperitivos del mar que estaban bastante ricos. En general como experiencia estuvo bien pero hubiera elegido otra compañía de haberlo sabido. Además, nos quedamos con ganas de ver los pingüinos del Cabo que según en que época rondan por allí.
Al mediodía y ya en la pensión, tuvimos el primer percal del viaje ya que probamos el coche y volvía a no arrancar. Menos mal que no nos ocurrió en el trayecto de Sossusvlei a Swakopmund! La señora de la pensión nos ayudó con las pinzas pero no había manera. No hubo más remedio que a través de ella viniese un mecánico de un taller cercano, y arrancase con otro tipo de pinzas y poder llevar el coche al taller. En el taller comprobaron que la batería como supusimos estaba jodida y el ácido sulfúrico desparramaba por todos lados. Cambio de batería y 90 euros que debíamos cobrarle al acabar el viaje a la compañía de alquiler. Allí todo lo que sean reparaciones leves o ruedas funciona así. Tú pagas primero y ya te lo devolverán. Por suerte, todo fue muy rápido y la señora nos ayudó bastante y gracias a eso nos dio tiempo de realizar la otra actividad.
Al mediodía y ya en la pensión, tuvimos el primer percal del viaje ya que probamos el coche y volvía a no arrancar. Menos mal que no nos ocurrió en el trayecto de Sossusvlei a Swakopmund! La señora de la pensión nos ayudó con las pinzas pero no había manera. No hubo más remedio que a través de ella viniese un mecánico de un taller cercano, y arrancase con otro tipo de pinzas y poder llevar el coche al taller. En el taller comprobaron que la batería como supusimos estaba jodida y el ácido sulfúrico desparramaba por todos lados. Cambio de batería y 90 euros que debíamos cobrarle al acabar el viaje a la compañía de alquiler. Allí todo lo que sean reparaciones leves o ruedas funciona así. Tú pagas primero y ya te lo devolverán. Por suerte, todo fue muy rápido y la señora nos ayudó bastante y gracias a eso nos dio tiempo de realizar la otra actividad.
Por la tarde teníamos reservado un recorrido en quad por las dunas de 2h. La empresa que pillamos fue Outback Orange situada en el mismo centro de la ciudad, que por lo que leí en la Lonely Planet y en Internet era la que se dedicaba más al tema y tenía ya unas rutas estipuladas que respetaban la no erosión.

Esta actividad valió la pena muchísimo ya que a los guías no les importó que durase algo más de 2h y en total hicimos un recorrido de 53 km por el desierto situado al sur de Swakopmund. El precio es la mitad de lo que te cuesta aquí una salida en quad, con mejores vehículos y por un paisaje precioso. Es otra forma de conducirlos en la arena y subir y bajar por pendientes acusadas.

En total éramos unos 8 y nos dividieron en dos grupos según fuésemos más rápido o más lento. A parte, tenían también dos tipos de quad uno manual y otro automático para quien sepa conducir motos. De tanto en cuanto, parábamos para tomar fotografías y en una de esas nos encontramos con una preciosidad que según nos dijeron era venenosa pero no mortal.

A pesar de que este desierto está cercano a Swakopmund en cada punto que íbamos parando no atisbábamos a ver la ciudad. En 360º lo único que se veía era arena, parecía un paisaje lunar. En ocasiones, nos acercábamos a la línea de costa y si que divisábamos el mar.
*** Imagen borrada de Tinypic ***¨

El bañarnos a 1º con el tiburón y varios días ya con el Sol de cara me habían pasado factura y llevaba un resfriado encima que me duraría tres días más. A eso se le añadía que tenía la nariz y los pómulos con la piel cayéndose a cachos. Como anécdota a esto un día antes y con claros síntomas de resfriado, una de las encargadas de la pensión me había parado diciéndome que la señora de la limpieza me había visto enfermo. La encargada de seguida me dijo que fuese al médico porque había una nueva gripe por allí que mataba a gente, suponía que la gripe A, jeje.
Regresamos a la pensión para comer algo rápido y aprovechar la cama ya que en los próximos 19 días lo único que íbamos a catar iba a ser el colchón encima del techo del coche. Al día siguiente nos dirigiríamos hacia el norte por la Skeleton Coast.
Regresamos a la pensión para comer algo rápido y aprovechar la cama ya que en los próximos 19 días lo único que íbamos a catar iba a ser el colchón encima del techo del coche. Al día siguiente nos dirigiríamos hacia el norte por la Skeleton Coast.