“Guayaquil la bella
Guayaquil la estrella
Eres perla que surgiste
del más grande e ignoto mar.”
Guajira a Guayaquil
Héctor Napolitano "El viejo Napo"
Incomprendida Guayaquil, todos los aplausos se los lleva Quito o Cuenca, la gente se maravilla con las Galápagos y añora con volver a Baños, y en la costa todos recuerdan Monañita pero se olvidan de la perla del pacífico, Guayaquil.
Si el viajero que va a Guayaquil pretende ver monumentos, iglesias, piedras, museos su destino no es Guayaquil.
Lo importante de Guayaquil es su gente esa gracia costeña, esa viveza criolla, la manera de vivir, el placer de recorrer su malecón con vistas al río, disfrutar comiendo una cangrejada, un arroz con menestra y tomarse unos traguitos por la peñas o el cerro. Guayaquil es un puerto y ya se sabe la riqueza de personajes que nos traen este tipo de ciudades.
Su clima tan húmedo y caluroso marca mucho, ya que está abrazada por un estero salado y el manso río Guayas.
El Manso, no es una ciudad turística, no debe ser un destino de 7 días como pudiera ser Quito pero “muchachearla” así en injusto. Tiene atractivos como para pasar 2-3 días y ser centro de operaciones para los viajes hacia Cuenca, o la ruta del spondylus que veremos en la siguiente etapa.
Las primeras impresiones de la ciudad fueron contradictorias, aún añoraba la geografía escarpada de la sierra pero quería empezar a conocer los rincones de Guayaquil.
Esa mañana la dedicamos a trámites administrativos, conocer el guayaquil empresarial y sus avenidas.
Edificios altos que no son frecuentes en la localidad ya que la mayoría vive en casas bajas desde el más humilde hasta los más pudientes que se han mudado a la vecina Sanborodnon haciendo una continuación de Gye.
A parte de calor y humedad lo que más hay en Guayqaquil es tierra, así quien mas y quine menos asìra a tener una parcela de terreno donde construir su casita.

La 9 de Octubre avenida más importante de la ciudad

Monumento a las iguanas (más tarde veremos que se pasean por toda la ciudad, lo cual habla de su calor y humedad)
Poco más hicimos durante el resto del día, atender compromisos familiares y descansar lo que pudimos.
A la noche nos fuimos al cerro Santa Ana. El cerro Santa Ana es una atalaya desde donde se domina toda la ciudad. Guayaquil es mas bien llano ( tiene algunas lomas pero no tiene ninguna montaña como Quito) y desde este cerro se puede observar gran parte de la ciudad. Era un barrio muy humilde y se han rehabilitado las casas; algunas se han reconstruido, otras se han pintado y a lo largo de su subida de 444 escalones podemos ir parando para ver la ciudad en alguna sus plazuelas, refrescarnos el gaznate y bailar con uno de sus numerosos bares y salsotecas y también darse un gustito al paladar con su restaurantes. Se ha convertido en un atractivo turistico y de ocio.(los viernes y sábados tiene mucho ambiente).





Sí sí, 444 escalones menos mal que entre escalón y escalónhabía repostaje


Recomendación:si vais a la hora del atardecer (sobre las 18h) es espectacular y así podeis verlo de día y aprovechar su noche.
Muy recomendable es el bar Diva Nicotina con actuaciones en directo de blues, rock, donde se deja ver el viejo napo y a veces hasta se anima a tocar. Es el primer bar del cerro así que no hay que subir mucho.
El vecino barrio de las peñas (barrio más antiguo de la ciudad y rehabilitado recientemente) también esta lleno de bares y de ambiente. Tanto en uno como en otro es interesante ver el colorido de sus casas y dejarse perder por sus rincones.

Regresamos a por el coche para retirarnos, al día siguiente empezaba la ruta del spondylus y la cuenta atrás.

Calles del centro de la ciudad

Iglesia San Francisco iluminada
