8 de julio
Esto se va acabando. Desayunamos en el motel, mismo menú de ayer, con más o menos la misma gente, y las mismas vistas al cementerio de Kanab. Tras el desayuno y como tenemos tiempo de sobras, nos vamos a hacer la última colada del viaje a una de las lavanderías de la ciudad antes de hacer el checkout del motel. Ya tenemos ropa para lo poco que nos queda. Nos despedimos y subimos al coche para ponernos en dirección Las Vegas. En principio habíamos pensado en la posibilidad de visitar Coral Pink Sand Dunes, que nos viene más o menos de paso, pero al final lo descartamos, no recuerdo exactamente el motivo. Otra visita posible en ruta a Las Vegas es Valley of Fire, pero con el calor que está haciendo estos días, el nombre sólo nos espanta, pues puede ser del estilo de Death Valley. Así pues, no tenemos nada que hacer más que conducir los aproximadamente 350 kms que nos separan de la ciudad del juego. Seguimos la carretera 389, que se convierte en la 59 a pocos kms de llegar a la interestatal I-15 en la ciudad de St. George, justo en la frontera entre Utah y Arizona, donde volvemos a ganar una hora al reloj. El trozo de autopista es un auténtico aburrimiento, incrementado por el hecho de que cae una ligera lluvia a pesar de encontrarnos en pleno desierto. A los pocos kms, volvemos a cambiar de estado, pasamos a Nevada, no hay cambio horario. A los lados de la autopista, desde que hemos entrado en Nevada, se van viendo casinos desperdigados. Nos acercamos a Las Vegas y definitivamente descartamos Valley of Fire. A medida que llegamos, se ven varias plantas energéticas, que supongo aprovechan la energía generada por la presa Hoover, varios kms al sur.
Entramos en el caótico tráfico de las grandes ciudades por el norte y tenemos que atravesar casi todo el Strip para llegar a nuestro hotel, el Hooters, muy cercano al aeropuerto MacCarran. No está en el Strip, sino en una calle perpendicular, más o menos frente al MGM. Una vez registrados y habiendo dejado los trastos en la habitación, como estamos muy cerquita del Mandalay Bay, aprovechamos para ir a sacar la foto al famoso cartel de WELCOME TO FABULOUS LAS VEGAS, situado en la isleta que delimita los sentidos del tráfico un poco más al sur del Mandalay.
Tras la foto de rigor, nos vamos al Luxor, también muy cercano, y nos metemos en el bufet libre a comer como unos desesperados. Hay que decir que los parkings de los hoteles en Las Vegas son inmensos. Constan de dos partes, el Valet Parking, en que propina mediante, te aparcan y te traen el coche, y el Self Parking en que tú mismo aparcas donde quieres. Estos parkings siempre están comunicados con la planta de recepción y casino con ascensores. Se puede aparcar gratuitamente en cualquier hotel de Las Vegas sin pagar nada, aunque no se esté alojado en él. La finalidad de esto, como todo en LV, es que la gente visite el máximo de casinos sin preocuparse por temas de aparcamiento. Sobre todo recordad en qué piso aparcáis, y la numeración del sitio (colores, coordenadas...)
Con la barriga llena, nos acercamos a las taquillas de venta de entradas del espectáculo de Criss Angel para informarnos y decidir si vamos hoy o mañana. Al final compramos entradas para la función de mañana a las 7 de la tarde (105$ por cabeza). Damos un largo paseo por las instalaciones del Luxor, y llegamos hasta el final del Mandalay Bay (están comunicados interiormente), con la intención de visitar el acuario con tiburones. El precio de las entradas nos echa para atrás, después del pastón que nos hemos gastado con las de Criss Angel. Regresamos al hotel cansados de andar por dentro de los dos hoteles, y nos pasamos el resto de la tarde en la piscina.
Como estamos bastante agotados, decidimos cenar en el restaurante del propio hotel, en el que las camareras exhiben gran parte de sus cuerpos con modelitos ajustados y minúsculos.
Tras la cena, logro convencer a Ester de dejar a Ada un ratito sola en la habitación viendo la tele, mientras nosotros vamos un rato al casino, a probar suerte en las tragaperras y la ruleta. Resultado, unos 30$ perdidos en poco menos de una hora. Hay que decir que había estado guardando monedas de 25 centavos para las tragaperras, pero se han modernizado tanto que no hay ninguna que funcione con monedas, sólo con billetes o unos vales que salen de las propias máquinas cuando toca, y que se pueden reinvertir en volver a jugar o pasar por caja a cobrarlos. Tristes y exhaustos, nos vamos a dormir. Al llegar a la habitación Ada se ha dormido con las luces encendidas y la tele en marcha.