El despertador suena muy temprano, ya que hemos quedado antes que de costumbre (7.00h). El día de hoy va a ser intenso, nos toca hacer muchos kilómetros hasta Agra y además hay que visitar Fatehpur Sikri que está de camino.
Con el cuerpo ya bastante cansado empezamos a arreglarnos y nos vamos a desayunar. Cuando salimos de la habitación todavía es de noche, pero el calor ya aprieta. Nos dirigimos al mismo salón dónde almorzamos el día anterior y en cuanto llegamos, el camarero que nos ha estado atendiendo hasta ahora nos trae el desayuno. El pobre no deja de sonreir en ningún momento, aunque es evidente que tiene un sueño que se cae… En cuanto terminamos nos ponemos en marcha, no sin antes repartir unas cuantas propinillas, jeje!! La verdad es que se las merecen, se han portado muy bien con nosotros.
Cuando salimos, Gajendra y Prakash ya nos esperan. Hoy Prakash vuelve a Jaipur y ya no lo veremos más hasta el último día.
Como siempre que hemos viajado de un sitio a otro, la carretera es todo un espectáculo.
Una vez que llegamos a las cercanías de Jaipur vemos que un tuc tuc está esperando a Prakash para llevarlo de vuelta a casa. La verdad es que nos da mucha pena que se vaya, es increíble lo rápido que se le puede coger cariño a una persona.
Nos despedimos y continuamos con nuestro viaje hacia Fatehpur Sikri. Este trayecto fue de los peores, ya que mi marido se mareó bastante y tuvimos que hacer un par de paradas para ver si se le pasaba. Menos mal que Gajendra fue muy paciente con nosotros en todo momento.
Por fin llegamos a Fatehpur Sikri. ¡El camino se ha hecho eterno!
Llegamos a una zona de aparcamiento y Gajendra nos explica que tenemos que negociar un tuc tuc, ya que la subida en coche hasta Fatehpur Sikri está prohibida. Nos indica cuánto podemos ofrecer como mucho y tras unas duras negociaciones
Vamos a sacar los tickets y entramos para realizar la visita por nuestra cuenta.
Fatehpur Sikri nos gusta mucho, pero lo mejor de esta visita es el rato que pasamos con una familia hindú que se nos acerca para hablar con nosotros y echarse algunas fotos. La verdad es que los indios son simpatiquísimos y muy extrovertidos. Yo lo había leído, pero hasta que no llegas allí no te das cuenta hasta que punto.
Tras pasar bastante tiempo con ellos decidimos darnos prisa para terminar la visita, ya que tenemos que continuar nuestro camino hasta Agra y ver el Taj Mahal.
Salimos y allí nos sigue esperando nuestro conductor de tuc tuc que nos lleva de regreso al lugar dónde está Gajendra.
Tardamos poco en llegar a Agra y lo primero que hacemos es dirigirnos directamente al Fuerte Rojo, ya habrá tiempo de dejar las maletas en el hotel, pues con las paradas que hemos tenido que hacer por el camino llevamos un poco de retraso.
Como siempre, Gajendra nos deja justo en la puerta, en un parking, y el se queda cuidando nuestro equipaje. Cruzamos la calle y vamos directos a sacar los tickets. Esta visita también la hacemos por nuestra cuenta.
Después de un rato haciéndonos fotos en cada esquina y de ver el Taj Mahal a lo lejos, decidimos irnos porque ya no podemos esperar más. Estamos impacientes por estar allí.
Pero antes tenemos que comer. Le hemos pedido a Gajendra que nos lleve a un McDonals para tardar menos.
Cuando terminamos salimos con una caja de nuggets para repartirlos entre unos niños que hay en la calle y vemos que en nuestro coche ya está el guía amigo de Gajendra que nos va a acompañar al interior del Taj Mahal (esto no estaba incluido en el precio, fue por cuenta nuestra).
Ya cuando estamos llegando se va notando que el ambiente cambia. Vemos mucha gente por los alrededores, muchos coches, vamos, que se nota que nos estamos acercando a una maravilla del mundo.
Compramos nuestro ticket, que es bastante caro para los precios en India (al cambio, unos 15€ por persona) y nos dan un mapa, una botella de agua y unos plásticos para cubrir los pies.
Subimos a un coche gratuito que nos lleva a la entrada al recinto, ya que está un poco separada y encima está empezando a llover. Por suerte, cuando entramos al interior ya ha parado.
Nos encontramos con dos colas, una para hombres y otra para mujeres. Cuando me puse a la cola pude ver que el precio para los hindúes es muchísimo menos (Extranjeros: 750Rp Indios: 30Rp) jaja!! En eso deberíamos aprender de ellos…
Entramos por La Puerta Este y una vez que nos encontramos con el monumento de frente nos parecía que era mentira, que estábamos soñando. Era increíble pensar que después de tanto tiempo esperando ese momento, por fin había llegado.
Si el Taj Mahal es precioso en fotos, en directo es alucinante. Perdimos la cuenta de cuántas fotos pudimos hacer allí, cuántas mas hacía mas quería.
Nuestro guía no fue excelente ni mucho menos, pero la verdad es que nos vino súper bien cómo fotógrafo que era para lo que lo habíamos contratado en realidad, ya que el pobre estaba estudiando español y lo que quería era soltarse con el idioma y de paso ganarse un dinerillo, que por cierto fue el que nosotros creímos conveniente pagarle.
Aún hoy no tengo palabras para describir esa tarde en el Taj Mahal. Esa experiencia hay que vivirla al menos una vez en la vida. El colorido de los saris de las indias, las caras de emoción de todos los que estábamos allí, la historia tan preciosa de la construcción del monumento y las vistas tan bonitas del río Yamuna hicieron que el mal rato que habíamos pasado de camino quedara olvidado.
Aguantamos allí hasta que cerraron. Yo no me quería ir, pero bueno, todavía nos quedaba el día siguiente para volver a verlo…
El camino hacia dónde esta Gajendra lo hacemos andando esta vez, pues preferimos ir viendo algunos puestecillos que hay por el camino, aunque al final no compramos nada allí.
¡Por fin llegamos al hotel! Y cuando lo vemos la sorpresa no puede ser mas agradable…que hotelazo!! Es el Radisson Blu. No sabemos si todas las habitaciones serán así, pero nosotros tenemos una en clase bussiness desde la que se ve el Taj Mahal. Al pensar que sólo vamos a pasar aquí una noche (además de lo cansados que estamos) decidimos llamar a Gajendra para que no venga a llevarnos a cenar, ya nos buscaremos nosotros la vida, pero de aquí no nos movemos, jeje…
Aprovechamos un ratito que tenemos para ir a darnos un baño a la piscina que vemos desde nuestra habitación, ya que nos han dicho que la cierran tarde. Allí conocemos a unos chicos de Barcelona que viajan con Catai. La verdad es que comparando nuestro viaje con el suyo, precios, servicios…cada vez nos alegramos más de haber hecho el viaje con Prakash.
Y ya si que no podemos mas. Nos vamos a la habitación, nos damos una ducha y cenamos de las provisiones que llevamos en la maleta. Nos conectamos un poquito para dar señales de vida a la familia, malarone, repelente que es nuestro ritual nocturno y a dormir.
Mañana veremos el Taj Mahal al amanecer…
