Lunes. Tenemos muchas ganas de visitar la ciudad, pero no tantas de madrugar… La idea era llegar pronto al Japanese Tea Garden, porque hoy antes de las diez tiene entrada gratuita, pero no nos apetece empezar corriendo así que, si llegamos antes bien, y sino ya no vendrá de 14$. Sin presiones, vamos a buscar un sitio para desayunar. En el hotel tenemos el parking incluido, pero no el desayuno… ¡no podía ser perfecto! Encontramos una especie de cafetería subiendo la calle del hotel. El camarero habla español, más fácil. Pedimos unos sándwich, zumos y un croissant. Hace solecito y estamos muy a gusto, pero hay que ponerse en marcha.

Nos montamos en nuestro Mustang, descapotamos, gafas de sol y pañuelito en el pelo. Qué risa, ¡era de peli! Llegamos a la zona del Golden Gate Park donde está el jardín y fuimos al parking directos. Hacía un día bonito, y la visita me encantó. Es un lugar precioso, muy bien cuidado, tanto que no pude parar de hacer fotos. Estuvimos bastante rato. Un perrito caliente y 9$ de parking después nos fuimos a hacer realidad el mito, cruzar el famoso puente.

¡Se pasa en un suspiro! No te da tiempo a disfrutarlo, pero bueno, luego hay que volver así que tendremos otra oportunidad. Al salir hay una especie de aparcamiento que da a un mirador, estaba hasta los topes así que coche en segunda fila, saco dos fotos y seguimos a buscar otro que está más arriba en la montaña y tiene unas vistas mucho mejores.

Al llegar arriba sentí que la gente nos miraba descaradamente, a los pocos segundos caí en que miraban al coche. Una no está acostumbrada y hasta que caes, mosquea. Pero estaba claro que nos llevaba un rompecorazones; con la canción de “Pretty Woman” de fondo y descapotado… la gente se giraba y se sonreía.

En este mirador todavía había sitio para aparcar, así que pudimos bajar tranquilamente a contemplar el paisaje. Se ve muy bien el puente, San Francisco, incluso las corrientes marinas. Luego queríamos visitar Sausalito. No encontrábamos las casas sobre pilones en el agua, y buscando, buscando llegamos hasta Tiburón, donde sí vimos bastantes. Nos encantó, aunque se veía un lugar de mucha pasta, más bien residencial, pocos restaurantes, tiendas cerradas…

Así que después de dar un rodeo con el coche volvimos hasta Sausalito donde todo estaba más encarado al turismo y además de mucha gente que llegaba en bici, en el ferry… había servicios por doquier. Buscamos un parking, y fuimos a pasear. De lejos se ve el skyline de la ciudad. Aprovechamos para comprar algunos recuerdos y fuimos a comer un delicioso fish and chips que ofrecían casi todos los restaurantes.

Se estaba de lujo, además con un clima y temperatura totalmente distinto al de San Francisco, pero la lista de cosas por hacer era larga, así que nos pusimos en marcha. De nuevo llegaba la hora: nada de hacer fotos, ni mirar a todos lados… Independence de The Blue Van como banda sonora y disfrutar del momento como único objetivo: cruzamos el Golden Gate de vuelta a San Francisco. Un momento memorable de las vacaciones.

Ya en el otro lado dimos con un caminito en el Golden Gate Park que llevaba hasta la playa, y no nos pudimos resistir. Aparcamos y bajamos hasta la arena, un lugar animado con una bonita vista del puente, gente paseando, charlando… lástima del frío y el viento que hacía, no nos atrevimos ni a mojarnos los pies.

Seguimos las visitas, ahora tocaba encontrar las Painted Ladies, otro punto muy mítico. Después de unas vueltas conseguimos aparcar para ir a verlas más de cerca. No estuvimos mucho rato ya que a más tardar, a las 18h teníamos que estar en el Pier 33 recogiendo los tickets de Alcatraz Cruises, esta misma noche nos íbamos a la Roca.

Fuimos para allá en coche, y encontramos un aparcamiento gigante tipo zona azul. Vimos unos carteles con las tarifas, en teoría ibas a la máquina, sacabas el ticket y lo ponías visible por dentro del parabrisas. Hasta ahí bien, pero entonces nos pasó algo extraño… Había un señor en la entrada que nos dijo, “¿han visto el cartel? Hasta la noche son 15$, aquí tengo vuestro ticket” Como el precio coincidía con el de los carteles no nos pareció tan raro, nos dio el ticket, que ponía el nombre del parking, la fecha… era auténtico, y le pagamos. Fuimos a aparcar y detrás, los siguientes coches hacían como nosotros. El tipo tenía una pinta algo rara, y Jordi que tenía la mosca detrás de la oreja volvió a revisar el ticket. Vimos que ponía “válido hasta las 21h”, ¿y si no regresábamos a tiempo? En teoría, según el cartel, con los 15$ nos llegaba para más horas, entonces caímos. Resulta que el tío reutilizaba los tickets de otra gente, se iban y todavía les quedaba mucho tiempo de aparcamiento, él se los pedía y luego los revendía. Se ganaba su sueldo haciendo esta trampilla.

El problema era que en la web de Alcatraz Cruises pone que la visita dura un par de horas, además siempre dependiendo de los horarios de los ferrys, así que nos daba miedo no estar de vuelta a las 21h y llevarnos una multa. Yo dudaba, no sabía qué hacer, pero Jordi lo vio muy claro, se fue directo al tipo. Yo le seguía y pensaba ¿Qué va a hacer? Pero si no sabe casi inglés… ¿cómo va a discutir con ese tío?... Pues se hizo entender, le dijo “A las 21h no es suficiente, dame otro ticket” Con todo el morro. El chaval, viendo que nos habíamos dado cuenta de que se dedicaba a esto le preguntó “¿Cuánto me has dado?” Jordi le planta “Fifty” y el tío le dice “Ok, ok”, saca un montoncito de tickets y nos cambia el nuestro por otro que duraba hasta la una de la madrugada. Todo arreglado, qué descanso.
Mientras nos marchábamos me preguntaba si el tipo había accedido a cambiarlo porque Jordi por error dijo que pagó cincuenta en lugar de quince, o si en realidad sabía lo que le dimos pero no quería problemas que le fastidiasen el negocio. Nos pareció un “timo” bien montado, que no fastidiaba demasiado a la gente, incluso pensamos, al volver se lo damos otra vez, ya que igual viene gente en coche a cenar al Pier y se puede volver a usar.

La idea debe surgir de los parquímetros de la calle, que funcionan así; tú pones monedas, pensando el tiempo que vas a estar (hasta un máximo permitido), y se le enciende una luz. Si luego te vas antes, queda la luz encendida, y el siguiente que aparque puede aprovechar el tiempo que sobraba. Es justo que otro lo aproveche ya que no te devuelven la pasta.
Llegamos a la ventanilla con el papel de compra, para cambiarlo por nuestras entradas, y nos pusimos a la cola infinita - interminable pasa subir al ferry. En distintos puntos de una cola serpenteante (tipo Port Aventura en pleno agosto) te revisan las mochilas, te miran los tickets y te hacen una foto que al volver puedes comprar por un “módico” precio (pasamos totalmente). Por fin subimos al catamarán. La gente se pedía cosas para comer, hacían fotos… el trayecto se hace corto y no se nota nada el oleaje, yo estaba un poco inquieta después de mi última experiencia, una mala travesía en catamarán, pero nada que ver, esto es de lo más tranquilo.

Nos extrañaba llevar la bandera a media asta también en el catamarán. En Sausalito nos pasó igual. Forzosamente nos dimos cuenta del detalle ya que en este país ponen banderas en todos lados. Por fin esa noche nos enteramos del motivo. Hacía días que estábamos desconectados del mundo, entre parques y desiertos no habíamos visto ni la tele, ni las noticias… Resulta que todo el país estaba en duelo por el suceso ocurrido en Denver: un pirado disfrazado entró en una sala de cine y abrió fuego a discreción contra los otros espectadores, se estrenaba la peli de Batman. Recordé al guía del Warner explicando, hacía ya casi una semana, que el viernes tendría lugar el estreno oficial de la peli en EEUU. ¡Qué locura!
Llegamos a la Roca, y un ranger guía a nuestro grupo hacia el edificio, haciendo algunas paradas donde nos explicaban cosillas... todo en inglés. Haciendo caso de recomendaciones del foro, en cuanto pudimos nos escabullimos del grupo y nos adelantamos. Nos encontramos otro grupo un poco más adelante, y repetimos la operación. Nos escaqueamos discretamente y no nos dijeron nada. Solo al llegar arriba, el chico de las audio guías nos preguntó medio de broma “¿Venís solos? ¿Qué habéis hecho con el resto del grupo…?” Le dije que ya venían, y me excusé en un inglés demasiado bueno diciendo que éramos españoles y que no entendíamos nada de lo que explicaba el guía. Me puse colorada y todo, no sé si se lo creyó, pero nos dejó pasar.

Valió la pena pasar esos ¿cinco? minutillos solos en la cárcel… Fue muy poco rato, la verdad, pero estuvimos muy tranquilos haciendo el principio de la visita. Pudimos hacer fotos más auténticas del lugar, incluso algunas metidos dentro de las celdas, haciendo un poco el tonto. Poco a poco iba llegando la gente, y pasada la media hora ya estaba todo a tope. Incluso tenías que esperar para ver dentro de alguna celda, leer algún cartel… Esta visita nos gustó mucho. Además vimos el skyline de San Francisco al atardecer, desde allí, fue estupendo. Ver como poco a poco se iluminaba la ciudad fue uno de los motivos de elegir el “evening tour”, el otro era poder ver la parte del hospital de Alcatraz, en el piso superior, que solo está abierto a última hora del día. Una excursión cien por cien recomendable.

Terminamos, cansadísimos, y fuimos en busca del ferry. Bajamos casi corriendo porque lo vimos en el muelle y temíamos que se nos escapase delante de las narices. No queríamos perder media hora, a la intemperie, hasta el siguiente ferry, pero al llegar todavía tardó un rato en salir. La verdad es que íbamos súper preparados para el frío, con mi anorak y todo, y eso nos permitió disfrutar de la travesía, ir en la parte exterior del catamarán, hacer fotos, etc. Fue genial, unas vistas estupendas, inolvidables, lástima que no podemos compartir el momento ya que sin el trípode las fotos de noche nos han salido fatal.
Ya en tierra revisamos la foto del tour -que no compramos- y fuimos a por el coche. El tipo del parking ya no estaba, no pudo reutilizar más nuestro ticket. Paramos en un Burger, camino al hotel, y nos llevamos la cena a la habitación porque yo no me sentía demasiado bien. Tenía algo de mareo, nauseas, y el estómago algo pesado, creí que por los fritos que tomamos a mediodía. Más adelante supe que también me sentó mal el sol tomado desde nuestro descapotable, involuntariamente, y encima sin darnos cuenta porque estaba nublado. Fuese el sol o el fish and chips, algo hizo estragos en mi, así que solo cené una manzana que nos había acompañado desde Yosemite, y me quedé frita.
Gastos del día (260 $)
Desayuno en cafetería de Lombard 17$
Entradas Jardín Japonés 15$
Recuerdo del Jardín 10$
Hot Dog 5$
Parking Golden Gate Park 9$
Almuerzo en Sausalito 30$
Parking en Sausalito 10$
Tienda de recuerdos 42$
Peajes Golden Gate 11$
Parking Pier 33 15$
Alcatraz, Evening Tour 84$
Cena en Burguer King 12$
UN DÍA MÁS EN LA CIUDAD
Desperté mucho mejor. Volvimos a desayunar al mismo sitio que el día anterior, que nos había gustado y estaba cerca. Hoy tocaba ver el tramo serpenteante de Lombard, que en teoría está muy muy cerca del hotel. Cuando hicimos el check out ya nos explicaron cómo llegar, nos marcaron un mapa y todo. Bueno, pues como dos tontos dimos dos vueltas a nuestra manzana, por no poner el Gps. A la tercera le digo a Jordi que pare para enchufar el trasto. En mi pequeña indignación, ya parados al lado de la acera, palmeo discretamente la carpeta que llevo en el regazo mientras le comento como podemos ser tan zoquetes, algo tan fácil y no salimos por la calle correcta ni a la de tres… Al momento un par de señoras que presenciaron la escena (gajes del descapotable) se nos acercaron y nos preguntaron prudentes si necesitábamos ayuda. Me puse roja y todo. Les digo que no encontramos Lombard, la señora me explica, le doy las gracias, se van…. Jajaja, nos partimos de risa, uno no tiene privacidad con este coche. Pero fueron muy majas, ¡qué cara de preocupación pusieron al vernos!

Evidentemente luego pusimos el Gps. Y llegamos. Pero hubo otro contratiempo, pillamos la grabación de un anuncio o algo parecido y tenían justo este tramo de calle cortada para los vehículos. Un policía desviaba el tráfico, pero también había un carril de coches esperando. Aproveché y me bajé del coche, fui a chafardear y hacer un par de fotos.
Había una moto, como las de competición, que bajaba y subía la calle repleta de espectadores, dándole al gas mucho más de lo necesario, rodeado de cámaras que le grababan. Parecía como el anuncio de un evento o competición de motos, pero no me llegué a enterar bien. En cosa de diez minutos terminaron, y volvieron a abrir la calle al tráfico. Corrí para llegar al coche y pudimos bajar por el zigzag de esta calle.

Después de la experiencia pusimos rumbo a la Coit Tower, para tener una panorámica de la ciudad desde las alturas. Subimos hasta arriba y esperamos que algún coche saliese para poder aparcar. Solo es una rotonda con parking en batería, por suerte mucha gente sube, mira un ratillo las vistas, hacen cuatro fotos y se van. Yo quería subir, así que era necesario aparcar bien. Es un poco caro, porque es un sitio pequeño, hay bastante cola, y no da para estar mucho rato (aunque no hay límite de tiempo para bajar), pero bueno, las vistas están bien. A mi me gustó subir, pero a Jordi le entró un poco de mal rollo, de vértigo, decía que se le movía la torre y se mareaba… se puso en el centro y no lo convencí para acercarse a ninguna ventana. Aun así estuvimos más rato que nadie de nuestro grupo de ascensor.

Bajamos, compramos unos snaks y nos fuimos. En ese momento había tortas por el aparcamiento. Ahora íbamos a Powell con Market, para ver el cambio de agujas del tranvía. Encontramos un parking pegadito a Union Square, bajamos caminando y en un momentito llegamos, ¡pensaba que estaba más lejos! Entonces vimos cómo le daban la vuelta al tranvía, le hicimos tantas fotos que si las pasas todas juntas parece una libreta animada, jajaja

Habíamos pensado subir, aunque solo para dar una vueltecita ya que con el coche tampoco era necesario. Pero había una cola increíble, y entonces decidimos subirnos a un tranvía que tenían allí parado, vacío, supongo esperando a que lo bajasen a dar la vuelta. No sé si se podía pero fuimos, nos hicimos la foto y listo, ya no haríamos la cola. Claro que sería más guay dar una vueltita pero… no nos apetecía perder el tiempo esperando, no sabíamos cuánto rato pero imaginamos que mucho.

Volvimos a Union, y dimos unas vueltas por allí, viendo escaparates de las tiendas de moda, los edificios y las gentes curiosas que hay por allí. Como todavía era pronto para comer fuimos a dar una vuelta en coche por los barrios de Misión y Castro. Curiosos… Luego fuimos a buscar Japntown. Esperábamos encontrar algún símbolo de identidad como en los barrios anteriores, los tipos de casa, el colorido…. Pero nada que ver, aquí solo vimos, dando algunas vueltas, un par de edificios característicos; lo llaman Japantown como podrían llamarlo San Eustaquio, jiji

Después de rodar por toda la ciudad nos fuimos al Pier 39, a ver los leones marinos. Nos dejamos chinatown, pero valoramos que ¡el muelle no podía quedar pendiente! Encontramos un hueco en la calle, pusimos moneditas en el parquímetro y a pasear por el Pier. De camino me acordaba de algunos viajeros que cuando llegaron no encontraron apenas leones… me estaba temiendo lo peor, pero tuvimos suerte.

Estuvimos mucho rato allí, viéndoles nadar, vocear, saltar por las plataformas… Muy entretenido. Luego dimos una vuelta por dentro, donde estaban los restaurantes, heladerías, y hasta un carrusel. Encontramos un italiano que nos pareció interesante, y nos quedamos a comer allí. Pero como todo lo bueno se termina, teníamos que marcharnos hacia el aeropuerto a devolver el coche, facturar y todas esas cosas típicas, llegaba el fin de esta etapa en San Francisco pero empezaba una nueva también muy esperada.
DE NUEVO EN LAS VEGAS…
Llegamos al aeropuerto de las vegas. Llegan también las maletas. Ya somos expertos en el tema de alquiler de coches, así que nos ponemos en la tremenda cola del shuttle con un calor infernal y nos dirigimos hacia Dollar. Esta vez dentro no hay casi cola, rechazamos seguros varios, comprobamos el GPS y elegimos el coche. Nos decidimos por el mismo que habíamos usado en el camino hacia San Francisco porque nos fue bien, tenía entrada USB, lector de MP3… y no era tan evidente que estaban dentro las maletas como en el Jeep. Entre pitos y flautas ya son casi las nueve de la noche. Previa parada en el Burger King para llevar, empezamos un trayecto de locura hasta Kanab que se hizo interminable.

Según Google Maps y como pudimos verificar, se tarda más de tres horas en hacer el trayecto. Salimos a las nueve y deberíamos llegar allí a medianoche, pero claro, como en Utah hay que adelantar el reloj una hora pues… calcula. De noche fue un trayecto muy monótono, no se ve el paisaje, no había coches, y muy pocas luces una vez salimos de la autopista. Jordi estaba súper cansado, le propuse cambiarnos y conducir yo un rato, pero es tan cabezón que no accedió. Le dije de parar un rato a descansar, o dormir en el primer motel del camino, pero tampoco… De modo que no tuve más remedio que estar todo el trayecto cantando, bailando, preguntándole cosas para distraerle y que no se durmiese, pero él, impasible con su cara de palo se limitaba a mirar hacia adelante y responderme con frases breves. Fue agotador.

Por fin llegamos al pueblo, y tras dar unas últimas vueltas encontramos el motel. Por supuesto a esa hora no había nadie esperándonos y ya habíamos pactado por teléfono que estaría cerrado pero debía buscar la llave frente a recepción. Yo le preguntaba, ¿pero dónde? Ella intentó explicarme, pero al ver que yo no lo pillaba me dijo, “no te preocupes, ya lo verás, seguro”. Total, al llegar iba yo dispuesta a meter la mano bajo el felpudo o en el macetero más cercano, como en las pelis, jajaja. Pero qué va, mucho más fácil: envolvieron la llave en un folio de papel con mi nombre, y lo pegaron en la puerta de recepción con celo. La habitación muy cuca, todo en orden, entramos las cosas y nos pusimos a descansar por fin, ¡de tan cansados nos costó dormirnos!
Gastos del día (93 $)
Desayuno en cafetería de Lombard 22$
Entradas Coit Tower 14$
Snacks 2$
Agua y aparcamiento 6$
Almuerzo en un italiano del Pier 39 37$
Cena Burguer King 12$
