Hoy miércoles 15 de julio dejo Kyoto, pero la compañía de Frög, quien ya ha avisado a su escuela que se pilla un día antes las vacaciones, y me acompaña en el periplo final.
Así que hoy, juntos, cogemos el tren directo a Takayama, localidad en la que nos dejará en unas 3'5horas.
El viaje no se hace pesado, pues entre sudokus, charlas y aperitivos que hemos llevado, junto a la belleza del paisaje, nos hemos encontrado en Takayama sin darnos cuenta.
El hostel de Takayama, J'R Troppers (2600Y) tiene muy buena pinta. Nos toca un dormitorio de seis camas, con aire acondicionado en el techo (al que no dejaremos descansar). Como el check in no es posible hasta las 15h, hemos dejado las mochilas y nos hemos pillado el bus en dirección a Hida no sato.
El precio de la entrada a este museo-pueblo tradicional japonés es de 930Y, incluyendo el viaje en autobús de ida y de vuelta en la línea regular de autobuses urbanos. Te vienes a ahorrar unos 150Y.
No tiene el tamaño de el Folk Village de Suwon, desde luego, pero dentro de su limitado espacio está todo bien explicado y es fácil de recorrer.
Nada más entrar nos hemos encontrado con una pareja euskaldún que nos ha sacado una foto con estas pintas.

El recorrido se puede hacer, tranquilo en unos 60-90 minutos, dependiendo las paradas que quieras hacer. Es posible acceder al interior de las casas, así como hacerte fotografías sin limitaciones.

Es una alternativa más económica y rápida que ir al pueblo de Shirakawago. A mí me ha parecido un acierto.
Ya de vuelta nos movemos al hostel, pues hace un montón de calor, otra vez,... donde nos quedamos dormidos un buen rato.
Una vez descansados decidimos patear un poco la zona del "casco antiguo", por sitios que Frög recordaba haber visitado con sus padres hace unos años. Así, nos metimos por el barrio de las casas tradicionales. Éstas estaban ya cerradas, debido a la hora que era. No obstante nos "perdimos" por entre las callejuelas, a cuál más chula.
En un puesto callejero nos comimos una especie de Sushi de ternera de Hida.
Creo que me gustará más la cocinada.
En el mapa que te dan en la oficina de turismo hay un recorrido amplio por la parte norte de la ciudad que hicimos de manera parcial. Te lleva desde el barrio tradicional hacia la zona más montañosa, donde encuentras un montón de templos pequeñitos (y vacíos). El camino sigue hacia una zona ajardinada y más boscosa, el parque de Shiroyama. Es un poco cuesta arriba y Frög lo notó... la verdad, no sé cómo nos va a ir en la ascensión al Fuji...

El recorrido lo recortamos volviendo hacia la estación y terminando en un pequeño estanque de agua tibia donde puedes remojarte los cansados pies... una gozada.
Ya empezaba a ser hora de buscar algún sitio para probar la famosa carne de Hida (similar a la de Kobe). Estuvimos mirando varios sitios, pues nos es difícil encontrar restaurante que lo ofrezcan; por desgracia, los recomendados en el foro cierran casualmente los miércoles. Al final, guiados por las opiniones de Tripadvisor, nos fuimos a uno que está al otro lado de las vías del tren (y del pueblo, por lo tanto). Está detrás de una bolera grandota.
No tiene mucha pérdida, porque al llegar te encuentras una casa iluminada como en las películas americanas en Navidad.
Allí tenían una oferta (creo que están planteándose quitarla después de nuestro paso) según la cual por 5000Y (+8%deIVA) podías comer lo que quisieras en 90 minutos.
Aquello fue la hostia, sin más. Cuando volvimos al hostel tomamos omeoprazol (la pena no haberlo llevado antes).
Vaciamos la despensa del local, creo yo. En la rueda primera te dan a probar diferentes partes de ternera de Hida, todas ellas hechas en una barbacoa de carbón vegetal, al estilo coreano.
La carne es muy rica, sabrosa y tiernísima. Pero, evidentemente, hay algunas partes mucho más jugosas que otras. Así que cuando terminamos, Frög pidió otras dos raciones, pero sólo de la chuleta-entrecot (para qué andar con tonterías). Después calló otra chuleta más.
Todo ello aderezado con otras comidas: ensaladas, bikimbab (más rico que en Corea), carne marinada-cruda,... y ya no me acuerdo de más...
Con la tripa a reventar como en el cuento de Caperucita (pero no llena de piedras exactamente) nos fuimos a dar una vuelta para bajar la comida. La verdad es que hubiéramos necesitado ir andando hasta Kanazawa para lograr el objetivo, pero nos conformamos con un paseíto de media horita, antes de caer rendidos en la cama.