Hoy nos levantamos a las 5,30 y después del té con galletas subimos al Land Rover dispuestos a no regresar sin ver el Cruce. Las máquinas van con la batería recién cargada y llevamos varias tarjetas para poder inmortalizar el momento. Salimos de noche, pero el sol asoma al poco de partir.
Como siempre hacemos un pequeño safari según vamos hacia el Mara y por el camino nos encontramos con esta leona solitaria que pasa a nuestro lado con indiferencia.
Y tambien nos cruzamos con este avestruz macho. Como vereis tiene el cuello hinchado y colorado. Cuando un avestruz macho busca hembra su cuello cambia de color y cuanto más rojo se pone mayor es su necesidad. La de bromas que pudimos hacer a costa de este pobre, parece que va rebentar.
Y consigo que paren y me dejen hacer una foto de esta preciosa flor que hemos visto todos estos días junto a los caminos y que, según mi guía, es un hibisco
Nos cruzamos con el otro coche de Enkewa y nos dice que han visto dos rinocerontes en un bosquecillo, pero que se han escondido y no han podido verlos bien. Decidimos que tenemos tiempo y nos vamos a buscarlos.
Llegamos a la zona indicada y por más que recorremos el camino, hala para aquí, hala para allá, y los rinos que no aparecen
Jose me decía, “te voy a contratar”
Naturalmente fuimos detrás y aprovechamos para hacer fotos preciosas. Aquí podéis ver a la madre rinoceronte con 3 picabueyes posados encima,
Nuestra presencia no le gustó nada a la mamá, y en un momento dado, se cabreó y decidió volver grupas y venir directamente a por nosotros.
Aquí la tenéis, tomando carrera dispuesta a embestir (ved como los picabueyes han levantado el vuelo). Bea gritaba “¡que viene, que viene!
Una vez repuestos del ataque de adrenalina, volvimos de nuevo a nuestro camino hacia el Mara y en un momento dado divisamos una manada de ñus blancos todos juntitos y quietos.
Allí está sucediendo algo , vamos a ver qué es
Una gueparda con 6 cachorros crecidos que estaban dando buena cuenta de un ñu.
Había cámaras de TV y estaban los forestales y un equipo de una sociedad de protección del guepardo. Jose nos cuenta que lo normal entre los guepardos es tener entre tres y cuatro cachorros, es muy raro que tengan 6, pero es más raro todavía que sobrevivan todos. Y aquí los tenéis a los 6 cachorros juntos.
Decidimos llamar a madre tan aguerrida “madre coraje”. Hela aquí.
Los guepardos terminaron de comer y se dedicaron a juguetear con la comida, uno se apodera de una pata y se la lleva,
Otros se pelean por un trozo de pellejo
Otros se dedican al aseo.
Después de comer quedan con la cara toda manchada de sangre, que se seca y es muy molesto, aparte de atraer moscas y enfermedades, así que una limpieza concienzuda es imprescindible y, además ¡qué rica está, ñam, ñam!.
Después de deleitarnos con el espectáculo, retomamos nuestro viaje hacia el Mara. En el camino vimos dos leonas junto a su desayuno, han matado un facocero, aunque no les ha salido gratis la comida, pues una de ellas está herida.
Y por fin llegamos a nuestro destino y buscamos un lugar desde el que avistar el cruce. El día parecía propicio pues había grandes manadas de ñus en la sabana.
Incluso vimos una enorme manda de ñus blancos que anunciaban a los cuatro vientos ¡Por aquí, por aquí van cruzar!. Atendimos su llamada y allí que nos fuimos dispuestos a encontrar un hueco en primera fila, aunque fuera a empujones. Todo el meandro estaba lleno de vehículos aparcados.
Pero esta parte es tan importante por si misma que le voy a dedicar una etapa a ella sola y allí os contaré todo lo que vimos y disfrutamos.
De vuelta a casa pasamos cerca de un arroyo, en una zona que es conocida por que en ella habitan los leopardos. Y aquí le tenéis, al último de los 5 grandes que nos faltaba, dormidito él, como si fuese bueno.
De nuevo estamos solos y contemplando esta maravilla. ¡es impresionante estar en mitad de la sabana, solo, sin ningún otro vehículo y todos en silencio, ese silenio que se crea expontáneo ante tanta belleza.
Y el leopardo, que tiene uno de los oídos más finos de la sabana nos oyó a pesar de todo. No debió de gustarle mucho nuestra presencia pues se levantó de su siesta y cambió de posición.
Pero nosotros fuimos más listos y también cambiamos la nuestra y así pudimos observarle desde otro punto de vista.
Y ahora un primer plano de tan bello ejemplar, obtenido gracias al recorte de photoshop y a que las fotos fueron tomadas con mucha resolución y no ha perdido calidad.
De nuevo nos ponemos en camino hacia el camp. Las conversaciones se animan, hoy hemos visto de todo y estamos entusiasmados, ha sido un día perfecto, completo, ¿qué más se puede pedir?
Por el camino nos cruzamos con dos mujeres masais que están recogiendo leña.
Y por fin llegamos al campamento y me encuentro con la única queja que he tenido en este camp: no me han traído la ropa que dimos a lavar y no tengo bañador por lo que no puedo ir a la ducha al aire libre
Hoy, en el fuego, celebramos la maravillosa jornada con un gin tonic
Al final llueve y mucho, pero a mí me encanta oir la lluvia sobre la lona y me duermo arrullada por su sonido y con los ojos y la mente llena de las imágenes que hemos observado hoy.
























