A muy poca distancia de Lires está Fisterra, así que recomiendo este sitio para hacer noche en la ruta.
No paramos en el pueblo y fuimos directamente al cabo. Como no había casi gente soltamos a la perra para que estuviera a su bola.
Me parece que Finisterre es obligatorio conocerlo por lo que representa pero volvemos a los mismo…me decepcionó un poco, me esperaba unos acantilados impresionantes (tipo Cabo Peñas) y no sé…no nos convenció del todo. Quizá verlo al atardecer hubiera sido mejor.

De aquí pusimos rumbo a Ezaro y de nuevo el GPS nos metió por sabe dios donde, pero esta vez acertó porque pasamos por una zona de rio con molinos en Toba que es preciosa y por donde se puede soltar a la perra.

Además tiene al lado una iglesia y un hórreo que completan el conjunto.

Y ya llegamos a la cascada de Ezaro. Es preciosa. Ya habíamos visto fotos pero estar allí es increíble. Hay toda una pasarela que te lleva hasta casi la base de la misma y por donde, como no había gente, soltamos a la perra.
A penas a unos kilómetros subiendo se llega al mirador con unas vistas impresionantes, con Finisterre a un lado, la playa, el mar…genial.


Pusimos rumbo a Muros y de camino paramos en Carnota para ver el famoso hórreo de esta localidad, de los más grandes de Galicia.

Y por fin llegamos a Muros, el primer pueblo de costa que por fin nos gustó. Como ya era la hora de comer, nos sentamos en una terraza en la plaza del ayuntamiento al solecito. La verdad es que estuvo genial.
Después de comer nos dimos una vuelta por el pueblo y la verdad es que merece mucho la pena; es un pueblo típico de granito, con calles estrechas y plazas muy bonitas.

Poco a poco el tiempo estaba cambiando y se empezaba a nublar, pero seguimos hasta el parque de las dunas de Corrubedo. Hay una zona de parking donde dejamos el coche y de allí sale una pasarela de madera de la que está prohibido salirse ya que se trata de una zona protegida. Personalmente me gusto mucho el paseo y es una pena no poder subir a la duna, pero claro, si todo el mundo lo hiciera…

Ya de vuelta al coche comenzó a llover y aun nos faltaba por visitar el castro de Baroña. Realmente teníamos que volver sobre nuestros pasos por la carretera para llegar allí y luego seguir hacia Santiago.
Está bien señalizado en la carretera la zona del castro, pero el camino desde la zona de aparcamiento hasta el propio castro es totalmente agreste (la perra lo agradeció). Fue una pena que aquí nos lloviera.

Llegamos a Santiago ya anocheciendo y aparcamos en la misma calle del apartamento (zona azul). La idea era dejarlo aparcado en la calle hasta el día siguiente y después por la mañana lo metimos en un parking para no estar pendiente de meter monedas.
Salimos a comprar unas cosas y nuestra idea era dar un paseo, pero de nuevo se puso a llover, así que volvimos a casa a cenar tranquilamente.