Salimos puntuales hacia Lake Louise. La temperatura hoy es más baja que los días anteriores y cuando llegamos al parking el termómetro marca -8
Como la Moraine Lake Road está cerrada (gentileza canadiense) ya que es una carretera estacional y solo abre de mitad mayo a mitad octubre... nos toca llegar hasta el lago con el coche de San Fernando y son nada más y nada menos que unos 14 km de ida y otros tantos de vuelta. Decidimos ir por el sendero que discurre paralelo a la carretera para disfrutar más del paisaje. Hay unos momentos de incertidumbre porque no está señalizado, pero gracias a los mapas y a la intuición no equivocamos el camino.
Jorge va marcando el paso y los demás le seguimos diligentemente. Hoy no me paro tanto para hacer fotos porque el camino es largo. Y mientras vamos recorriendo km tras km soñamos con ver algún oso, pese a que los cascabeles van locos anunciando nuestra presencia bien enganchados a las mochilas.
A mitad camino de subida hacemos una parada técnica, reemprendiendo la marcha al momento. Jorge va controlando el tiempo y nos dice que vamos bien, pero no podemos dormirnos. Hay alguna subidilla pero no es complicado.
Tras casi 4 horas de caminata salimos de la espesura y nos encontramos frente a frente con el Moraine. Una pareja de ciclistas se aleja por la carretera dejándonos solos en tan fantástico lugar.
Recorremos una parte de su orilla mientras los rayos del sol nos regalan un efecto de color sobre las aguas medio congeladas del Moraine. Buscamos un lugar en el que poder comer. No nos cuesta mucho encontrarlo pues alguien se ha molestado en colocar unos troncos a modo de bancos. El aire gélido de las cumbres nevadas viene a hacernos compañía; suerte que el sol no nos abandona y juntos libran su particular batalla.
Después de la comida discutimos qué hacer con el poco tiempo del que disponemos. Nos hubiera gustado acercarnos al Eiffel Lake pero son casi 6 km hasta allí y no hay que olvidar las casi 4 horas de regreso hasta el Lake Louise que nos quedan. Así que como su nombre indica nos consolamos con el "Consolation Lake" y decidimos dirigirnos hacia allí. De camino hacia el Consolation hay unas escalerillas que se asoman al Moraine. La vista del lago es increible!!! Si lo llegamos a saber antes, comemos allí!
Hechas las fotos de rigor, seguimos nuestro camino hasta el Consolation Lake. Al momento distinguimos las huellas de una familia de osos encima del hielo que cubre el sendero. Nos entra la emoción por pensar que han caminado por el mismo sitio que estamos pisando nosotros. También vemos restos de un atracón de bayas por el suelo, pero de osos en vivo y directo... nada! CACHISSSSSSS!
La parte final del Consolation consiste en ir saltando de piedra en piedra. Todos, exceto Jorge, llegamos hasta la mitad ya que está bastante peligroso ir andando por allí encima y las vistas ya se aprecian desde donde estamos.
Desandamos lo andado y comenzamos nuestro camino de regreso al Lake Louise. En esta ocasión vamos por la carretera con la intención de adelantar más, ya que no hay que salvar tantos obstáculos como por la montaña. Nos da rabia comprobar que la carretera está en perfecto estado para circular por ella
Se van notando los kms en las piernas, pero continuamos a buen ritmo porque la luz comienza a desaparecer. Finalmente llegamos hasta el punto en el que la carretera está cortada y nos hacemos una foto para celebrar el momento. Decidimos coger un sendero que sale desde allí, para acortar un poco ya que en nada se hará de noche. Y en 15 minutos llegamos al parking. EUREKAAAAAA!
De vuelta a Banff casi no hay fuerzas ni para hablar. Solo el Cd con nuestras mejores canciones rompe el silencio. Yo me consuelo visualizando el Spa del hotel que vamos a disfrutar en un rato mientras llevo el coche al límite de la velocidad permitida... Y es que hay ganas de llegarrrrrrrrrrr!!!
Estamos tan rendidos que no tenemos ganas ni de salir a cenar. Les decimos que comeremos algo en la habitación porque tenemos más cansancio que hambre. Así que quedamos para cenar la noche siguiente juntos.
Y ahora... SPAAAAAA! Que hoy nos lo hemos ganado! La verdad es que es un lujo poder disfrutar del spa del hotel vecino. No tengo ninguna queja de nuestro hotel porque en estas épocas las tarifas no son abusivas (en verano es casi prohibitivo) pero es que la guinda es poder disfrutar del maravilloso Spa. Hay que cruzar nuestro parking y bajar por unas escalerillas que conectan con el parking del otro hotel, utilizando la llave de nuestra habitación para acceder al mismo. No son ni 40 segundos así que pese a la temperatura salgo en chancletas porque llevo una ampolla en mi dedo meñique derecho del mismo tamaño que el país que nos acoge. Ni llego a notar el frío!
Si los otros días habíamos disfrutado con el jacuzzi y la sauna, hoy creo que nuestras piernas llorarían si pudiesen porque la sesión ha sido maratoniana, aunque creo que la hemos llevado con bastante dignidad. Y es nunca habíamos andado tanto por montaña en nuestra vida!!!
Terminamos la relajación, duchita en las mismas instalaciones y a por la cerveza fresca "al cubito" que nos espera en la habitación. Plus, plis, plas... mañana más!!!