Nos levantamos a las 7. Bastante pronto, para ir a ducharnos, pero ya había cola. Luego preparamos todo y fuimos a desayunar. La verdad es que dormimos la mar de bien, sin frío ni animalitos varios que molestasen. Elegimos ir al bufet, que era bastante completo, bueno y variado, aunque ya estaba a tope de gente. Recogimos las maletas, devolvimos las llaves y nos pusimos en marcha hacia Mariposa Groove. Se tarda un ratillo, especialmente por las caravanas… Julio + fin de semana + Yosemite = 1000000 de personas por metro cuadrado. Pero es lo que hay… Si no hubiese sido tan agobiante creo que nos hubiese apetecido más pasear por allí, hacer alguna rutilla de las fáciles, ver el hotel Ahwahnee, etc.
Por fin llegamos, a las diez, y nuevamente un problemilla debido a la superpoblación: no se puede subir con el coche porque el parking está completo. Increíble porque vimos como dejaban entrar al último afortunado, tres coches (literalmente) delante nuestro. Los demás, a dar media vuelta y aparcar en el hotel Wawona, un poco más atrás, donde sale un shuttle que nos llevará al parque. Por suerte todavía había sitio, ya que al cabo de un rato, mientras perdíamos el tiempo esperando el bus, el parking se puso a tope.

Casi una hora más tarde ya estábamos arriba. El amigo estaba perezoso y propuso tomar un trenecito que te da una vuelta por allí, con audio guía y todo. Bueno, es muy caro pero accedo, así no tendré como banda sonora las quejas por el calor y las cuestas del parque. Pues qué risa, fue divertidísimo ya que la vagoneta parecía una atracción de feria: cuando giraba se nos escurrían las mochilas hacia el lado, teníamos que ir pescando las cosas que salían volando cuando había un frenazo o un bache, incluso los auriculares del audio guía. Una tontería pero al final teníamos un ataque de risa y todo, fue muy terapéutico.

Lo más fue al final, cuando en una de las paradas se nos fue el santo al cielo paseando entre las sequoias, haciendo fotos… y vemos el trenecito que está a punto de marcharse sin nosotros. Empezamos a correr ladera abajo, entre los árboles, gritándoles… En estas que a Jordi se le agujerea el zapato por delante, y va con los dedos por fuera, casi no puede andar, me dice en tono súper dramático “sigue tu”, como si de una escena de Titanic se tratase, yo a carcajada limpia, saltando entre raíces cual David el nomo… me acuerdo y me parto de risa. Abajo, en el camino, los pasajeros del trenecillo, mirándonos y flipando con la escena, pero súper majos porque hicieron que el conductor, que no estaba por tonterías, nos esperase.

Qué risa, por favor. Pero anécdotas a parte, el tren hace un recorrido completito, con paradas, que está muy bien. El lugar es una pasada, y por supuesto nos encantó. Si hay tiempo, (aunque nosotros ya íbamos justos) se puede volver a subir caminando a repetir el paseo por algunos puntos que os han gustado mucho y estar más tiempo.

Después de una visita al “baño de parque” que tanto repelús me hacía, volvimos a esperar al bus para ir a nuestro coche. Un ratito después, en el parking, nos disponemos a marcharnos cuando nos damos cuenta que nos habíamos dejado el techo panorámico abierto. ¡¡Maldición!! Comprobamos que está todo: Gps, dinero y documentos que habíamos dejado… maletas… todo correcto. Tuvimos suerte, así que procuraremos estar más atentos.
Ahora sí, rumbo a San Francisco. Nos tuvimos que armar de paciencia porque todavía quedaba tiempo de caravanas, semáforos que daban paso alternativo en algún puente… Se hizo muy largo el camino, aunque los paisajes son bonitos después de unas horas de coche solo teníamos ganas de llegar. Además creo que de nuevo nuestro Gps nos llevó por un camino más largo de lo normal… solo que esta vez le hicimos caso. Paramos en una salida de la autopista para comer algo, como era un poco tarde entramos en un McDonalld’s, el primero del viaje, nos hizo hasta gracia estar en uno auténtico americano. Después de nosecuántas horas pasábamos por una autopista desde la que se veía un mega puerto, así supimos que ya casi estábamos. ¡Fue emocionante cruzar nuestro primer puente!

IF YOU COME TO SAN FRANCISCO…
Llegamos al hotel bastante rápido, sin incidencias. Hicimos el check in y subimos un momentito a dejar los bultos ya que todavía nos faltaba algo para completar el día… ¡cambiar el coche! Entre el Gps, el mapa y las explicaciones que nos dieron en el hotel hubiésemos llegado enseguida, pero encontramos un atasco monumental (parecía un accidente o algo gordo) y estuvimos parados más de media hora. Íbamos sufriendo por si se nos pasaba la hora de devolver nuestro Captiva y nos penalizaban... pero llegamos a tiempo. Estábamos en el aeropuerto, y entramos al parking de devolución de coches, otra cola. Después del “ok” subimos a los mostradores a pedir el nuevo vehículo. Ya estaba reservado pero nos dieron a elegir el color: negro, blanco… Yo dije ¡rojo! Pero se lo acababa de llevar una pareja (solo hacía cinco minutos porque luego los vimos en el parking), Bueno pues… blanco. También era espectacular, precioso: ¡ya teníamos el Mustang!

Se nos había hecho de noche, así que volvimos al hotel, aparcamos, hicimos un book de fotos a nuestra maravilla de cuatro ruedas y salimos a investigar la zona en busca de un sitio para cenar. Paseando calle arriba encontramos una bonita pizzería, era hasta elegante, pero algo cara. Por la calle no había casi nadie, excepto una cola de gente que entraba a una sala para ver un monólogo. Hubiese estado bien para terminar el día, aunque en inglés igual no hubiésemos pillado las bromas. Volvimos a paso rápido, esquivando indigentes, con un frío que asustaba, y fuimos a dormir que llevábamos otro porrón de quilómetros a las espaldas.
Gastos del día (237 $)
Desayuno buffet en Yosemite 26$
Tour en Mariposa Groove 53$
Gasolina 40$
Almuerzo en Mcdonalld’s 8$
Tasas y gasolina en Dollar 77$
Cena en un italiano 33$