El 16 de julio vivimos quizá el día más completo del viaje. La agenda era realmente intensa, así que el día empezó muy prontito, a las 7.00 am. Nos levantamos, nos dimos una ducha rápida, nos vestimos y bajamos a tomar un desayuno frugal antes de afrontar la primera atracción de aquella 11ª etapa: la visita a Antelope Canyon.
Cuando nos pusimos en contacto con la empresa que gestiona Antelope, la única hora que nos iba bien eran las 8.00 am. Como os digo, teníamos una agenda muy apretada y la otra posibilidad que nos ofrecían (las 13.30) nos hacía polvo de cara al resto del día. Así que, aún a sabiendas de que no era la mejor hora para realizar la visita (por la incidencia del sol), decidimos reservar turno a las 8.00 y conocer el cañón. Mejor eso que nada.
La excursión a Antelope Canyon dura, aproximadamente, una hora y media incluido el traslado de ida y vuelta. Salimos desde la sede de Antelope Canyon Tours, donde hay un parking para dejar tu coche. Allí, te dividen en grandes 4x4 y te llevan al Canyon. El trayecto por carretera es corto pero lo que resulta un poco incómodo es el que se hace por los caminos arenosos y llenos de baches que rodean Antelope. Hay que agarrarse fuerte y usar gafas de sol y un pañuelo para protegerte del polvo que se levanta.
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Una vez llegas, se realiza la visita, que dura unos 40 minutos. Nosotros, la verdad, es que terminamos un poco entre disgustados y decepcionados. Y explico por qué. Primero, todo es como muy apresurado. Los navajos que regentan el Canyon organizan muchos turnos de visita para cada día y esto les hace ir a toda velocidad. Te van metiendo prisa para subirte a los 4x4, para bajar de los 4x4, para entrar al Canyon, para ir de un punto de interés a otro, para hacer las fotos, para salir, para volver a montar en el coche y para dejarte… es como una especie de maratón y terminas un poco estresado.
Además, dependiendo del guía que te toque, te enseña el Canyon mejor o peor, incluso hay cosas que algunos guías hacen y otros no… En nuestro caso, lo de tirar arena por arriba para ver cómo caía, no lo hicieron, y cuando estábamos ya saliendo, vimos que el grupo de atrás sí lo hacía. Fui a tirar una foto y, de malas maneras, me dijeron “Go, Go, Go!!”, con un tono grosero e incluso burlón…
Eso unido a que te van llevando de punto a punto de interés en plan turista japo: “Aquí, rápido, vamos, mira, tira esta foto (mientras él enfoca con su móvil y te dice cómo tirarla). Venga, vamos, vamos, vamos, al siguiente punto”… y así todo el rato.
Te entra tal obsesión con sacar la foto y no perderte lo que él diga, que no te da tiempo ni a disfrutar del Canyon. No sé, puede que nosotros tuviéramos mala suerte con el día, pero salimos de allí disgustados.
El sitio, lógicamente, es bonito, y diría que la visita es recomendada, claro. Pero creo que lo disfrutarán más los amantes de la fotografía por las luces y los juegos con el sol y los reflejos. Además, vale 30 euros por persona por 40’… No sé, probablemente a muchos os sorprenderá leer esto, pero es lo que nosotros vivimos y queríamos aportar nuestra versión también…
Estas son algunas de las fotos que hicimos, mientras nos metían prisa. La última fue ‘un robado’ al grupo siguiente…
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De vuelta al hotel, recogimos todo, hicimos el check out y emprendimos viaje hacia Monument Valley, previa parada en Kayenta, donde teníamos reservado el hotel para esa noche, el Kayenta Monument Valley Inn.
El trayecto hasta Kayenta desde Page es de 160 kilómetros, algo más de hora y media. Cuando llegamos, intentamos hacer el check in en el hotel, pese a que aún no era la hora. Cuando nos dijeron que no era posible, intentamos que nos dejaran un luggage room para no cargar con las maletas en el coche durante la visita a Monument Valley, pero tampoco hubo suerte, pues según ellos, no tenían ningún sitio habilitado…
Así que, tras el intento fallido, cubrimos los 40 kilómetros que separan Kayenta de Monument Valley y acometimos la visita a otro de los sitios que más nos ilusión nos hacían de todo el viaje.
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Vistas desde la carretera de Monument Valley
Por cierto, al entrar en Utah, volvimos a perder una hora en el reloj, como ya nos pasó en Bryce. Aún así, íbamos bien de tiempo, pues serían las 13.30 cuando accedimos con nuestro coche a Monument Valley. Para entrar al Parque hay que pagar 10 dólares por vehículo, pues está regentado por los Navajos y no es válido el Annual Pass.
La verdad es que iniciamos la ruta en el coche con un poco de miedo. Habíamos leído que el camino de tierra por el que se hace el recorrido estaba realmente mal y nos daba cierto temor cargarnos el coche y quedarnos tirados en plena visita.
Lo que hicimos fue ir muuuuuuy despacito, tomando todas las precauciones posibles y lo cierto es que nos fue bien. Es verdad que el camino está en muy mal estado, con baches duros enormes, grandes charcos, etc, y que si no vas con cuidado, te puedes cargar los bajos. Pero creo que si vas despacito, puedes hacerlo sin necesidad de coger una excursión guiada.
Y en cuanto a Monument Valley en sí, tengo que decir que a nosotros… NOS ENCANTÓ. Después del pequeño chasco de Antelope Canyon, Monument Valley respondió por completo a nuestras expectativas.
Como digo, fuimos despacito, paramos en todos los sitios que más nos llamaron la atención y disfrutamos mucho de los increíbles paisajes que ofrece el Parque. Es un sitio verdaderamente impresionante. En una de las paradas, aprovechamos para comer nuestro tradicional sandwich de jamón york, queso, tomate natural y huevo duro
Tardamos entre 2 horas y media y 3 en hacer los 27 kilómetros de recorrido de la visita. Hay que recordar que en el mapa que te dan a la entrada, están marcados los puntos de interés a lo largo de la ruta en coche.
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Al finalizar, subimos hasta la tienda de recuerdos, donde compramos algunas cosas de regalo y otras para casa, disfrutando de las impresionantes vistas que hay desde allí. Hicimos algunas fotos más y, muy satisfechos, emprendimos camino hacia Mexican Hat donde nos esperaba una de las citas que más ilusión me hacía de todas... la cita con Forrest Gump.
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En la milla 13 de la US 163 Scenic (a unos 20 kilómetros de MV) está el "Punto Forrest Gump", el lugar en el que Forrest se cansó de correr y decidió volverse a casa. El sitio no puede ser más espectacular, con la vista recta de la carretera y Monument Valley al fondo.
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El cartel, queda en el margen izquierdo (si vienes de Monument Valley), un poco metido en la arena. Además, no es muy grande, así que hay que ir despacio para verlo. En el arcén se puede parar, pero tienes que tener mucho cuidado porque los coches vienen a toda leche.
Nosotros estuvimos un ratito allí. Nos encantó. Un lugar muy simbólico de lo que es el viaje por la Costa Oeste, un sitio muy chulo.
De allí, seguimos avanzando hacia Goosenecks State Park. Antes de llegar, se pasa por la formación rocosa que da nombre al lugar, Mexican Hat. Es esta:
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Y muy cerquita de allí, queda Goosenecks State Park. La entrada es gratuita. La verdad es que nos gustó más Horseshoe Bend porque, básicamente, se ve mejor. Aquí resulta imposible ver a la vez los cuatro tramos de río que provocan los dos espectaculares meandros del San Juan River. Además, luce un poquito menos porque el agua está marrón, pero aún así, es un sitio muy chulo al que creo que merece la pena acercarse...
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Serían las 17.45 más o menos cuando emprendimos el regreso a Kayenta (85 kilómetros desde Goosenecks). Aunque, al pasar por delante otra vez del "Punto Forrest", no pudimos evitar pararnos y sacar más fotos, aprovechando que había un poco menos de tráfico...
En Kayenta nos sorprendió que, a pesar de ser Arizona, se mantiene el horario de Utah. Tiene que ver al parecer con el rollo de la Navajo Nation... No lo entendimos muy bien, pero el caso es que no recuperamos una hora como pensábamos. Así que, aunque creíamos que iríamos sobrados de hora, no era tal.
Hicimos el check in, subimos las cosas y, mientras nos duchábamos, miramos opciones para cenar. La verdad es que en Kayenta no hay mucha variedad... y eran dos los sitios más recomendados: nuestro hotel y el Hampton Inn. Finalmente, por dar una vuelta, decidimos ir al Hampton (muy cerquita) y fue un acierto total: primero porque atendían hasta las 22.00 y segundo porque la cena estaba muy buena y el servicio fue estupendo. Ana se animó con unas fajitas típicas y yo cené un sandwich de pollo tipo Club. Nos costó 42 dólares con bebidas y propina incluida.
Cuando volvimos a la habitación, fuimos conscientes por primera vez, de que el viaje estaba entrando en su fase final. Pero no nos desanimamos, pues al día siguiente nos esperaba otro lugar con el que llevábamos años soñando: El Gran Canón del Colorado
**Distancia recorrida: 238 millas**