Tras un primer contacto con un Japón un poco más rural nos dispusimos a afrontar la parte que menos habíamos preparado del viaje... el ascenso al Monte Fuji. Y es que pensábamos, si miles de japoneses los suben todos los días en verano que problema vamos a tener nosotros... pero eso más adelante.
Desde Nikko al Monte Fuji hay bastante dificultad para acceder, la verdad. Tardamos nuestras buenas 7 horas, pero la verdad es que lo que es el viaje merece la pena, no se puede hablar de Japón sin hablar del Monte Fuji, y si no subes hasta la 5ª estación (niveles a la cima) no te aseguras ir y verlo de verdad ya que las nubes, si las hay, quedan por debajo. Hay que coger un montón de trenes hasta alcanzar la estación de Fuji-Yoshida (el último tren no es JR, así que el Rail Pass no sirve) y después allí coger un autobús para llegar a Fujisan Gogome que es lo más alto que se puede llegar en transporte.

Dormimos en un alberge a mitad del ascenso llamado SATOMIDAIRA SEIKANSO, a unos 1700 metros de altura. Una vez llegamos ya de tarde nos bajamos de vuelta a la parada de bus que es donde están los comercios y nos comimos algo rápido y frío porque ya estaban cerrando... el horario de cerrar entre las 5 y las 6 de la tarde una vez más haciéndonos una mala pasada.
Ese día nos acostamos muy pronto... a eso de las 22h... pero nos levantamos a las 23:15h. No había nombrado aún que el ascenso lo hicimos nocturno para poder ver el amanecer lo más alto posible.
Pero dado que el relato del ascenso sucedió en el día 9 de viaje y que es como para escribir un cuento corto lo dejo para la siguiente etapa. Lo único que sucedió es que uno de los 5 arrastraba problemas de oído desde España y cuando no había pasado aún media noche se dio la vuelta... llevándose la única linterna que teníamos...
Os dejo mientras con algunas fotos de y desde la quinta estación en la que estuvimos (porque como algún compañero aprendió después hay más de una)